CNI 1 vs Inti Gas 2: la baja entre nosotros

2009 Noviembre 9
de Diario de IQT

En una de las habituales jornadas domingueras en Iquitos, la atención de la afición futbolera se concentraba no solamente en los resultados del CNI en Ayacucho, sino, sobre todo, en la suerte que tuviera el Deportivo UNAP, equipo local que está luchando un cupo para disputar la gran final de la Copa Perú y su eventual ascenso a la profesional.

El CNI parece estar ineluctablemente condenado a perder la categoría, salvo un milagro o una vuelta completa de tuerca. En cinco fechas es probable que los esfuerzos no basten, pero hay que recordar que ahora, más que un asunto de técnica o de fútbol, lo único que le queda al cuadro local es esfuerzo y mucha fe.

Perder 2 a 1 duele, sobre todo cuando se iba ganando el partido. Pero duele aún más cuando los goles del Inti Gas llegaron en los últimos cinco minutos del 2º tiempo. Ni el gol de Solanito Guevara a los 16 minutos pudo manejar el resultado. 2 desconcnetraciones defensivas permitieron que Renzo Benavides , a los 86, y Jean Tragodara, en los descuentos, determinaran el marcado final. Uno que diluye ampliamente las posibilidades de permanencer en primera división este año.

CNI se ha quedado con 41 puntos en el acumulado de la baja, mientras su más encarnizado rival en estos menesteres, Alianza Atlético de Sullana, ganó esta tarde por goleada y ha logrado 42 unidades.  CNI tiene partidos muy difíciles tanto de local como de visitante en las próximas cinco fechas y, aunque la esperanza es lo último que se pierde, es muy complicado seguir manteniendo el optimismo en estas condiciones

Sala Regional de Literatura de Loreto

2009 Noviembre 8
de Diario de IQT

Imágenes de la Sala Regional de Literatura de Loreto, inaugurada el 20 de octubre en la Casa de la Literatura Peruana (antigua Estación de Desamparados, Lima), la cual se mantendrá abierta hasta el este jueve 12 de noviembre. Si están por la capital y les interesa conocer un poquito más sobre literatura loretana, dense una vuelta por allí (Fotografías cedidas gentilmente por Ana Molina).

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Experimento Dos

2009 Noviembre 7
de Diario de IQT

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Todo marchaba tan bien, lo tenía todo listo para continuar, es más había comenzado la tarea, el primer espécimen (Justin) se había portado tan bien, incluso cuando su reacción resultó ser la que no deseaba, en fin, así es esta ciencia y a cada paso, se sufre pero se aprende.

Ló que sucedió fue que después de su tan esperado debut, el inocente Justin, con justas razones, creyó que soy el tipo de chica cándida que entrega su cuerpo y alma a la persona que ama para vivir felices para siempre, por mi parte opino que lo malo de tratar de comprender los fenómenos humanos es que no les puedes decir as las personas que sólo los necesitabas para una circunstancia puntual y una vez que obtengo entender la parte que me interesa ya se acabó la aventura. No es que me crea Tyla Tequila ni mucho menos.

El punto es que este gran espécimen, la fregó todita, yo lo había estructurado todo tan perfecto, tan preciso, fechas, lugares, horas, puntos que evaluar y todo. Estaba a la espera de poder consumar el siguiente paso del proceso con Maribel, me aprendí la “danza de los siete velos” para sorprender a Maribel, cuidé mi figura para estar mejor, ya que no es lo mismo atraer a un hombre que a una mujer, con ella las cosas debían resultar bien, todo sería en la noche de mi cumple, lo celebré el sábado pasado en mi pequeño depa, invité a mis amigos, era más que obvio que Justin iría, él nunca se pierde mis celebraciones, las cosas sucedieron así:

La fiesta estaba en lo mejor, los chicos bailando, Maribel estaba muy contenta y hermosa además, en eso llega Justin, él tan lindo, se acerca me saluda y se une a la fiesta, entonces todo estaba como debía estar, yo sólo quería que la fiesta termine para quedarme con Maribel, Justin había comenzado a conversar con otros amigos cerca a las bebidas, unas cuantas copas más tarde empezó a hablarles a mis amigos de mí, de lo maravillosa que soy, uno de ellos se acercó a decirme al oido lo que el muy tonto estaba contándoles de mí, en ese momento quise que me tragara la tierra, aunque él estaba borracho, mis compañeros de la universidad creen conocerme muy bien, ninguno de elos ha logrado ligar conmigo así que posiblemente no le creyeron nada de lo que dijo, de cualquier modo, para mí resultó ser un error técnico, debí evitar que viniera a mi fiesta, el punto es que me malogró el plan, lo saqué lo más educadamente posible de la fiesta, le pedí a un amigo que lo llevara a su casa, no sin antes asegurarme de que no iba a seguir hablando estupideces, sobre todo cuando en general yo tengo una reputación intachable, si esto llegaba a oidos de mis padres o de alguien más, no quiero ni pensar en lo que hubiera sucedido.

He detenido el proceso para evitar arriesgarme y no debo exponerme mucho ahora que las cosas se han puesto feas, es cuando debo portarme como una señorita de verdad, como mi mamá dice que debo ser, como la gente cree que soy.

Me molesta que las cosas no salgan como lo planeo, pero ni modo. Por ahora sólo debo estar tranquila y ver como hago para mantener la boca de Justin cerrada, tal vez esto vaya por el peor camino y las circunstancias me obliguen a estar con él en una relación estable, si eso sucede seguro encontraré la forma de acabar con eso, soy buena para romper relaciones sentimentales.

Y mi ”danza de los siete velos” me la guardaré para algún buen momento.

La abuela y la ciudad

2009 Noviembre 6
de Diario de IQT

el irivenir

El otro día salí a caminar por las calles de la ciudad, solo. Hace tiempo que no lo hacía, en principio porque el tiempo ya no es tan planificado como antes. Además, porque, aunque uno no lo quiera aceptar, con los años la aptitud y la disposición para caminar se resiente. Hasta hace unas temporadas, podía caminar tres horas seguidas sin problemas, como una cuestión de deporte, de salud y placer, y podía fácilmente ir desde la Plaza 28 de Julio hasta el Aeropuerto sin ningún arrepentimiento, y podía subir a veces, los días menos congestionados, al puente sobre el colegio CNI, el polo empapado de sudor, escuchando música desde el Ipod. Ahora, no hago ni 30 minutos. Por eso, evidentemente, el sobrepeso de 6 kilos y la panza de reportero investigativo que ahora enarbolo J

Pero esta tarde que se hacía noche, absorto, el viento anunciaba lluvia, creo que era un motivo más que suficiente para caminar. Suave, sin exageraciones, uno llega a lugares que no pensaba e incluso va redescubriendo espacios que no se imaginaba. Volví un rato por sitios donde vivía o vive tantos amigos, tantos que ya no están. Me acordé cuando era un mozalbete flaquísimo que leía con pasión todo lo que cayese en sus manos, mientras ahí estaban, diferentes pero iguales, todas aquellas calles y todos aquellos parques y esos árboles vivarachos que se mueven al compás del viento y la cumbia.  Y ahí estaba el chifa antiguo, con otro nombre, pero con el indiscutible e insuperable sabor de antaño. Y por allí el olor de los parinaris y de tierra mojada y más allá el colegio de toda la vida. Y por ahí las avenidas, deterioradas quizás, pero envanecidas del mismo espíritu y de la misma voz de los ochenta.

Al retornar, decidí parar y recorrer visualmente los espacios inmemoriales del Malecón, antaño paisajísticos y ensoñadores. Una anciana, encogida y jorobada, con la carita como esculpida a machetazos, innumerables arrugas poblando su rostro, lentamente empezó a rodearme con la mirada. Su edad era indeterminada, pero era posible intuir que tenía muchos más de los que aparentaba. Tenía un vestido entero, floreado, de material simple. Usaba sandalias de suela de caucho y en sus cortos piececitos se vislumbraba algo de barro fresco. En varios momentos pareciera como si masticara algo. A lo lejos, unos nubarrones intensos se acercaban a la ciudad. Los árboles se mecían furiosamente, intuyendo que en épocas de cambio climático es difícil hacer pronósticos y mucho menos intentar desafiar a la naturaleza.

Fui yo quien le sonrió, medio en broma, medio en serio. Ella aún retaba mis ojos con los suyos. Estos eran más bien acuosos, más bien adormilados, pero ampliamente transparentes. El Malecón Tarapacá suele ser un extraño lugar para conocer gente.  La anciana no tenía visos de ser pobre, tampoco de estar abandonada a su suerte. Asumo, más bien, que el llamado de la tempestad, a contracorriente de la mayoría, la encontraba de pie al frente del suceso. Buscaba, más que alguien, algo. Me regala una sonrisa y exactamente son esos momentos cuando tú dejas que la duda y el resquemor se desvanezcan instantáneamente.

La anciana reía exactamente como se reía mi abuela María.

De pronto, una ráfaga de viento empezó a silbar. Era un ruido sobrecogedor, solitario, que acecha, que augura.  Invité a la anciana a guarecernos inmediatamente en un lugar menos expuesto. Ella aún reía, chasqueando sus dedos, silbando distraídamente un vals antiguo. El viento nos cogía los rostros, intentaba apoderarse de las farolas del malecón, quiere dominar las hojas, las plantas, los ventanales.  Las gotas se cernían con anárquico desdén. El pueblo se había guarecido. Esperaba la réplica de jornadas menos  edificantes.

Nos paramos exactamente debajo del techo del edificio más antiguo de Iquitos, mirando las sombras rugosas y ásperas que se iban ciñendo sobre Belén, la “gran callampa negra” (según Francisco Izquierdo Ríos). Le pregunté por qué andaba sola en un momento como ése. Me indica que lo hacía para que algunos curiosos tengan algo que preguntar. Su estruendosa risa era signo consciente de que me había agarrado desprevenido. Yo también me reí, consciente que la estaba pasando bien con alguien con quien nunca antes había conversado (el buen humor es siempre una terapia que vale la pena mantener).

¡Cómo ha cambiado Iquitos, antes de veritas era loma, me señala, mientras mira largamente la zona baja, en la cual se han acumulado montículos malolientes de desperdicios y residuos sólidos.  Me empieza a contar una historia. Había  una vez una loma, llamada Pijuayo Loma. Era verde y perfecta, desde su pendiente uno podía ver el rastro completo de una ciudad que recién empezaba a crecer, pero orgullosa portaba el estandarte de europea, arquitectónicamente hermosa, occidental y suntuosa en el más amplio sentido del término. Pijuayo Loma era un accidente geográfico descomunal, que poco a poco fue viendo el paso del tiempo y el crecimiento de las poblaciones, el reposo de los tiempos, los suaves arrullos de la calma. Poco a poco ese espacio dejó que el ruido, el caos y la pobreza le ganara la partida. Ahora, ella pasa por ahí y sentía que era increíble constatar que el tiempo ha ido destruyendo la memoria. Si ni siquiera se puede caminar ya por la loma, ahora hay que tenerle miedo a lo nuevo.

En mis manos ando con un ejemplar de La búsqueda del alba, de Germán Lequerica. Le digo que le puedo leer un párrafo. Ella escucha, mirándome fijamente. Cuando termino, ella me indica que ese señor era alguien muy inteligente que quería mucho a la Amazonía. Le pregunto si lo conoció. Ella me dice que no “pero una vez conocí al coronel Emiliano Vizcarra. Mi papá decía que era un hombre muy honesto que quería el cambio y la justicia para todos. Esos hombres ya no hay”, y empieza a silbar una tonada que puedo reconocer como el emblemático vals Bajo el sol de Loreto.

La lluvia que amenazaba a ser torrencial, súbitamente se calma y ahora una fina garúa cae en el panorama, ya nocturno. Le digo por qué a pesar del cambio, todavía hay cosas tan bonitas que se pueden encontrar a vista y paciencia. Ella, me dice que debe ser porque todos deberíamos ser buenos con nuestra ciudad y la ciudad sería buena con nosotros. Iquitos es hermosa, aunque no lo reconozcamos.

-          El día más lindo de mi vida de mi vida fue, cuando aún chiquita, mi papa nos sacó un rato de Pijuayo Loma y nos llevó a la Plaza de Armas a ver la Casa de Fierro y las pinturas que había hecho un señor muy famoso en el techo de la Iglesia Matriz. Al salir de la iglesia, empezó a llover una tempestad, pero me acuerdo cómo nos divertíamos con mis papás, jugando en la calle, jugando…

Nos despedimos pronto y le digo que debo aprender mucho más del pasado, para poder entender y apreciar el presente. Ella me dice que volverá, siempre vuelve por acá. Mientras tanto, empiezo a recordar. He estado muchas veces, solo y acompañado, en la ciudad, recorriéndola, y siento que existe una energía que la recubre y en el fondo la protege y que contagia todo lo que la rodea. Mientras caen las patitas de araña, y la calma se asienta desde la ventana, mientras el viento mueve tranquilamente las hojas de los árboles, uno no deja de pensar que Iquitos no solo es una urbe, sino también, al final, tu casa y tus recuerdos, y que cada espacio puede ser de todos, pero también es tuyo. Que mirar atrás no es malo si te permite vislumbrar mejor el mañana.

La anciana está afuera de esta sala y me espera, mientras termino este artículo, acompañada de una niña que podría ser su nieta. Me ha prometido que vamos a mirar Iquitos con cariño y alegría. Sospecho que la voy a pasar muy bien. No es para menos, tratándose de la noche, de un testimonio oral histórico de primera mano y, claro está, de esta extraordinaria ciudad.

La Historia de la Morena Cantante

2009 Noviembre 5
de Diario de IQT

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La mujer observó que no podía tomar las fotos acostumbradas y empezó a buscar en su bolso de rojo y negro de “mariquita” con borlas de lana sobresalientes y con el cierre donde corresponden los pequeños dientes del animal en forma de mochila. Rebuscó y constató que no estaba. Entonces la cantante morena preguntó autosuficiente y con voz desgastada por haber cantado la noche anterior: “Búscala mujer, que no tengo todo el día” – le dijo para cortar la réplica que intentaba darle su asesora de imagen publicitaria que ya empezaba a desesperarse, no tanto por la máquina digital perdida y que quería utilizar para sacarle una foto a su jefa, sino por los gritos que empezaría a espetarle dentro de unos minutos. Puso la bolsa en el piso sucio del aeropuerto e intentó hacer una llamada con su celular antes que parta el avión que las llevaría de regreso a la capital. La morena se sentó altiva sin mirar a nadie, mientras una que otra mujer intentaba reconocerla pero dudando que se trataba de la artista que más le había cantado al desamor en las mujeres. Era como su diosa eventual para ese mayoritario porcentaje de despechadas que viven insultando al mal amor de los hombres por falsos, frívolos y hambrientos de purita carne que tanto había cantado en sus letras de criollada.

La muchacha marcó el número del hotel esperando que ahí encuentre una respuesta positiva. Le respondieron como se responde ante la inseguridad de no saber con precisión. “No sabemos”. Empezó a llover a manotazos, era las dos de la tarde, sin embargo en la mañana había estado caliente que, como si se tratase de un reloj y balanza, el cielo anunciaba que ponía las cosas en orden, ese orden también hacía retrasar los vuelos y en este caso no fue la excepción ni siquiera para la diosa de la criollada. La asistenta ahora sí empezó a temblar. Ella sabía que normalmente la morena no hablaba mucho porque había creído que hablar menos perduraba mejor su garganta, incluso alguna vez le comentó que no cantaría ni siquiera en el cumpleaños de su madre siempre y cuando no le pagasen. Eso lo podía confirmar porque en muy escasos programas de la televisión adonde le gustaba acudir la condición que imponía era no cantar a capela, no tanto porque algunas de sus colegas le habían dicho que no se merecía el rango que le habían insuflado, sino porque temía que los minutos en vivo podría restarle algo de dinero o voz.

Por eso cuando empezó a gritarle de su supuesta irresponsabilidad en la pérdida, ella empezó a verle en los ojos tan verdes como falsos, que estaba gritando de verdad. La asistenta no le quedó más remedio que acudir a la comisaría a poner la denuncia, ella también quiso ir para apurar con su prestancia internacional las gestiones de la Policía. Volvieron al aeropuerto esperando que los vuelos se normalizaran y en el trayecto y sin hablarse ambas mujeres pensaban en cómo podrían librarse del riesgo que sería ver las imágenes de la cámara fotográfica en Internet. Eran imágenes discretas, que no revelaban sino cuerpos regordetes paisajes de monte, comida tropical, gente cantando a coro y una que otra coquetería disforzada sumado a gestos obscenos. Pensó que llegaría las fotos a sus contrincantes de callejón o podrían ser vendidas al mejor postor de la basura televisión y su carrera supuestamente pulcra y diseñada en base a la identidad de todo un país, podría verse disminuida o de-repente destruida. En ese mismo norte y como coincidencia natural se encontraba pensando su asistenta que no pensó mejor idea que anticiparse a los acontecimientos y generar el escándalo del robo en banda.

Como muy buenas aprendices de la criollada – traducción- palomillada en serie y de callejón, creo la mejor artimaña asociando la fragilidad de algunos productores de una cadena nacional que no vieron mejor provecho que salir anunciado un desvalijamiento pomposo. Mientras tanto, el río serpenteaba en colores, en la ciudad los hoteles mostraban su mejor cara obediente a los buenos tiempos del turismo en la ciudad tropical y la gente seguía pensando que esta señora afro descendiente era uno de los mayores referentes de la cultura peruana. Y la gente de otros lugares así lo creyó también, por eso se armaron cadenas por Internet, lazos digitales anunciaban una vez más que los peligros habían cambiado el rostro angelical y verde que en un momento pintó la Amazonía. Las fulanas se rieron a carcajadas en los interiores de su habitación donde además duermen casi juntas pensando que habían puesto las cosas en su sitio. Llenaron de bebidas la habitación, chocolates y comida al paso para celebrar la victoria sobre los comunes, y, como en esas historias de antología policial que se convierten en la mejor cortina de humo que esconde escandalotes o levanta la imagen de alguien, en esta historia también resultó herido alguien. En realidad muchos, miles, cientos de miles, todo porque las damas así lo imaginaron en su afán de esconder esas fotos donde aparecen regordetes y flácidas.

Entonces no era tan morena, tampoco tan identificada con sus raíces, menos dama y menos buena artista, así lo demuestran sus antecedentes. No me molestaría ver algunas de esas fotos sueltas por ahí como una especie de venganza del Dios en el que no debe creer esta dama de la canción, menos mirar de frente cada domingo después de la misa.