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NE: Esta es una nota crítica y de análisis sobre el filme iquiteño El último piso desde el punto de vista de sus personajes y la historia que cuenta. Fue publicada en Katenere, suplemento cultural de los lunes del diario loretano Pro & Contra, escrito por el prestigioso y respetado narrador y periodista loretano Percy Vílchez

Es siempre reconfortante, aquí y ahora, encontrar en el único cine de esta ciudad el anuncio de una película hecha entre nosotros. Conocemos lo arduo y lo difícil que es hacer cine en estos avernos. Sabemos de las limitaciones, de los estorbos, de las complicaciones. De allí que siempre será un mérito llevar adelante un proyecto de filmación. En estos días, se viene presentando El último piso, dirigido por Dorian Fernández y que contó con el guión de Francisco Bardales. Los actores son de por acá. Son de por aquí. Son Duller Vásquez, Gladys Vásquez, Joel Huamán y tantos extras. La historia detrás o dentro del edificio inconcluso puede ilustrarnos sobre la otra ciudad,  la cara de la luna, la otra verdad que muchos no quieren ni ver ni aceptar.

En el ámbito central de la ciudad, donde destacan edificios antiguos y modernos, donde atiendan tiendas y comercios, donde funcionan casinos y otros centros de diversión, donde la gente pasa o se detiene, donde no escasea el ruido infernal acostumbrado, hay un lugar que es como una fea cicatriz en el rostro de cualquiera. Es un escombro visible, imponente. Es un hotel que nunca fue, una construcción trunca y abandonada, donde late la desdichada huella de la corrupción sin castigo. Como desafiando a las nubes viajeras, como interrumpiendo el sosegado vuelo de las aves, se levanta sobre los otros techos. En sus descoloridos muros, en sus pisos deteriorados, se notan las inevitables huellas del azote de las inclemencias, del raudo paso del tiempo. De lejos o de cerca, parece a punto de derrumbarse.

En el último piso de esa ruina urbana, en las condiciones más precarias, en el laberinto de una soledad de espanto, vive un hombre de edad avanzada. En su rostro, en sus gestos, en su indumentaria, hay las huellas del deterioro que calza perfectamente con el edificio anquilosado. Es entonces como una parte de esa ruina, como una emanación fantasmal de ese inmueble vetusto. Ese ser ha afincado allí, como el último refugio posible, la única residencia en el borde del desastre final. Es un ser que sobrevive en las peores condiciones. Es, pues, un habitante de otra vida, de esa existencia que las ciudades del último mundo crean con frecuencia: los parias.  Estos parias son legión y día a día aumentan como arrojados por una fuerza ciega que contradice todos los optimismos sobre la aniquilación de la pobreza, sobre las gangas y las ventajas del progreso renombrado. Nuestras ciudades son como usinas que creen esos desperdicios humanos. Estos parias, generalmente, están en todas las periferias. En esta ocasión, en la historia principal del corto El último piso, ese destino de desdicha, ha abandonado la zona habitual para afincar en el mismo centro de la ciudad. Y ello es como una invasión no anunciada, una presencia no registrada por los hurgadores de los motivos de nuestra miseria que se incrementa.   Ese hombre acabado, sin familia, sin destino, no sale nunca de su lugar. Está acorralado. Está aislado en ese último piso, lejos de todo, lejos de la vida que pasa. Y distrae sus horas pintando o tratando de pintar el rostro de una muchacha que perdió hace tiempo. Es decir, se aferra a la fuerza del recuerdo, a algo que ya no es. No vive en el presente como una evasión que le permite seguir viviendo en esas condiciones de marginalidad, de pobreza. El pasado está perdido fatalmente. El futuro no asoma por ninguna parte. Está entonces en una frontera peligrosa, más allá del cual sólo le espera la destrucción.  Desde el fondo de esa soledad sin consuelos, desde ese estricto  desamparo, desde esa otra orilla, el personaje logra establecer un vínculo con uno de los guardianes del edificio. No para que le conecte con las novedades de la ciudad de allá abajo, ni para que le haga los mandados en ese su aislamiento radical, sino como un simple recurso de acceder a algo del sustento diario. Entre ambos no hay saludos, no hay palabras, como si la comunicación fuera un estorbo o algo inútil. En un acuerdo tácito logran relacionarse como aniquilando el persistente muro que se impone entre ambos.   Desde ese fatídico último piso, desde ese suburbio aéreo, se puede ver la ciudad y su hervor diurno o nocturno, se puede ver el río de siempre que no vuelve, se puede ver el monte que se inicia, y desde luego, se pude ver el cielo sin estorbos. Desde allí no se puede ver, entre la gente que va y que viene, que se ajetrea o se demora, a la mujer que ha perdido la razón y que deambula por las calles centrales. Ella tiene el rostro que el solitario personaje pinta. Una historia oculta entre ambos asoma entonces. Ese ser también es una paria, una abandonada que se tortura con sus sueños frustrados, con lo que pudo ser y no fue. En su deambular no tiene rumbo. Entonces, el ser perdido en el piso final y el ser perdido en el suelo o en el mundo de abajo, se igualan en el lamentable destino del paria, en el aislamiento, en la incomunicación, en la dura soledad de todos los días.  Ambos no se encuentran nunca y acaban viviendo cada uno su propio drama.

En el centro de una ciudad celebrante y divertida se desata, pues, un drama de soledad y de oprobio, de abandono y de dolor. La periferia ha contaminado el centro. No hay salvación para esa pareja desolada, ni castigo para los que se han beneficiado con la venta de ese edificio, algunos de los cuales han conspirado para acabar con el personaje que alguna vez estuvo en la construcción de esa obra trunca. En medio de la algarabía de los demás, en medio de la parranda ajena, el paria del edificio vetusto decide poner fin a sus días deplorables. No soporta más esa existencia desgarrada. La medida extrema, el arrojarse al vacío desde ese último piso,  es como un cuestionamiento a la urbe convencional y turística, a la ciudad de festejos y de inauguraciones. Así el refugio final del paria no es ese lugar equívoco, no es la reivindicación tardía de su vida lisiada. Es la rotunda verdad de la muerte.

Link: El cine hecho en Iquitos

Del 27 de noviembre al 10 de diciembre, la Cámara Peruana del Libro (CPL) presentará la trigésima edición de la Feria del Libro Ricardo Palma, en el Vértice del Museo de la Nación (cruce de las avenidas Javier Prado con Aviación, en San Borja).

Serán 6 mil 200 metros cuadrados de recinto ferial donde se desarrollarán 176 actividades culturales, entre presentaciones y firmas de libros, mesas redondas, conferencias, conversatorios, talleres, exposiciones, espectáculos infantiles y un ciclo de conciertos con artistas nacionales.

El slogan de este año: “La tradición va donde tú estás” se verá reflejado en la decoración de nuestros espacios. Bancas, faroles, plazuelas, caminos de rosas, alamedas y hasta un boulevard al interior de la feria crearán la ambientación ideal para recordar la ubicación tradicional, que nos albergó durante años.

Este 2009, el costo del ingreso será de un sol, aporte simbólico que nos permitirá cubrir con los gastos adicionales que conllevó mudarnos de distrito. Sin embargo, los menores de 12 años y los mayores de 60, ingresan gratuitamente.

Durante los 14 días de feria se ofrecerá un despliegue cultural colmado de innovación y atractivo. La Cámara Peruana de Libro se enorgullece en presentar al escritor, cineasta y periodista chileno Alberto Fuguet, quien inaugurará esta fiesta del libro y presentará su nuevo libro, Missing. De igual manera, su compatriota Álvaro Bisama, también estará presente.

Además, llegarán a Lima autores de la talla de los escritores mexicanos Vivian Abenshushan y Marco Antonio Campos; la cronista brasilera Vanessa de Oliveira; y los colombianos Margarita García (blogger), Mauricio Vargas (historiador) y Sergio Ocampo (escritor).  Y desde Argentina, arribarán el editor Leandro Sagastizábal y Ariel Olivetti, el historietista exclusivo de la editorial Marvel, cuyas manos han dado vida a personajes como Hulk y X-Men.

Del ámbito nacional, Renato Cisneros, Fernando Ampuero, Mávila Huerta, Mónica Delta, Cecilia Alegría, Josi Diez Canseco, Enrique Verástegui, Gastón Acurio, Eduardo Gonzalez Viaña, entre otros autores peruanos, presentarán y firmarán sus últimos libros.

Asimismo, la Cámara Peruana del Libro rendirá homenaje al dibujante Juan Acevedo. El artista peruano dictará el taller “Aprendiendo a dibujar al cuy” y presentará su libro “Todas las aventuras del cuy”, la popular caricatura que cumple 30 años y cuyas creativas historias serán expuestas en la feria.

La 30ª Feria del Libro Ricardo Palma también presentará, en exclusiva, el libro “Segunda Persona” del escritor y poeta Selenco Vega, ganador del Primer Concurso de Novela Breve 2009 de la Cámara Peruana del Libro, cuya obra será publicada por la editorial Mesa Redonda. En esta misma feria, se anunciarán los detalles del Segundo Concurso Cámara Peruana del Libro Novela Breve 2010.

El auditorio principal “Julio Ramón Ribeyro”, las salas “Los Geniecillos Dominicales”, “El próximo mes me nivelo”, la explanada “Al pie del acantilado”, y otras áreas bautizadas con el nombre de las obras de Julio Ramón Ribeyro, serán los escenarios del más grande homenaje al escritor peruano. Los libros de su autoría y las novelas inspiradas en su vida también estarán presentes en este tributo a uno de los mejores cuentistas de Latinoamérica.

Este año, por primera vez, se realizará “El Fiestón de la Feria”, un ciclo de conciertos que cerrarán con broche de oro las noches en la 30º Feria del Libro Ricardo Palma. Artistas nacionales como: los rockeros Miky Gonzáles y La Mente; los grupos de cumbia amazónica Los Mirlos y los Chapillacs; los salseros de Sabor y Control; y Shantall, la cantante de rap y hip hop, compartirán su música y el aporte a la cultura que brindan a nuestro país con todos los asistentes. Cada uno de sus despliegues artísticos se llevará a cabo en una amplia explanada “Al pie del acantilado” con capacidad para 800 personas.

Y como novedad de la feria presentaremos el “Súper Árbol de la Lectura-Plan Lector”, que portará libros colgantes bajo sus enormes ramas. Esta novedosa estructura presentará de manera dinámica las propuestas específicas del Plan Lector de nuestras editoriales, que han provocado un boom en la producción de libros a nivel nacional.

Iquitos y Tierra Nueva presentes en Feria del Libro

Nuestra ciudad estará representada con diversas actividades editoriales y audiovisuales, a través de Tierra Nueva Editores. Los eventos que ha programado la editora loretana son los siguientes:

Viernes 27, 4 p.m. Sala La Palabra del Mudo:

Conversatorio

“Historia índígena en la Amazonía”

Participa: Percy Vílchez Vela.

 

Sábado 28, 4 p.m. Sala La Palabra del Mudo:

Recital de poesía “Publicaciones 2009”

Participan: Morella Petrozzi (Lima), Luisa Fernando Lindo (Lima), Stanley Vega (Chiclayo), José Córdova (Arequipa), Percy Vílchez (Iquitos)

Organiza: Cámara Peruana del Libro

 

Sábado 28, 7 p.m. Sala La Palabra del Mudo

Presentación de libros

Ayuda por teléfono y otros cuentos de Juan Carlos Bondy

Archipiélago de sierpes de Miguel Donayre

Participan: Juan Carlos Bondy, Jaime Vasquez Valcárcel, Percy Vílchez, Jorge Coaguila

Organiza: Tierra Nueva Editores

 

Lunes 30, 5.30 p.m. Auditorio Julio Ramón Ribeyro

Conversatorio

“La edición de libros en provincias”

Participan: Jaime Vásquez Valcárcel, Percy Vílchez Vela

Organiza: Tierra Nueva Editores

 

Martes 1 diciembre, 7 p.m., Sala La Palabra del Mudo

Conversatorio

“Inclusión de la Amazonía en el escenario nacional”

Dicta: José María Salcedo

Organiza: Tierra Nueva Editores

 

Viernes 4 de diciembre, 7 p.m. Auditorio Julio Ramón Ribeyro

HOMENAJE A JULIO RAMÓN RIBEYRO

Presentación de libros

Las respuestas del mudo. Selección, prólogo y notas de Jorge Coaguila.

Julio Ramón Ribeyro: penúltimo dossier. Selección y prólogo de Néstor Tenorio Requejo y Jorge Coaguila.

Participan: Ricardo González Vigil, Javier Ágreda .

Organizan: Tierra Nueva Editores, Fondo Editorial de la Facultad de Ciencias Histórico Sociales y Educación  de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo

VIRGEN DEL BOSQUE

El anónimo visitador que en 1600 entró a la espesa selva no tenía la misión de censar poblaciones, repartir solares entre los indios ni sacar partido de los intereses locales. La rapacería guiaba sus pasos. El obispo de Quito, Luís López, le escogió para que cometiera el delito de robar la venerable figura de la Virgen de las Macas. La citada fue obra de la gracia celestial, de la revelación divina, pues de simple dibujo se convirtió una noche, sin intervención de mano humana, en una hermosa figura. El testigo del asombroso cambio  fue un soldado hispano que se había cansado de las campañas militares en el reino del Perú.

El referido se había retirado a la maraña buscando sosiego para su afligida alma. El fue el encargado de difundir la buena nueva. En poco tiempo los avecindados por esos lares iniciaron un culto propio que mezclaba logros católicos y motivos oriundos. Después le construyeron una ermita con adornos boscosos y ornamentos indígenas. Andando los tiempos, de varias partes, de tantos lugares, acudieron en peregrinación hombres y mujeres que buscaban confortamiento para sus tribulaciones. O un milagro para sus cuerpos y sus almas. La virgen se volvió famosa en kilómetros a la redonda. A esa creación popular el citado obispo decidió ponerle las garras.

En cabal y fiel cumplimiento del designio delincuencial, el visitador de marras esperó oculto en el boscaje que no hubiera ningún fiel cerca o en los alrededores a la ermita. Y se zampó la figura venerable. Iba en camino a Quito, cuando los adeptos de la Señora se dieron  cuenta del despojo. Entonces emprendieron la persecución, pero por más esfuerzos que hicieron no lograron dar con el visitador que iba como el cuerpo que conduce  el diablo. En la ciudad de Quito, como un triunfo del saqueo,  la virgen fue paseada en procesión.

Después fue depositada en un lujoso tabernáculo para la admiración de unos cuantos. Pero no se quedó allí por mucho tiempo Fue trasladada a un convento de monjas de Riobamba, donde fue puesta sobre un lienzo y un marco que la embellecieron aún más. Los fieles,  comandados por el soldado hispano, trataron de recuperar la figura con ruegos y razones. Al no conseguir nada iniciaron un juicio en la audiencia de Quito y en el Tribunal Eclesiástico de Lima. Ignoramos el veredicto de los señores del jurado. Pero la virgen del bosque no volvió a la maraña.

En brazos o en hombros del visitador de marras la virgen abandono su lar querido, su sitio primigenio. Abandonó a sus adeptos del campo popular y pasó a soportar la gula del oficialismo religioso de ese tiempo. Alejada de la fe sincera de los excluidos qué debió pensar ella del obispo, de los cardenales y de los purpurados. ¿Qué sintió esa virgen cautiva de la clerecía sin escrúpulos de los que dirigían los destinos de la iglesia colonial? ¿Cuál fue el evangelio del religioso Luis López y de sus compinches  que se arrejuntaron para robar un don del  cielo que era propiedad y uso de los moradores excluidos de la maraña?

madreselvaEn los códices del golpismo universal destaca la increíble asonada de un glotón irremediable, un sujeto dominado por la gula. El citado se llamaba Adonaís y, por su regalada voluntad, anhelaba el trono ajeno, el poder el otro. Pero no perdió su tiempo en sumar estrategias de emboscada, en desplegar maniobras de asalto. Y un bello día, cuando suponía que la ocasión era adecuada para derrocar el rey de entonces, adquirió veloces carros, reunió gentes levantiscas a caballo y contrató los servicios de 50 varones a pie. A ese contingente se enroló el sacerdote Avistar para bendecir a los revoltosos y que quería su parte en el futuro gobierno. El batallón mazorquero partió con un rumbo preciso y una meta inamovible.

El destino final de los golpistas era el palacio del rey David, y para demostrar el poder de convocatoria el cabecilla, a la altura de una peña, como para celebrar a lo grande y por adelantado el éxito de su faena, compró nutridos corderos,  gordas vacas y otros animales de preciada carne. Allí mismo se armó una suculenta asaduría  campestre y al aire libre. Entre los aromas que se expandían el golpista bíblico envió emisarios a invitar a los hijos del rey que quería destronar, a sus propios hermanos y a otras personalidades notables de Israel.

Entonces la mesa del golpe estaba servida. Está demás decir que los partidarios de David no acudieron a paladear las primicias del banquete. En el desborde de las mandíbulas móviles, de las partes tragadas, no faltaron algunos sobones  que lanzaron hurras al golpista como si ya fuera el rey. Pero no le había ganado a nadie todavía. No sabemos si el glotón conocía que el rey David estaba viejo y achacoso y andaba tendido en su cama. En esas circunstancias es que entró en el tenso escenario Betsabé. Para desmovilizar a las huestes refractarias no necesitó cocinar sus mejores platos, ni inventar suculento menú. La bastó recordarle al postrado soberano su promesa de entregar el cetro a su hijo Salomón.

El golpista de los placeres gastronómicos seguía empecinado en devorar las servidas carnes, cuando en la distancia estalló el retumbar de la trompeta oficial que anunciaba la coronación de Salomón como nuevo rey. Los sentados alrededor del banquete se sintieron aplastados, dejaron de comer con descaro y pusieron las gargantas, los vientres y los pies  en polvorosa. El sacerdote Aviatar se olvidó también de la mesa desbordada y desapareció de la vista de Adonaís que entonces se vio obligado a suspender su especial y culinaria asonada. Con la panza repleta, saboreando las últimas migajas de esas carnes incitantes.

El golpista de los placeres de las papilas gustativas, de los bolos alimenticios ingeridos, no huyó. Se castigo solo, colgándose de los cuernos del altar público. Allí, asido como un buey en la carnicería, esperó la represión inevitable. ¿Qué pensó Betsabé al verle suspendido en el aire sin ganas de comprar ganado ni mandar asar carnes? ¿Qué pensó ella cuando el culinario mazorquero se arrodillo presto y, cobardemente, pidió perdón para que el nuevo rey le perdonara la vida?

cuandoluna amaalsol

El descomunal William Shakespeare alabó el cuerno socarronamente, llegando a decir que en el mundo iba a ser eterno. Es posible que el Cisne de Avon, sospechoso de haber padecido en carne propia ese mal, no estaba enterado de la gravedad insospechada de esa desgracia cuyo símbolo son dos cachos. El señor Lamec, descendiente del asesino Caín,  fue el primer energúmeno que, con descaro, frecuentó el adulterio. No pastaba muy lejos en asuntos de la carne y tenía pereza para ir en busca de la otra, y puso dos mujeres en su propia casa. Las esposas en comanditas y compartidas eran Ada y Zila. Dos mujeres y un camino: La segura ruta hacia la perdición del verdadero placer y la auténtica descendencia. Porque, nunca y jamás, pueden tres personas hacer pareja.

El santo libro no se detiene a describir el infierno diario de Ada y Zila, las dos primeras mujeres que tuvieron que soportar a un mediocre sujeto que no cumplía ni con la una ni con la otra. En ningún terreno, menos en el sexual, puesto que todo amor exige algo de lo eterno y es exclusivo. No se puede compartir el cuerpo amado, salvo que se sea un cerdo. ¿Cómo vivían, bajo un mismo techo, en un mismo piso, en una misma cama, ambas mujeres? ¿Conversaban animadamente de esos asuntos triviales, cotidianos? ¿Salían a pasear entre tres, mirando los campos cercanos, las cosechas? ¿Compartían las visitas a las tiendas? ¿O se querían exterminar a cada instante?

Cualquier hijo de vecino conoce la respuesta, hasta el gran Víctor Hugo que nunca llegó a saber donde esperaba a su mujer el crítico más importante de su tiempo.

El cornudo tolerante es una de las figuras más inquietantes de nuestro tiempo. Considera que esa desdicha no rima con él y piensa que su consorte tiene que serle fiel, porque para eso nació la mujer. Aunque le saquen la vuelta. Eso es inaceptable para cualquier mujer. Además, la mujer nació para que el hombre no sea aplastado por la soledad. El corneador desaforado no cree en nadie y basa su vida en el número de féminas que pasan por las armas, desconociendo que el gallo de mi casa tiene más amantes que nadie. El cuerno puede banalizarse, convertirse en motivo de risa en la juguería o de broma en la taberna, pero no puede dejar de ocultar la catástrofe que realmente es. ¿Qué que dirían Ada y Zila y tantas mujeres de ayer y de hoy si pudieran contarnos, con lujo de detalles y a la franca sobre se ingrata experiencia?

Es corriente creer que el ser humano es infiel por naturaleza, pero nadie ha preguntado con sinceridad a esa naturaleza. Escribas de tres por cuatro, predicadores de miasmas, sostienen que la tentación de la mujer no deja otra alternativa. Pero nadie puede explicar porque todo adulterio acaba en el infierno.

¿Qué placer es aquel que engendra desdichas? La Biblia reiteradamente se opone al cuerno. No solamente por razones religiosas o morales si no por algo más importante.

En el plano de la creación hay un solo varón para una sola varona. Todo cuerpo que vive, que palpita, emite fotones, hace de luz, es luz también. Eso está científicamente demostrado ahora y

esos fotones se enlazan con la poderosa luz del origen, primera fuente de la creación. Cuando Lamec fornicaba con Ada y Zila confundía la materia inicial y oscurecía su propio camino, hasta descender a la sombra de muerte. Es decir, se oponía radicalmente al sentido apostólico de la vida, a la calidad del amor, al verdadero engendramiento.

Imagen: Cuando luna ama al sol, de Gino Ceccarelli