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Primera vez

Publicado: 19 agosto 2009 en Emovi
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El chillante y glorioso timbre de la escuela sonó. Cursábamos el quinto año de secundaria en una escuela nacional, el ruido de las carpetas y el gris oscuro de nuestros pantalones impulsaban a crear una atmosfera como de cárcel, cautiverio, colegio.

– Oe!, ¿qué vas hacer mañana en la tarde?- me preguntó el Burrito, mientras metía sus cuadernos sin forrar a esa mochila azulada que traía desde hace 3 años atrás.

Al Burrito lo conozco hace 2 años, me lo presentó mi primo. El Burrito es una leyenda en el colegio, ha repetido 3 veces y parece que se va a jubilar en él (¿por qué crees que le dicen “Burro”, pes weón?).

-Pues, no sé, comer, salir, ir al colegio… por ejemplo- le respondí sarcásticamente, haciéndome el desentendido.

No era, ni será la primera y última vez que me digan para “tirarme la pera”, ya lo hice antes: para continuar la juerga de ayer, para ir a nadar en el río, o para jugar una pichanga contra otro colegio.

-No jodas pues Javier, sabes a qué me refiero.

-Jajaja, si ya sé.

-¿Te apuntas?

-No sé, ya estoy faltando 5 veces en lo que va del mes.

– Ya no te hagas la consentida de papi, si tus viejos ni paran en tu casa.

Hubo un instante de silencio, era como si me estaría echando en cara o dándome una justificación para mis malos actos, pero lo peor era que tenía razón. Un grupo de niños de sexto año pasó corriendo entre nosotros, empujando y gritando a quien se entrometiera entre ellos y la puerta.

-Habla ¿vas?

-Ya.

-Serio, después no vengas con que tu conciencia te hace una mala jugada y….

-Sí, voy a ir

-Bueno.

-Y ¿a dónde?

-Este concha….

-Jajaja es que no sé pues weón.

-¿Tonces por qué dices que sé?, vamos al Trocadero, a matar reses

-No jodas ¿serio?

-Si weón, ¿ya fuiste?, o eres…- sonrió maliciosamente, haciendo un gesto con su mano.

-Jajajja, no soy como tú, es solo que nunca se me presentó la oportunidad para ir.

-Yaaaaaaaaa…

La conversación se prolongo todo el trayecto en el carro, sobre el mismo tema, el Burrito cuestionando mi hombría y virilidad, y yo tratando de dar explicaciones a sus tontas preguntas y acusaciones. La tarde la pasé entre tareas, ver tele y pensando en mi “debut en las ligas mayores”, porque en el mundo de los “macho men”, ser casto no es un privilegio, es un rango, y muy alto.

Recuerdo que una vez mi primo me dijo “Mira primo, cuando aprendes a conducir una moto, te compras o alquilas las más baratas, los maltrataditas, porque es para practicar, pero cuando quieres uno para ti, te compras el más lujoso, el más chévere, el cero kilómetros, lo mismo pasa con las jermas, tienes que practicar, ensayar, experimentar, para lucirte con tu esposa; eso sí, las demás con las q te acuestas son por mientras, pero tu esposa tiene que ser un ángel, ¿o quieres pasar el resto de tu vida con una puta?” Al principio no comprendía esa comparación entre una moto  y un ser humano, tenía apenas 12, pero con el tiempo lo fui captando, al igual que descubrí la misma comparación en un libro. Creo que mi primo lo leyó pero no lo comprendió.

El día cero nos reunimos en el paradero del colegio: el Loco, el Burrito, Miguel y yo. Tomamos un carro con dirección al aeropuerto (“‘ta lejitos pero es uno de los mejorcitos”), y nos bajamos en un local algo “caleta”. Nos cambiamos de ropa y nos apresuramos  a entrar. Había gente de todo tipo: desde viejos verdes, gordos hambrientos de sexo y jóvenes con ansias de debutar, algunos atisbaban desde las ventanas. Otros, más osados y conchudos, abrían las puertas de los cuartos y se ponían a ver, al menos  hasta que alguien los votaba.

-Traes una cara de aguantado – me dijo el Loco, sonriendo.

-Todos traen plata ¿no?- gritó el Burro, frotándose la mano.

– Claro pues, sino cómo…

-Tonces’ hagan una chanchita pa’ pagarme.

-No jodas pues, Burro, tú invitas y no traes plata.

-Es que debía a la tía del cebiche y ahí se fue todo, toy aguja…

– Ya yo te pago Burro – dije algo desganado.

-Sssseeeee mi pata Javier, a ver muchachos, a servirse.

Entramos a una especie de local-casa, algunos se encontraban sentados, viendo un video no apto para menores, esperando que su “caserita” se desocupara, mientras que otros pasaban mirando a las chicas, que se exhibían en ropas provocadoras, sin decidirse aún.

–          Burrito, mi hijo ¿otra vez por acá?

Una mujer voluminosa y de unos 40 aproximadamente, se acercó muy coquetamente hacia nosotros, abalanzándose cariñosamente hacia el Burro.

-Claro pe tía, si hay buen servicio y producto ¿por qué no volver? Muchachos, esta es mi tía la “culombiana”, digo colombiana. ¡Oe tía! por cierto, te traigo a mi pata Javier que va a debutar, y a ver si me separas una como para él.

-Justo hace una semana me llego una como para él – dijo mirándome firmemente – Sígueme.

La mujer me cogió del brazo y me llevo a través de un pasadizo, bañado por luces rojizas y violeta, proveniente de los cuartos y las lámparas del pasadizo, el ambiente olía a sudor, a cigarro, a sexo.

-Margarita, Javier; Javier, Margarita.  Ahora sí, pagando, pagando, mi hijo, o no hay producto.

Le entregué un billete de 50 soles y me hizo pasar a un cuarto algo desordenado. La chica (mejor dicho, la niña), se sentó en la cama y se comenzó a desnudar, pude ver la figura de sus senos, tan perfectos, que parecieron ser tallados a mano, sus caderas tan impactantes. La abracé. Tenía unas enormes ganas de hacerla mía, la deseaba, mi impulso de hombre me lo exigía, pero me detuve, no pude al ver sus ojos, todavía podía sentir esa ternura, esa pureza, esa calidez, que irradiaba de ellos. Paré. Me quedé ahí. Me levanté y me vestí, mientras ella miraba asustada y algo sorprendida.

-No te preocupes, son cosas mías – le dije.

Pude vislumbrar de reojo que bajaba la cabeza y se comenzaba a vestir.

-¿De dónde eres?

-De Nauta – me respondió temerosa.

-¿Cuántos años tienes?

-16.

-¿Podemos hablar?

-Sí.

No me importo gastar 50 soles para solo charlar. Hablamos sobre la vida, sobre que le gustaría hacer y ser, sobre si tenía novio, si alguien le gustaba, no le bombardeé con preguntas de cómo llegó a ese lugar, si está mal lo que hace, ni comencé con un sermón. No me gusta hacer revivir malos recuerdos, al menos la desconecté de su presente por unas horas. Al menos me desconecté yo mismo de mi realidad.

Así fue mi primera vez.

Última vez

Publicado: 4 agosto 2009 en Emovi
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Invalido

-Puta mare, gringo, ¿dónde pusiste la merca?

Una voz rasposa y tosca me levantó del sueño profundo que había caído. Eran las 3 de la mañana, todavía permanecía en ese banquito aterciopelado, único recuerdo de mi lujuriosa y atormentada juventud.

-Me cagaste, hijo de puta

Un estruendo y luego un silencio sepulcral. Podía sentir el susurro del viento pasar por mi oreja, tenia las ventanas cerradas, pero el aire se escabullía a través del plástico que había puesto para tapar un pedazo de vidrio faltante.

Dicen que los ojos son las ventanas hacia el mundo, las ventanas de mi departamento son mis ojos y todo lo que me rodea es el mundo para mí.  Estoy encerrado, aprisionado, no solo por la invalidez e inutilidad de mis piernas, sino también por la soledad, esta soledad que me mata lentamente, que me vuelve frio  y duro, esta soledad asfixiante.

Asomé la cabeza y di un último vistazo a la calle, un foco tintineaba en la esquina y un par de hombres pasados de copas cantaban una canción algo distorsionada. Me abrí camino entre las miles de paginas arrancadas de los cuadernos que alguna vez use, y entre libros que escribí que nunca nadie conocerá, me recosté sobre mi colchón verde oliva, maltratado por la humedad, me quede mirando el techo (como cuando alguien mira un punto fijo, pero en realidad no mira nada),  inmerso en pensamientos y recuerdos, hace mucho que los días no existen para mi, no hay diferencia entre un viernes y un lunes, solo existe el atardecer y el anochecer.

– Oe Juan, ¿y cómo es?, ¿la entras o no?-una imagen algo borrosa por los años, pero intacta en el sentido de los hechos, aparece en mi memoria, como una película, al cerrar los ojos

-No sé, y ¿si me hace daño?

– No seas cabro pues on’, si esto te pone, vas a ver como vas a disfrutar toda la noche, una chupadita y ya…

-¿Seguro?

-Sí

Una mano con un “pucho” encendido se estira hasta quedar lo suficientemente cerca de mi boca.

-Anda, dale…

Abrí mis ojos de pronto, me sentía algo mareado, como si estuviera cayendo en un inmenso y profundo agujero, dando vueltas sin final, me recosté y senté en la cama, estirando el pedazo de  muñón que tenía como pierna. Hacia calor, a pesar de que el ambiente estuviera como a 15 grados de temperatura, cerré los ojos nuevamente, tratando de descansar.

– Imbécil, imbécil, imbécil-me decía golpeándome la cabeza, un vaso roto yacía sobre el suelo y una hermosa joven enfrente de mí me sonreía.

– No te preocupes, es solo gaseosa- me contestó ella, con una hermosa sonrisa- ¿me acompañas a la puerta?

Sonreí en mi inconsciente, la imagen de pronto se acortó y pasó a una escena de besos, los más dulces que recuerdo, todo se volvió de un blanco brillante y un montón de gritos se oyeron, sentí como los pétalos y arroces caían sobre mi, me sentía en las nubes, volteé y allí estaba ella, con esa hermosa sonrisa que penetraba hasta lo mas profundo de mi corazón, y yo, abrazándola con todas mis fuerzas, rogando que nunca se acabe, que nunca se termine. Miré el firmamento y vi un techo algo sucio y descuidado, bajé la mirada y estaba ella ahí, con una pequeña niña al costado y con unas maletas. Yo lloraba desconsoladamente, no recuerdo el motivo, solo sé que tenía tantas ganas de hacerlo, como si algo de mí fuese arrancado.

Me sentía mutilado.

Bip bip bip. El despertador sonó, me dolía la espalda por haberme quedado dormido sentado. Vivía de la caridad de mis vecinos y una parroquia local, el calor había disminuido, pero todavía sentía unas ganas inmensas de llorar, sentía como su partida desgarraba mi piel. Era ya de amanecer, miré a través del vidrio algo empañado por la humedad. Un datero se encontraba dando indicaciones en al esquina a una combi que trataba de hacer carrera con otra. Tomé asiento en mi sillón, comencé a releer  un ejemplar de una revista antigua, me detuve en una página en especial.  Me quedé por un rato ojeando el artículo.

De entre las páginas cayó una pequeña carta, escrita en un papel arrancado de uno de los cientos de cuadernos que tenía. Era una carta que había escrito a mi madre, y me la habían devuelto,  hace varios meses.  Solo atiné a levantarla y ponerle a un lado. Los recuerdos a veces se transforman en demonios, que te atormentan durante día y noche. Un frio caló hasta mis huesos me fue estremeciendo, acompañando. Volví a casa.  Me recosté en la cama. Poco a poco fui envolviéndome en un dulce aroma, como a felicidad, como a pasado. Suspiré y noté un pequeño papel, una galleta de la fortuna que había comido hace unos días. Decía “la soledad es no tener a nadie donde podamos retornar”. Quise agarrarlo para leerlo mejor, pero mis brazos no respondían, un golpe como a puñalada me lo  fue impidiendo. No sentía el muñón, no sentía mis extemidades, no sentía mi cuerpo. De pronto, sentí un ataque fulminante de ansiedad, fue perdiendo el control de mi mirada, de la dirección.  Miré por ultima vez el papel  y cerré los ojos. Antes de desplomarme, suspiré.

Todo oscureció.

Por última vez.

Otra vez.

 

Vida

Publicado: 25 junio 2009 en Emovi
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vida_colores

Hay canciones, momentos que se te quedan gravados, canciones que recuerdan , nunca fui un niño “de su casa”, amigos con quien jugabas,  juegos,  niños de barrio, quiwi,  matagente  (ahora comprendo que solo es una copia del juego de “los quemados”). Existen leyendas de niños, sobre el chullachaqui, sobre la sirena, el bufeo colorado que se había robado a la tía de tal persona, el tunchi que estaba molestando a tal amigo de un amigo.

Mi mundo era eso,  mi cuadra, mi manzana, no salía más allá. Todavía podemos oler ese aroma a niños recién bañados, a comida regional, a alitas, a tacacho, a maduro frito, a niñez. Crecí entre “Y que no me digan en la esquina el venado”,  “jugaste tú con mi sincero amor” y “ el General”, entre “Los choches” y “Los de arriba y los de abajo”.

¿Recuerdas a tu primer amor?, esa niña a la cual no le quitabas la mirada, a la que cuando se te acercaba tratabas de no hablarle porque decías puras bobadas, a veces lo olvidas, otras se te es difícil haerlo. Yo no la recuerdo, solo recuerdo que ese día no tenia ganas de ir a clases, era uno de esos días que solo querías quedarte en cama todo el día, solo recuerdo el  “As barrancas de terras caídas/ Faz barrento, o nosso rio mar/ As barrancas de terras caídas/ Faz, barrento o nosso rio mar…./Bate forte o tambor/ Eu quero é tic tic tic tic tac…” de carrapicho, mientras iba en el bus rumbo a su funeral, frente a ella, viéndola dormir, tras esa ventana, era como si estuviéramos solos, como si mi alma se hubiera salido, era como un sonámbulo.  No sentí ni tristeza, ni dolor, ni amor, mi promoción llevó su nombre, fue la primera vez que asistí a un funeral.

En el colegio donde cursé la secundaria creo que cada año moría alguien, ya sea familiar del personal, el personal o alumnos, algunas personas se te quedan gravadas, aun cuando no sepas su nombre, aun cuando no lo conozcas, o que nunca lo hayas visto. Una vez escuché a Jeins o como se escriba, ese locutor de radio, que decía “ madres, si quieren que sus hijos se maten, cómprenle una moto”

Hay  muchas cosas que se te quedan grabadas del colegio,  como cuando por gastar en chucherías y porquerías en el recreo, a veces no tenias para tu pasaje, 20 céntimos, eso era lo que costaba, que a comparación de Lima, no es nada, de subir podías, pero te costaba un “cocacho” o que te puteen, aunque puedes aplicar la criollada, puedes subirte a la parte de atrás de un carro repleto y es un poco difícil que el cobrador traspase toda esa masa de personas para cobrarte a ti, que claro, vas a bajar por al parte de atrás junto a otras personas, puedes dar una moneda falsa y si el cobrador se da cuenta decir que no sabias y que no tienes mas y así subir a varios carros hasta llegar a tu destino.

Nunca me sentí unido a mi promoción (de Iquitos) cuando me vine a Lima, solo recibí la despedida de amigos, recuerdo pasar por esa puerta, la misma que sigue igual desde hace 20 años  y cruzar por la pista de aterrizaje, escuchar  “me vuelvo loco por volverte a ver” esa fue la ultima  canción que escuché en Iquitos y la primera que escuche en lima, recuerdo ver en el folleto IQT-LIM, mientras la aeromoza me pedía para subir.

Volví después de algunos años, pareciera como si el tiempo hubiera avanzado.  En la calle donde vivía ya no se jugaba a lo mismo, preferían ver la tele o en video juegos, mis ex vecinos, que los vi crecer, la mayoría convertidos ya en padres. A veces siento que Iquitos ya no es mi hogar, no el que conocí, y Lima nunca lo será. Sigo siendo esa alma vagante, perdida entre dos mundos.  No puedo ni quiero volver al pasado, pero, la vida es así. La vida es tan extraña, más extraña que cualquiera de nosotros juntos.

Necrópolis

Publicado: 17 junio 2009 en Emovi
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presbitero maestro

Hace tiempo recibí un folletito en la calle Capón, no recuerdo muy bien de que se trataba pero decía “bajo el firmamento todos somos iguales”. Creo que la frase que realmente se cumpliría seria “bajo el suelo todos somos iguales”.

Si de algo estoy muy seguro es que tarde o temprano moriré. No recuerdo la primera vez que estuve en ese lugar donde la vida y la muerte se unen. No hablo de un hospital. Hablo del cementerio, la ciudad de los muertos, porque claro, es una ciudad al igual que donde vivimos.

Nunca he visto al cementerio como un lugar deprimente o lleno de tristeza (tal vez porque no todavía tengo la suerte y dicha de estar con las personas que amo), siempre que necesitaba inspiración, siempre que quería desahogarme recurría a esos lugares. La soledad, la tranquilidad, la paz, un lugar donde no existía la maldad ni el odio, al menos eso sentía, todavía puedo sentir ese aroma a flores, a concreto, a tranquilidad, a muerte, atravesando por los pasillos de los nichos, mientras yo camino, sin rumbo fijo, por el cementerio general de Iquitos, vago lentamente, mis pies ni se sienten, atravieso un espacio dedicado a niños y me pongo a pensar ¿porque una vida se acaba, si apenas acaba de empezar? Llego hasta un extremo del cementerio, siento la brisa golpear mi rostro, escucho un quejido, al parecer de una hija llorando por su padre, doy la vuelta y me regreso, camino entre lapidas y recuerdos, entre migueles y fulanos, entre personas inolvidables y almas abandonadas, entre mártires de guerra y soldados desconocidos, a veces es bueno sentir la muerte para apreciar la vida.

Recuerdo también que planeamos meternos al cementerio por la noche, cosas de chibolos en pleno desarrollo, nunca lo hice ni lo volveré a hacer, es un poco complicado, más que por el miedo, es por la poca luz, los huecos en el piso y unos 2 o 3 perros que se pasean por ahí.

Hasta el momento nunca he podido ver un fantasma más que en fotos o videos por internet. “Solo es legaña en los ojos” me decía siempre mi abuelo, pero pienso que es más que eso.

En Lima los cementerios abundan, pero no es lo mismo,  al único que fui fue al Baquijano, por si no lo ubican es donde está Sarita Colonia. Fui varias veces, más que todo por “visitar” a mi abuela, el mausoleo de “La Sarita”, no es muy grande que digamos, la primera impresión que me dio fue la gran cantidad de devotos que tiene, todo su mausoleo está forrado por placas en agradecimiento al milagro concedido, al costado de su féretro se encuentra una anciana, dicen que es su hermana, la menor, vende velas, cuadros y todo relacionado a su hermana. Nunca fui al Presbítero y la única vez que lo vi fue desde el cerro San Cristóbal, me quedé admirado de las esculturas, vistas en foto, claro está, y me atrajo la propuesta de las visitas guiadas por la noche, para algunos les parece tétrico la idea, pero no está de más visitar un lugar donde tarde o temprano llegarás a posar tu último exhalo.

Fascinantes ciudades de muertos.

5 minutos

Publicado: 3 junio 2009 en Emovi
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quirofano

Miro el reloj, impaciente. Faltan 5 minutos. Mi madre va a entrar al quirófano, dentro de algunas horas, es una simple operación, digo, ya la veré mañana, tengo una cita con mi novia dentro de una hora y si no salgo llego tarde. No me gusta la impuntualidad, a pesar que yo caí a veces en ella. Me alisto y salgo.

– Oe, no vayan por Huanta por ahí también esta viniendo la batida

– Putamare

-Métanse a la tienda, pues weón.

– Aish, ese es lo malo de vivir por aquí, tanta gente chola  que esta invadiendo, por eso es está así de sucio y maleado – dice una señora.

– Múdate a otra parte pe’, vieja- se escucha por ahí.

A veces la criollada es buena, aunque en la mayoría de casos no, tomo mi carro, el Urbanito para ser preciso, pago un sol aunque vayas solo a una cuadra y me bajo en Tacna. Son las 4:10 pm, y no llega. Miro pasar los carros, “Javier prado, Óvalo Gutiérrez”. 4:20, no llega, “todo Grau, Wilson”, 4:30 y no llega, “Aviación, Metro de la UNI”, 4:40, la gente me comienza a ver raro, como si fuera un “choro”. Un datero se me acerca y me pregunta “¿ no llega tu carro, o no sabes cuál tomar?”, “ no choche toy esperando a alguien”, “ una flaca ¿no?, espero que no te deje plantado”, solo sonrió. 4:55.  Faltan 5 minutos para las 5, y no llega, por amor das tu tiempo, tu dinero (porque billetera mata galán), tu cariño, tu razón, tu corazón, no queda mas. Me tendré que ir, sé que me dirá “ahí amor, sorry no pude ir, es que… uff no sabes las cosas que me pasaron, enserio, no pude ir”, al menos un mensaje una señal, algo con anticipación un antes y no un después, pero se que la mayoría casi nunca lo hacen, solo excusas. Ni modo, solo queda tomarme un carro de regreso, “qué falla tu flaca”, solo sonrió.

La calle esta algo vacía, es un sábado, el frio aire otoñal limeño recorre mi cuerpo, sé que en lugares públicos se tiene que usar mascaras por todo el rollo de la gripe A-H1N1, pero no he visto más que en el hospital. Llego a casa algo cansado, busco, pero no se encuentra nadie, solo una carta que decía léelo.

“Tus hermanos están fuera, sé que es duro, pero alguien de ustedes tiene que recibir la noticia, tal vez te guste saber exactamente, así que te lo digo. 4:10, tu madre entró al quirófano, le pusieron anestesia y todo iba muy bien…”.  Ese “y todo iba” esas son las palabras que uno nunca quisiera escuchar, “la operación fue exitosa, 4:30, ella despierta y pregunta por ti, se le vio algo cansada por la operación, 4:40, al parecer algo anda mal con la anestesia o no sé, creo que fueron los medicamentos que le cayeron mal o era alérgica, así que entró de nuevo al quirófano. 4:44, quiso verte de nuevo, creo que ya sospechaba lo que iba a suceder. Faltando 5 minutos para que sean las 5, ella falleció”.

Algunas cosas pasan porque tienen que pasar, pero… ¿quién se lo dice eso a ella? ¿quién le explica que no puede  vernos,que no puede sentirnos? ¿cómo explicar a unos niños que su madre no estaá que nunca más volverá?, ¿cómo mentirles que sigue en el hospital?, ¿cómo decirles?, ¿cuándo es el momento apropiado?, ¿cuantas veces le dije “te amo”? ¿cuántas “te quiero”?, ¿por qué hay que estar al filo de la muerte o tiene que pasar algo para que te des cuenta de las cosas que realmente importan?

¿Cuántos minutos tienes que “perder” y darte cuenta recién cuando ya lo has perdido?

Solo 5 minutos.

De repente me levanto. Cabeceé 5 minutos

Toda mi vida en solo 5  minutos.