Posts etiquetados ‘El último piso’

Hace un mes iniciamos en este blog una encuesta sobre los que, según el gusto de los lectores y visitantes pudieran ser los 10 filmes (cortos, medios y largometrajes) que mejor pudieran mostrar a Iquitos y la selva loretana.

La encuesta recibía las sugerencias de libros de los lectores, a partir de una pequeña selección y opinión de algunos críticos del medio. No solo fue se consideraron trabajo de ficción, sino también no ficción, documentales ,y todo aquél que desde su ámbito aportara algo al conocimiento de esta parte del mundo. Ningún IP pudo tener más de un voto.

Al final, más de 244 votos definieron los siguientes resultados (las reseñas de algunos filmes forman parte del artículo Postales Audiovisuales de Iquitos, que publicó la revista La sombra del hombre del DIP) :

1.- Pantaleón y las Visitadoras (Francisco Lombardi) 12.3% (30 votes) ¿Quién  no ha amado un poco ese Iquitos bullicioso, calenturiento, pintado con tonos rojizos y sudorosos, con telón de fondo del otrora famoso Grupo Euforia, que muestra Pantaleón y las Visitadoras (1998), adaptación fílmica de Pancho Lombardi de la desternillante novela de Mario Vargas Llosa, empuñando por primera vez  el estandarte  selvático como gancho marketero y sensual para.  Ahí, entre varias, la generosa figura de la Cepeda brilla con goce hedonista y bailable. Divertida, leve, fácil, Sin rollos. Entretenida.

2.- Fitzcarraldo (Werner Herzog) 10.7% (26 votes) Existe un momento en Fitzcarraldo (1982) de Werner Herzog,  cuando, desde los altos de la Iglesia Matriz, se muestra un momento espectacular, en el cual la ciudad reposa sobre las piernas de la Plaza de Armas. El protagonista, Klaus Kinski, dentro de los zapatos del más excéntrico de los barones caucheros de la época dorada y cruel de nuestra Amazonía, pierde el control y grita toda su febril alucinación y rabia. Escena con repique de campanas, que le da majestad y desmesura a esa fabula sobre la época del caucho, plagada de excesos y delirios, que logra componerse en esta inspirada, abigarrada, monumental película. Herzog dirigió anteriormente en nuestros dominios Aguirre, la ira de Dios, pero la sabiduría popular siempre la prefirió menos que este canto fílmico buscando a Caruso. Discutible o no, este filme es probablemente uno de los mejores sobre nuestra descomunal y compleja anatomía social, cultural y mental.

3.- Diarios de Motocicleta (Walter Salles) 9.4% (23 votes) ¿Alguien recuerda con deleite esa imagen de Diarios de Motocicleta (2004) de Walter Salles, en la cual Ernesto Guevara/Gael García le increpa al Doctor Federico Bressani/Gustavo Bueno por la calidad de su novela Latitudes de Silencio? En los diálogos, se habla de Pucallpa. Pero la escena, en realidad, fue hecha en el Mercado de Productores de la ciudad. Fue la única escena que recuerdo haber visto sobre IQT en esta mega producción extranjera, que tuvo como su base y estación final las instalaciones de Santa María de Ojeal, a unos kilómetros de aquí.

4.- Hijas de Belén (Javier Corcuera) 7.4% (18 votes) ¿Radiografía sobre el barrio más pobre y efervescente de la Amazonía peruana? Definitivamente, Hijas de Belén, uno de los cortometrajes de En el mundo a cada rato (2004)  recopilación de cortos documentales sobre la situación laboral de los niños del mundo. Su director, Javier Corcuera, supo plasmar en 27 minutos las historias de tres generaciones de mujeres que habitan el barrio más pobre e hiperactivo de esta urbe. la cinta rezuma cariño y pasión cuando filma a sus protagonistas. Los parlantes de Radio Belén como sonido ambiental permanente y un paseo en motocarro por las calles de Iquitos, al compás de una canción del grupo Calypso,  deberían figurar en alguna antología audiovisual sobre esta ciudad.

5.- El último piso (Dorian Fernández) 7.4% (18 votes) Entre febrero y marzo de aquel 2009, durante más de 13 sesiones de rodaje, los miembros de Revolución Visual, dirigidos por Dorian Fernández, dieron forma a una de las producciones más extrañas y complejas en la cual yo he podido participar: un mediometraje de 55 minutos, ambientado como locación principal en uno de los espacios públicos más emblemáticos de la ciudad: el viejo edificio abandonado de Essalud, pretendido hotel de lujo que orgullosamente mirara al Amazonas en alguna época y ahora desvencijado depósito de chatarra, instrumentos quirúrgicos y archivos humedecidos por la lluvia y el paso del tiempo. Durante tres semanas, entre cuartos improvisados, humildes moradas, depósitos de autos, microbuses en movimiento, abarrotadas aceras del Malecón, la Terminal, la Plaza de Armas, se daba forma a una historia de desolación. Estrenada en febrero del 2010.

6.- Bajo el sol de Loreto (Antonio Wong Rengifo) 6.6% (17 votes) ¿Una película filmada íntegramente con fondos y logística local? No se sabe de antecedentes de tal calaña, salvo Antonio Wong Rengifo, en la tercera década del siglo pasado. Las obras de Wong fueron coleccionadas en diversos cortos sobre hechos históricos, paisajes filmados en diferentes formatos. Posteriormente, Bajo el Sol de Loreto (1936), inmediatamente a su estreno, se consideró un hito, porque fue la primera película de formato largo, filmada en polvorientas arterias, así como parajes naturales del río Napo, ambientada en la época del caucho y con recreación de detalles de su tiempo. Wong financió íntegramente los costos de su filme e hizo de libretista, camarógrafo, realizador, productor, montajista y difusor. Aún no existen copias de la totalidad en la actualidad y mucha gente, por no decir la mayoría, no la ha visto, pero su leyenda sigue vigente.

7.- Amazónico Soy (Chema Salcedo) 6.6% (16 votes) Fuego te produce, la ciudad, captada desde el aire, las casas con  calaminas oxidadas, el Amazonas al lado, la Iglesia Matriz serena, el sol del mediodía. Fuego, te produce también mirar la procesión del Niño Jesús de la Caja y la música especial, sacra, operática, sinfónica y deslumbrante que precede a la noche repleta de lucecitas sobre el Mercado Belén. Fuego te produce mirar a todos los personajes a quienes la sociedad de uno u otro modo dejaría de lado, triunfando en un canto coral, al ritmo del grupo Explosión. Eso, y mucho más, mucho más sabor, color, alegría y revelación, es el documental Amazónico Soy (2008) dirigido por José María “Chema” Salcedo y producido por Jaime Vásquez. El rostro de Iquitos, mostrado por sus propios habitantes.

8.- Aguirre, la ira de Dios (Werner Herzog) 5.7% (14 votes) Mucho consideran a Aguirre (1972) como la obra maestra del alemán Werner Herzog. Quizás sí, quizás, pero nadie puede quedar sino absorto ante esa perturbadora maquinaria  la demencial aventura de un grupo de conquistadores españoles, quienes en 1560 se internaron en la selva amazónica en busca de El Dorado Uno de ellos, “el loco” Lope de Aguirre se erige como el gran príncipe del Perú, se insubordina contra la Corona y es ejecutado al año después. A Herzog le bastó esta anécdota para crear un verdadero tratado sobre la locura, la ambición, las desventuras de la selva, y sobre todo, la obsesión. Primera película en la que Herzog trabajaría con su actor fetiche Klaus Kinski. Filmado en varias zonas del río Nanay, cerca de Iquitos.

9.- En la selva no hay estrellas (Armando Robles Godoy) 5.3% (13 votes) En la selva no hay estrellas (1967) narra la travesía de un ambicioso hombre que roba el oro recolectado por una tribu amazónica, pero cuya huida será el comienzo de un viaje de reconocimiento de su propia vida y una lucha por su supervivencia en medio de la tupida selva. El actor argentino Ignacio Quirós fue quien dio vida al aventurero y lo acompañaron en el elenco: Susana Pardahl, Jorge Aragón, César David Miró, Manuel Delorio, Jorge Montoro, Luisa Otero y Demetrio Tupac Yupanqui. Gran película de Robles Godoy, incomprendida en su época, ahora felizmente recuperada no sólo en su esencia filmica sino en su intención existencial

10.- Buscando el azul (Fernando Valdivia) 5.3% (13 votes) La destreza de los artistas bora y huitoto de Pucaurquillo es impresionante. La temática ha ido abracando además del manejo de los colores, el dibujo, y el uso de fabricación de tintes naturales y la disposición del trabajo artístico sobre la llanchama, no solo para representar animales y paisajes, sino, con el tiempo, ir descubriendo detrás de los cuadros verdaderas representaciones o reflexiones sobre la vida, el origen de su mundo, las cosmovisiones particulares y colectivas; en otras palabras, la cultura del pueblo, dotadas además de un técnica cada vez más ensayada, mejorada y creativa. Uno de los grandes representantes fue por un tiempo Víctor Churay Roque, quien trabajó con Pablo Macera y destacó rápidamente en Lima, hasta que la muerte lo encontró en un extraño accidente en el año 2002. Un revelador documental sobre la vida y el trabajo de Churay, irónicamente póstumo, fue Buscando el azul (2003) del realizador Juan Carlos Valdivia, donde se retrata con brillo y sensibilidad aquella impenitente utopía que esperaba alcanzar algún momento Churay.

Inmediatamente después de este pelotón, se lograron los siguientes resultados. En algunos casos, estos filmes estuvieron muy cerca de encontrarse en este top de popularidad, no obstante que su calidad y brillo fílmico son innegables:

Radio Belén (Gianfranco Anichinni) 4.9% (12 votes)

La muralla verde (Armando Robles Godoy) 3.3% (8 votes)

Chullachaqui (Dorian Fernández) 2.9% (7 votes)

Mi hermano María Paula (Piero Solari) 2.5% (6 votes)

Los árboles tienen madre (Juan Carlos Galeano) 2% (5 votes)

Altar (Christian Bendayán) 1.6% (4 votes)

Canción al viejo fisga (Norza de Izcue) 1.6% (4 votes)

Tigres del pincel (Christian Bendayán) 1.2% (3 votes)

El lugar donde estuvo el Paraíso (Gerardo Herrero) 0.8% (2 votes)

Fuego en el Amazonas (Luis Llosa) 0.8% (2 votes)

A Lima (Juan Carlos&Marco Palacios) 0.8% (2 votes)

Viento del ayahuasca (Nora de Izcue) 0.4% (1 votes)

NE: Esta es una nota crítica y de análisis sobre el filme iquiteño El último piso desde el punto de vista de sus personajes y la historia que cuenta. Fue publicada en Katenere, suplemento cultural de los lunes del diario loretano Pro & Contra, escrito por el prestigioso y respetado narrador y periodista loretano Percy Vílchez

Es siempre reconfortante, aquí y ahora, encontrar en el único cine de esta ciudad el anuncio de una película hecha entre nosotros. Conocemos lo arduo y lo difícil que es hacer cine en estos avernos. Sabemos de las limitaciones, de los estorbos, de las complicaciones. De allí que siempre será un mérito llevar adelante un proyecto de filmación. En estos días, se viene presentando El último piso, dirigido por Dorian Fernández y que contó con el guión de Francisco Bardales. Los actores son de por acá. Son de por aquí. Son Duller Vásquez, Gladys Vásquez, Joel Huamán y tantos extras. La historia detrás o dentro del edificio inconcluso puede ilustrarnos sobre la otra ciudad,  la cara de la luna, la otra verdad que muchos no quieren ni ver ni aceptar.

En el ámbito central de la ciudad, donde destacan edificios antiguos y modernos, donde atiendan tiendas y comercios, donde funcionan casinos y otros centros de diversión, donde la gente pasa o se detiene, donde no escasea el ruido infernal acostumbrado, hay un lugar que es como una fea cicatriz en el rostro de cualquiera. Es un escombro visible, imponente. Es un hotel que nunca fue, una construcción trunca y abandonada, donde late la desdichada huella de la corrupción sin castigo. Como desafiando a las nubes viajeras, como interrumpiendo el sosegado vuelo de las aves, se levanta sobre los otros techos. En sus descoloridos muros, en sus pisos deteriorados, se notan las inevitables huellas del azote de las inclemencias, del raudo paso del tiempo. De lejos o de cerca, parece a punto de derrumbarse.

En el último piso de esa ruina urbana, en las condiciones más precarias, en el laberinto de una soledad de espanto, vive un hombre de edad avanzada. En su rostro, en sus gestos, en su indumentaria, hay las huellas del deterioro que calza perfectamente con el edificio anquilosado. Es entonces como una parte de esa ruina, como una emanación fantasmal de ese inmueble vetusto. Ese ser ha afincado allí, como el último refugio posible, la única residencia en el borde del desastre final. Es un ser que sobrevive en las peores condiciones. Es, pues, un habitante de otra vida, de esa existencia que las ciudades del último mundo crean con frecuencia: los parias.  Estos parias son legión y día a día aumentan como arrojados por una fuerza ciega que contradice todos los optimismos sobre la aniquilación de la pobreza, sobre las gangas y las ventajas del progreso renombrado. Nuestras ciudades son como usinas que creen esos desperdicios humanos. Estos parias, generalmente, están en todas las periferias. En esta ocasión, en la historia principal del corto El último piso, ese destino de desdicha, ha abandonado la zona habitual para afincar en el mismo centro de la ciudad. Y ello es como una invasión no anunciada, una presencia no registrada por los hurgadores de los motivos de nuestra miseria que se incrementa.   Ese hombre acabado, sin familia, sin destino, no sale nunca de su lugar. Está acorralado. Está aislado en ese último piso, lejos de todo, lejos de la vida que pasa. Y distrae sus horas pintando o tratando de pintar el rostro de una muchacha que perdió hace tiempo. Es decir, se aferra a la fuerza del recuerdo, a algo que ya no es. No vive en el presente como una evasión que le permite seguir viviendo en esas condiciones de marginalidad, de pobreza. El pasado está perdido fatalmente. El futuro no asoma por ninguna parte. Está entonces en una frontera peligrosa, más allá del cual sólo le espera la destrucción.  Desde el fondo de esa soledad sin consuelos, desde ese estricto  desamparo, desde esa otra orilla, el personaje logra establecer un vínculo con uno de los guardianes del edificio. No para que le conecte con las novedades de la ciudad de allá abajo, ni para que le haga los mandados en ese su aislamiento radical, sino como un simple recurso de acceder a algo del sustento diario. Entre ambos no hay saludos, no hay palabras, como si la comunicación fuera un estorbo o algo inútil. En un acuerdo tácito logran relacionarse como aniquilando el persistente muro que se impone entre ambos.   Desde ese fatídico último piso, desde ese suburbio aéreo, se puede ver la ciudad y su hervor diurno o nocturno, se puede ver el río de siempre que no vuelve, se puede ver el monte que se inicia, y desde luego, se pude ver el cielo sin estorbos. Desde allí no se puede ver, entre la gente que va y que viene, que se ajetrea o se demora, a la mujer que ha perdido la razón y que deambula por las calles centrales. Ella tiene el rostro que el solitario personaje pinta. Una historia oculta entre ambos asoma entonces. Ese ser también es una paria, una abandonada que se tortura con sus sueños frustrados, con lo que pudo ser y no fue. En su deambular no tiene rumbo. Entonces, el ser perdido en el piso final y el ser perdido en el suelo o en el mundo de abajo, se igualan en el lamentable destino del paria, en el aislamiento, en la incomunicación, en la dura soledad de todos los días.  Ambos no se encuentran nunca y acaban viviendo cada uno su propio drama.

En el centro de una ciudad celebrante y divertida se desata, pues, un drama de soledad y de oprobio, de abandono y de dolor. La periferia ha contaminado el centro. No hay salvación para esa pareja desolada, ni castigo para los que se han beneficiado con la venta de ese edificio, algunos de los cuales han conspirado para acabar con el personaje que alguna vez estuvo en la construcción de esa obra trunca. En medio de la algarabía de los demás, en medio de la parranda ajena, el paria del edificio vetusto decide poner fin a sus días deplorables. No soporta más esa existencia desgarrada. La medida extrema, el arrojarse al vacío desde ese último piso,  es como un cuestionamiento a la urbe convencional y turística, a la ciudad de festejos y de inauguraciones. Así el refugio final del paria no es ese lugar equívoco, no es la reivindicación tardía de su vida lisiada. Es la rotunda verdad de la muerte.

Link: El cine hecho en Iquitos

Imágenes cómo lució el día de ayer Multicines Iquitos para las funciones de El último piso. Las últimas 4 funciones (se adicionó una debido a la demanda) se agotaron desde las 6.30 de la tarde.

NE: Critica sobre El Último Piso, realizada por analista y opinologo Giaancarlo Scavino, publicado el día de hoy en el diario Pro & Contra de Iquiotos, en la misma línea de lo señalado por el editorial del diario La Región del día viernes 19 luego del avant premiere de la película, que se estrenó comercialmente este jueves 18 en Multicines Star de Iquitos y lidera hasta el momento la taquilla en la ciudad este fin de semana, con un repunte significativo de asistencia el día domingo, y venciendo a blockbusters de Hollywood como El hombre lobo, Percy Jackson, Papás a la fuerza y la notable Bastardos sin gloria

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Creo que te va a gustar”, escuché decir a Dorian Fernández, director de la película loretana “El Ultimo Piso”, una de las películas más interesantes y mejor logradas del cine loretano en mi modesta opinión.

El film de Dorian adquiere uno de los matices más innovadores para el cine de nuestros tiempos: color, relato y música, todas enfundadas en la más lograda de las producciones realizadas por gente de nuestra tierra.

Un sueño, sí, un sueño que no dejó de gestarse y  que inclusive se sueña, pero despierto. Ese sueño es el que tiene Dorian Fernández y que contagia a todo su equipo: “El hacer cine en Iquitos”. Ahora resulta desde la mente innovadora de su director-soñador la mas completa realidad, que permitirá convertirse sin ánimos de equivocarme y sin ningún ápice a floro y franela, esta película,  en la llave de la carrera de un sueño de hacer cine en provincia a pisar platos de producción de mayor rango y nivel profesional.

“El último piso” es la historia de tres personajes que miran la vida, la muerte y el conflicto socio-personal de la existencia en un cuadro rítmico, colorido y con sustento de alma, de sentimiento, sobre todo cuando en la narración se expresa con cada sinfonía el texto de un poema hecho imagen y adornado con la magnificencia que nos regala una ciudad como Iquitos que se postra placidamente a contribuir en la película como un cuarto personaje, no menos importante, sino por el contrario a lo antagónico en un complemento indispensable al momento de la proyección.

Con el guión de Paco Bardales y la música del mismo director, “El último Piso ” tiene un sabor a éxito que desde mi punto de vista combina con el excelente trabajo actoral de Duller Vásquez, Gladys Vásquez y Joel Huamán, al filo cumplidor de una dirección teatral, casi perfecta. Lo claro de un trabajo como el que vimos (o podemos ver) no seria posible sin el apoyo del gran equipo que acompaño a Dorian en este sueño, ya  hecho realidad, jóvenes del Taller Revolución Visual organizado el año pasado por AUDIOVISUAL FILMS, aquellos de Chullachaqui, pero que ahora muy bien nombraron a sus talleres de cine REVOLUCION VISUAL, porque desde el trabajo primigenio de la leyenda del “diablillo de la selva” dieron una revolución profesional al momento de filmar y producir una película como EL ULTIMO PISO.

Es impresionante ver cómo el cine de autor (cine independiente) se expresa con la delicia de los formatos audiovisuales bien trabajados técnicamente, calzados en la absoluta frialdad de hacer arte plasmando desde la literatura, la música, la pintura, el teatro y la danza en una sola expresión fílmica. Eso es lo maravilloso del cine, que nos reúne mucho arte en uno solo, nos arranca de nuestra realidad por una, dos o tres horas y nos sumerge en el placer de ver arte, cultura, el abrirnos la mente a ideas o propuestas que enriquecen nuestra visión hacia el futuro, nos lleva al compromiso y a la preocupación de desarrollar nuestras actividades con mayor relajo y creatividad. Esa es la ventaja del cine de autor, del cine que proyecta películas como EL ULTIMO PISO.

El Ultimo Piso, película loretana en formato de mediometraje, simboliza lo descrito líneas arriba, recomiendo ver la película y plasmarse la critica más aguda posible, no crean que irán a ver fantasmas ni terror, mejor aún, se involucrarán como espectadores en una historia peculiar pero a la vez tan cercana a nosotros, los loretanos,  y que al margen de los resultados después de verla, podrán decir por lo menos (si no les gusta) que cine en nuestra tierra sí es posible realizar.

Una de las novedades que trae al cine amazónico el filme El último piso es la realización de una banda sonora original, con música incidental creada especialmente para el mismo.

La BSO fue creada por el también realizador del filme, Dorian Fernández, y cuenta con el apoyo en la ejecución de los miembros de la Orquesta Sinfónica de Loreto, dirigido por el músico loretano Fernando Córdova, así como con la presencia de los músicos Daniel Manrique y Roy Sánchez, entre otros.

9 son las piezas creadas para El último piso, de corte clásico, con ejecución instrumental mayoritariamente compuesta de pianos, instrumentos de cuerda como el violín o el chelo, así como platillos y oboe. Las mezclas y el trabajo de post producción de las canciones fueron realizadas por Dorian Fernández.

Estas son los nombres de las nueve ejecuciones que forman la banda sonora de El Último Piso

1.- Historias

2.-Amanecer

3.- Lienzo I

4.- Lienzo II (extended versión)

5.- Pintor

6.- Habitación I

7.- Habitación II (versión para piano)

8.- Caminar

9.- Juicio Final

Para quienes quieran escuchar una versión de Lienzo (versión para piano) vayan a este link:

Lienzo (El último piso BSO)

Además, hay que recordar que en el trailer original de El Último Piso se ofrece un extracto de Historias.