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Por: Fernando Nájar

UN ABUSO

La intención del expulsar de la selva peruana al ecologista inglés, Paul Mc Auley por sus ideas, en este caso por defender el medioambiente amazónico y los derechos de los indígenas, es un indicio que la libertad expresión, la que custodia todas las demás libertades, está entrando en una etapa crítica en el Perú.

Recibir un plazo de siete días para sus descargos legales, luego de estar viviendo más de 20 años en el país, es tan atentatorio, injusto y hasta obsceno; un retroceso hacia los tiempos del fujimontesinismo. Mc Auley apenas tuvo tiempo para presentar un Habeas Corpus que le salvó de una expulsión inmediata. Seguirá en el Perú en tanto prosiga un proceso judicial.

Cuál fue su pecado? ¿Señalar que las petroleras contaminan los ríos y los bosques? ¿Revelar que cientos de indígenas presentan signos de intoxicación con cadmio, plomo y arsénico? ¿Opinar sobre el baguazo? ¿Informar el remate de extensos bosques con una serie de vicios legales? ¿Anunciar que Herman Pezo ubicó su botadero en una reserva natural? ¿Lidiar con un alcalde desmesuradamente inculto y super nada para Iquitos?

La lógica de este ciudadano inglés frente a la acusación del Estado Peruano, es que, siendo misionero de una congregación católica, defendió el medio ambiente bajo los postulados del último Concilio del Vaticano, que señala expresamente: destruir la ecología, es un crimen. Si el Perú es un país de credo católico, no podría entonces desconocer lo que establece el Vaticano.

El modo de cómo intentaron desterrar al ambientalista, demuestra que el Gobierno de Alan García no reconoce la existencia de una poderosa corriente de voluntades que lucha contra el deterioro del ecosistema mundial. Es una fuerza impresionante, tiene cada día presencia y espacio en los convenios, tratados y políticas de gobierno. Dentro de esa corriente se encuentra la cooperación internacional.

ALGO QUE SE VENIA

Si defender la Amazonia del saqueo es un delito; si denunciar la violación de los derechos humanos de los indígenas es quebrantar la ley y la seguridad del Perú; entonces, según la “lógica” del Gobierno Peruano, la expulsión de este misionero era expeditiva desde el 2005

Por esos tiempos desbarató una comisión especial, que presidida por el entonces vicepresidente regional, Víctor Isla Rojas, intentó concesionar unas 400,000 hectáreas de bosques maderables, incluyendo comunidades indígenas y biodiversidad existente, con precios irrisorios a unos cuentos poderosos que utilizaban testaferros.

De igual modo no pasaron por alto, ni fueron archivados, los documentos acusatorios o acusetes enviados el 2006 al Ministerio de Relaciones Exteriores por el señor Joaquín Planas Morelli.

Decía en las cartas este dudoso toledista , que fungía entonces de Prefecto de Loreto, que “el misionero Mc Auley era un “elemento perturbador” y un personaje “que crea un clima adverso a las inversiones petroleras en la Amazonía peruana”. Mc Auley había descubierto que este personaje hacía continuas visitas a una cuestionada empresa petrolera.

CASO DE ANDOAS

Cierta mañana de diciembre del 2009, en el café Aris burger de la Plaza de Armas de Iquitos, un abogado vinculado al oficialismo de turno, amigo nuestro, nos decía: ” que este padrecito, el Hno. Paul, hace rato que está en la mira del gobierno”.

Según el letrado, Mc Auley había sido el artífice técnico para que la Corte Superior de Justicia de Loreto determine ( el 9 de diciembre del 2009) la inocencia de 21 indígenas acusados de asesinar al PNP Jaime Reyna Ruiz en marzo del 2008 durante la toma del lote petrolero AB en Andoas, la veta de oro de la Pluspetrol.

Cierto, Mc Auley demostró ante la opinión pública, cual eximio investigador televisivo, que las denuncias del Ministerio Público, de la Policía Nacional y de la propia Pluspetrol, carecían de sustentos para acusar a los achuares y kechuas que se rebelaron exigiendo puestos de trabajos a la empresa petrolera. Inclusive trajo consigo evidencias del asesinato deliberado de un indígena que nunca se investigó.

Desde entonces ha estado en la mira de un gobierno centralista desvinculado de Loreto y lujurioso de ofertar la Amazonía. La ONG. Amazon Wach confirmó por estos días que Mc Auley era seguido de cerca por el Estado Peruano, se entiende por la policía secreta peruana.

CONTRA LOS 78 DERRAMES PETROLEROS

Los responsables de la Pluspetrol, los que podrían haber influenciado en la decisión alanista, también lo tienen jurado contra este misionero que ha estado denunciándoles por la contaminación y continuos derrames petroleros en los ríos Corriente, Tigre, Pastaza, Morona y afluentes.

El último derrame, de 400 barriles en el río Marañón, es una raya más al tigre porque nadie en Iquitos dice algo. A Mc Auley le han entretenido con el cuento de la expulsión.

Según el semanario limeño “ Hildebrandt en sus treces”, la Pluspetrol ha provocado 78 derrames petroleros en la selva peruana, sin que hasta ahora nadie atine “patearle el trasero”, como expreso textualmente el Presidente norteamericano, Barak Obama, en alusión a la British Petroleum (BP) responsable del derrame petrolero en el Golfo de Mexico.

Obama no sólo pateó técnicamente el trasero de la British Petroleum, la que pagará una indemnización cercana a los 30 mil millones de dólares por daños y perjuicios, sino que ha suspendido todo los proyectos de exploración petrolera marítima.

En el Perú, los mandatarios coquetean con los contaminadores. La minera Doe Run, que convirtió a la Oroya en uno de las cinco ciudades más contaminadas del mundo, pide prorroga para paliar sus daños a lo largo de 700 años. Pluspetrol, operador de Camisea, que tiene como salín (almacén de sal) al río Corriente está anunciando una inversión de 3,016 millones de dólares para el 2012. A ellos, ni el pétalo de una rosa.

DESPEJANDO EL CAMINO PARA EL HORTELANO

En esa “cosmovisión” de ofertas y demandas de los recursos naturales de la selva peruana, un personaje como Paul Mc Auley es un advenedizo para los “intereses comerciales” del Estado, un obstáculo para cualquier defensor del “Perro del Hortelano, el proyecto económico más depredador de la historia.

Si damos crédito al documento del Ministerio del Interior, entonces todas las ONGs internacionales establecidas en el Perú, defensoras del medio ambiente y de los derechos indígenas, estarían también en el riesgo de que las expulsen en cualquier momento del país.

Claro está, desde el baguazo del 2009, el gobierno intenta deshacerse de todos aquellos que intente interrumpir sus cuestionadas concesiones de los recursos naturales de la selva peruana, desconociendo tratados y convenios internacionales.

Si todo aquel que se oponga al perro del hortelano, puede ser considerado como un elemento perturbador contra el Estado Peruano, por lo tanto sujeto al fueron judicial; no cabe duda que estamos entrando a un ciclo de oscurantismo. Hoy le toca a los ambientalistas. Como dice José Álvarez Alonso, el alanismo está hoy en la caza de ambientalistas.

En el caso de Mc Auley, la gota que colmo el vaso, la que provocó la desesperación de los mercadotecnitas de Lima, los que tranzaron exitosamente en lotes petroleros el 70 % del territorio amazónicos, habría sido la denuncia del misionero inglés sobre la nueva Ley Forestal, plagada de vacios, como se observa en la web de la Red Ambientalista, http://www.redambientalistadeloretana..

El ambientalista está chocado con grandes poderes. El mismo declaró esa posibilidad a la prensa internacional. Con la nueva ley Forestal, el Estado tiene la libertad absoluta de concesionar extensas aéreas de bosques que estarían destinados al monocultivo. Se entiendo que es para la obtención de bioetanol, un proyecto privado que está creado conflictos sociales, como sucede en Alto Amazonas

Finalmente, la orden de expulsión del país del ambientalista británico, Paul Mc Auley mortifica, molesta de sobremanera a todos aquellos que perciben que la Región Loreto está ingresando, en términos ecológicos y económicos, a una etapa de riesgo y devastación.

Lo quieren excluir porque saben, los del Gobierno, que Loreto no tiene casi a nadie quien lo defienda para este tipo de vandalismo: la destrucción de su ecosistema.

Mc Auley está por ahora libre de la expatriación, el alanismo no calibró las consecuencias, provocó una controversia en Iquitos, de la que está saliendo mal parado.

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La misma historia de siempre: un personaje decide levantar su voz de protesta contra los atropellos perpetrados de forma oficial o bajo el manto de la participación privada y de cierto modo, termina maniatado, reducido, pulverizado por la maquinaria del orden establecido. Da igual si este personaje es un hombre respetado por la comunidad en que le ha tocado interactuar, que haya defendido constante e indesmayablemente las reivindicaciones, legítimas y legales, que tiene la propia comunidad.

El Ministerio del Interior ha emitido la resolución ministerial 0571-2010-IN, que establece la cancelación de la residencia peruana de Paul Mc Auley, ciudadano británico, miembro de la congregación de La Salle, director de la Red Ambiental Loretana. Una noticia demasiado preocupante, que hiere la sensibilidad de una población que usualmente lo ha visto más cerca de la defensa de sus derechos que de aquella extraña y muy genérica figura de “alteración del orden público”.  Además, a todas luces es considerada como una provocación por un gran sector, pues tiene toda la apariencia de un dardo dirigido arteramente hacia el corazón mismo de la estructura social de la movilización amazónica.

Nos preocupa que entre los motivos que se argumentan para expulsar a Paul Mc Auley  se incluyan apartados de un atestado policial, y que este documento mencione la participación en marchas de protesta o la pertenencia a una organización de defensa de los derechos ambientales como potenciales amenazas a la seguridad y la soberanía del país. Es como si, de un momento a otro, por lo menos un considerable, por no decir mayoritario, espectro de la población amazónica fuera sospechoso y estuviera en el ojo de las sospechas de los miembros de Seguridad del Estado.

Paul Mc Auley no tiene procesos judiciales pendientes por este tipo de acciones. Pero sí una experiencia de servicio a causas indígenas y medioambientales desde hace más de 20 años. Su presencia en el Perú ha incluido acciones tan nobles y generosas como el contribuir decididamente en la creación del colegio Fe y Alegría, en un asentamiento humano de Lima. Además, interactuar con grupos de voluntarios y empresarios extranjeros que dinamizaron el intercambio comercial de productos que realizaban los jóvenes peruanos, para ser vendidos luego en tiendas de Londres y con ese dinero ayudar a su educación y sostén personal o familiar.

Su presencia en la Amazonía ha sido decididamente cercana a los sentimientos y demandas de esta región. Ha participado en la protección, defensa y organización de estrategias legales y humanas para aliviar la contaminación de los bosques y comunidades. Ha promovido estrategias de recuperación de los espacios indígenas y su revaloración frente a algunas acciones abusivas de empresas extractivas o incapaces de parte del Estado. Una de sus medidas ha sido brindar cobijo y hogar a muchos de los indígenas que han tenido que llegar hacia Iquitos.

Desde la Red Ambiental Loretana, Mc Auley ha generado conciencia sobre la importancia del medio ambiente, además crear toda una estructura pedagógica, científica o informativa, a fin de que los mismos no sean alterados o destruidos parcial o absolutamente. Para ello, no ha tenido reparos en poner la cara y acusar por igual a todos los responsables, sin distinción de color político o sesgo económico.

Esa integridad lo ha llevado, por cierto, a ser blanco de ataques, satanizaciones y amedrentamientos que, en todo caso, no habían llegado a un nivel tan crítico y lamentable, como el que ha generado el gobierno peruano con una decisión que nos parece excesiva, ilegítima e impertinente. En mucho tiempo no se ha visto en el país una  expulsión de un ciudadano extranjero alegando razones políticas, mucho menos de un religioso. Pero, sobre todo, es extraordinario que el gobierno canalice esfuerzos en quitarle la residencia a un hombre muy querido y respetado, que ha trabajado con organizaciones del mismo Estado para apoyar a los ciudadanos amazónico, que ha actuado desde la legalidad impuesta por el mismo Estado para demostrarle que aún existen injusticias e irregularidades que deben ser canalizadas o superadas.

En tanto, la solidaridad integral con Paul Mc Auley en la comunidad amazónica demuestra que se puede neutralizar momentáneamente a uno de sus miembros, pero no se pueden paralizar las causas globales y generalizadas de un pueblo.

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Mis amigos Isaac Ocampo y Alberto Chirif comparten algunas notas que me han tenido pensando, reflexionando y analizando nuestra realidad amazónica en estos días de San Juan.

Isaac Ocampo, que es un tenaz y constante difusor de la cultura amazónica en su web Lorito.com.pe digitaliza una nota fechada en 1978, donde Alfonso Navarro Cauper,  bitácora viviente de la historia loretana del siglo XX, cuenta un poco los detalles de la celebración de San Juan en nuestra región.

En la nota, titulada “La Fiesta de San Juan Bautista, Patrón de Iquitos”, publicada el 23 de junio de 1978, Navarro Cauper nos cuenta algunos datos poco conocidos por el grueso de la colectividad. Por ejemplo menciona que desde los primeros años del presente siglo se organizaron en San Juan, aparte de la festividad religiosa, “alegres y divertidas fiestas sociales y populares amenizadas con pifano (especie de quena pequeña), tambor y bombo, para más tarde añadir el clarinete, la flauta, la concertina, el acordeón y la guitarra, y, seguidamente con orquestas de diversos instrumentos musicales”. También recuerda el recorrido que se hacía entre Iquitos y el primitivo San Juan (que estaba situado hace tres décadas a la altura del fundo Guayabamba, más tarde fue trasladado kilómetros más allá del Sur de su antigua posición), a pie, a caballo, a mulo, bicicletas y carretas. El cronista recuerda, además, a “gallardos jinetes montados en briosos corceles, como también mulos, que añadían a la romería un alto grado de distinción”. Puntualiza que la música nativa era interpretada constantemente, y sus variantes más bailadas eran el chimaichi y el citaracuy, mientras otras danzas convocadas eran la marinera, el vals, la polca, la mazurca, la samba y el maxixe brasileños.

Según Navarro Cauper, puntilloso y preciso en el dato histórico, la confirmación oficial de la festividad de San Juan Bautista, partió de la ordenanza del 15 de mayo de 1919 expedido por Monseñor Sotero Redondo y Herrera. Obispo de San León de Amazonas. En tanto, la Municipalidad de Iquitos tomó acuerdo señalando feriado el 24 de Junio, quedando instaurada la festividad y el patrón del pueblo de San Juan de aquél entonces. Muestra el caso del prefecto Temístocles Molina, quien en 1927 dispuso que no se considerara feriado dicho día. Igual, el pueblo celebró y se zurró en la disposición de dicha autoridad (militar, para más señas). El 9 de junio de 1956 se expidió un Decreto Supremo declarando feriado en Iquitos, refrendado por el Decreto Supremo Nº 32 del 9 de junio de 1965, que dice: “Declárese feriado en el Departamento de Loreto el día 24 de Junio de cada año, con motivo de celebrarse la tradicional fiesta de San Juan”

No me imagino ahora una celebración como las de antes. No me imagino antes una celebración como ahora, donde los puntos más altos serán los señores de grupos tan “magníficos” y “maravillosos” como Adammo y Líbido.

Alberto Chirif (gran analista de temas amazónicos, que hoy se presenta en un necesario debate sobre Bagua con los congresistas Lombardi e Isla), en cambio me hace recordar un drama cotidiano, infelizmente: el de los pobladores de la zona de Saramuro, distrito de Urarinas, bordeando la reserva Pacaya-Samiria, donde se han vertido 400 barriles de petróleo al río Marañón y se ha generado un grave daño ecológico y social.  Este drama, que no es de ahora y que ha sido negado por los responsables coyunturales, ha sido groseramente minimizado por el ministro de Energía y Minas, Pedro Sánchez, quien ha dicho que la cantidad vertida a las aguas “no es para alarmarse”, e incluso del mismo Ministro del Ambiente, Antonio Brack, oxapampino de nacimiento y supuestamente interesado en los temas que se refieren a nuestra selva.

Chirif comparte conmigo un manual sencillo pero imprescindible para entender algunos temas culturales desde el  pensamiento  del  pueblo  indígena  kukama  kukamiria, habitantes de la zona del derrame, escrito por los sacerdotes Miguel Ángel  Cadenas y Manolo  Berjón.

Algunas cosas valiosísimas son reproducidas, como una forma de entender por qué accidentes como el sucedido hace unos días son graves atentados a la forma de vida de una colectividad. Por ejemplo, los  kukama–kukamiria  piensan  que  cuando  una  persona  se  acuesta  con  sed,  su  cabeza  sale  del  cuerpo  en  la  noche  para  tomar  agua. También el que todo  ser  vivo  tiene  “madre”.  Estos  espíritus  forman  parte  de  la  vida.  El  ruido  y  la  contaminación  provocan  la  huida  de  las  “madres”  que  retirarán  a  los  peces. Por otro lado, bañarse  no  es  únicamente  “meter el cuerpo, o parte de él en el agua o en otro líquido, por limpieza, para refrescarse o con un fin medicinal”, sino entrar en comunión, habitar con la luna.  Para los kukama,  la  luna  es  agua.

Acotan Cadenas y Berjón: “la población  del  Marañón  no  ha  tenido  agua  potable.  Ni  la  Pluspetrol,  ni  las  autoridades  han  cumplido  con  un  servicio  humanitario  básico.  Algo  que  no  se  debería  negar  ni  a  los  enemigos.” Del mismo modo, comentan todas las plantas afectadas por la contaminación, que tienen importancia gravitante para la salud de la comunidad, como la guama, el gramalote, el putu putu, el ipururu. Se  han  encontrado  peces  muertos  con  las  branquias  machadas  por  el  crudo.  Finalmente, los autores recogen una frase vital del  líder  Indígena  kukama  Alfonso  López  Tejada:  “no  estamos  dentro  de  la  Reserva  (Nacional  Pacaya  Samiria),  la  Reserva  está  dentro  de  nosotros”.

Luego de leer todo esto, mi pregunta es simple: ¿Cuánto hemos hecho para mantener la tradición y la historia viva dentro de nuestras mentes y nuestros corazones?

¿Cómo habrán pasado las festividades de San Juan las 28 comunidades afectadas por el derrame de crudo?

¿Cuánto nos habremos acordado de aquellos, ciudadanos de provincia lejana, descendientes indígenas, mientras comíamos opíparamente y nos llenábamos de alegría sobredimensionada mientras la chiquititud se engolosinaba con los empalagosos de Ádammo y Líbido y el resto bebía cerveza por doquier?

¿Cómo será tomar cerveza e imaginar que loretanos como uno han visto su medio de vida ser pervertido por una mancha voraz, mortífera?

¿Cómo será tomar agua potable mientras en Urarinas no hay agua potable y ahora tampoco hay agua de río limpia para tomar?

¿Cómo será hoy celebrar San Juan en Saramuro? ¿Cómo será?

Extra: El reportero gráfico Teddy Arrué publica en Pro & Contra una serie de imágenes sobre las consecuencias del derrame en el río Marañón. Aquí algunas de las imágenes captadas por Arrué (la de arriba también es suya):

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José Álvarez Alonso es uno de los más importantes y agudos analistas de la realidad amazónica nacional. Es master en Ciencias, biólogo de profesión e investigador del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP).  ha ganado importantes galaradones por su permanente trabajo de difusión e investigación en la selva, tanto en sus variantes humanas y ambientales Asimismo, es un lúcido y vehemente columnista de  temas amazónicos en los más importantes medios de comunicación, nacionales e internacionales.

Aquí sus impresiones sobre la tragedia de Bagua y los vaivenes de la problemática Amazónica, que no se acaban en una fecha ni tienen aún panorama concreto y real de solución:

¿Cuáles crees fueron las causas de los sucesos de Bagua del 5 de junio pasado?

Las causas inmediatas fueron obviamente (está en todos los documentos y reclamos indígenas) el paquete de decretos legislativos dados por el ejecutivo al amparo de las facultades extraordinarias otorgadas por el Congreso para facilitar la implementación del TLC. En ellos vieron los dirigentes indígenas, por un lado, una violación flagrante del derecho a la consulta previa, consagrado en el Convenio 169 de la OIT, y por otro un intento de debilitar sus derechos de propiedad territorial en la Selva y una estrategia para impulsar la privatización y el otorgamiento de grandes concesiones a inversionistas privados.

Las causas mediatas son mucho más profundas, y tienen que ver con la marginación, el abandono por parte del Estado, y el empobrecimiento creciente y la falta de oportunidades para los indígenas. De acuerdo con cifras oficiales del INEI, mientras los índices de pobreza y pobreza extrema han disminuido en el Perú en alrededor de 1% durante el 2009, pese al decrecimiento económico producto de la crisis económica global, en la Selva se incrementaron significativamente: en la Selva urbana la pobreza creció 1.2 puntos porcentuales (de 31.3%  en el 2008 a 32,5% en el 2009), y en la Selva rural hubo un incremento de 8,3 puntos porcentuales (de 49,1% en el 2008 a 57,4% en el 2009). Incluso en la Sierra, los niveles de pobreza disminuyeron de 56,2% en el 2008 a 53.4% en el 2009. En mi opinión, si los indígenas hubiesen estado económicamente contentos y tuviesen buenos servicios de salud, educación, etc., aunque hubiese ocurrido el despropósito de los decretos legislativos inconsultos, no hubiesen reaccionado con tanta vehemencia, cortando ríos y carreteras por meses.

¿Cuáles son los errores que se siguen cometiendo al momento de entender o diagnosticar la Amazonía desde el Estado oficial?

Primero, no conocer la realidad ni lo que realmente piensan los indígenas, y no preocuparse mucho por conocerla. Segundo, seguir insistiendo en imponer modelos de desarrollo diseñados para otras realidades, o para satisfacer intereses de particulares, pero no acordes ni con la realidad socioambiental de la Amazonía, ni pensados en función de sus demandas. Tercero, satanizar a las organizaciones y a los dirigentes con calificativos fáciles de “politizados”, “manipulados”, “mesiánicos”, etc., y tratar a los indígenas como indigentes mentales, incapaces de analizar sus problemas y tomar decisiones sobre su futuro.

¿Cómo ves ahora la actitud del país con respecto a la Amazonía a raíz de lo de Bagua?

De desdén, desinterés y, como mucho, curiosidad folcklórica. Sólo una minoría de personas siguen pendientes de lo que pasa en la Amazonía y sobre la problemática indígena. La mayoría de la población no amazónica, y buena parte de la población amazónica urbana, lamentablemente, están más pendientes de los escandaletes del choliwood limeño, del asesinato del mes y del Mundial de Fútbol. El tema indígena dejó de ser noticia para la prensa, más interesada en vender sangre y escándalos que en educar e informar. Cuando aparece una noticia sobre los indígenas ocupa un espacio minúsculo en una página secundaria. Se cumple lo que dijo un líder indígena en la mesa de diálogo en Lima: “Los indígenas tenemos que matar y dejarnos matar para hacer noticia, para que nos tomen en cuenta”.

¿Podría volver a ocurrir otro Baguazo en la Amazonía?

No en el sentido y dimensión del ocurrido el 5 de junio, los indígenas con los que he interactuado desde entonces (más de 100 dirigentes, quizás, de todo el país) están en contra de la violencia y han percibido que por ese lado el camino se agotó. Es seguro, sin embargo, que seguirán los conflictos “de baja intensidad”, como reacción a la falta de atención del Gobierno, a las políticas de apertura indiscriminada a la inversión foránea en la Amazonía sin participación real indígena, etc. etc. En varias zonas los indígenas siguen en pie de lucha, pacífica pero lucha, para frenar el avance de las compañías petroleras, mineras, madereras, de biocombustibles. El conflicto sigue, pero en otro campo, más político y mediático.

¿Cuáles deben ser los cambios urgentes en las políticas para evitar en el futuro que en la Amazonía puedan generarse conflictos aún más grandes que en Bagua?

Debe haber reformas integrales. La solución a los problemas de los indígenas amazónicos no está en proyectitos de créditos agrarios por aquí, núcleos ejecutores por allá, una posta médica acullá, y una escuelita más allá. Cuando he preguntado a los indígenas si creen que algo va a cambiar con lo que se ha negociado en Lima, habida cuenta que el Gobierno cumpla los acuerdos de las mesas, la absoluta mayoría me expresó que no. El pesimismo es general, la mayoría no espera del actual gobierno nada, y esperan que algún futuro gobierno haga las reformas radicales para que ellos puedan acceder a los beneficios de un desarrollo sostenible y con identidad. Eso incluye, además de reformas legales, inversión en gran escala, para frenar el empobrecimiento creciente y la degradación también creciente de sus ecosistemas: el año 2009 creció la pobreza en la zona rural amazónica en 8.3%, mientras en el resto del Perú disminuyó un 1% en promedio.

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Del 21 al 24 de junio, coincidiendo con las festividades amazónicas de San Juan, Iquitos se convertirá en sede del 1º Festival del Libro y la Lectura Verde, organizado por el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP) y auspiciado por diversas instituciones. Una oportunidad inédita en actividades culturales en Loreto.

El objetivo del festival de la lectura verde, además de celebrar la Fiesta de San Juan, es presentar un espacio de comunicación científico alternativo, de sensibilización y practica de los conceptos de ecoeficiencia y sostenibilidad, como demostración de amor a la naturaleza, socializando los resultados de investigación atesorados en nuestras instituciones informativo documentales amazónicas, para una cultura de cambios, a favor de una mejor calidad de vida para todos.

El Festival, tiene previsto desarrollar: 1) Un programa científico académico: Ciclo de Conferencias dirigidas a profesionales de la información (Bibliotecarios, Documentalistas, Archivistas y Museólogos); 2) Un programa Expolibros y video de Cine Verde, cuyo temario estará dedicado principalmente a los temas de Cambio Climático, Ordenamiento Territorial y Ambiente; Manejo de Bosques y Servicios Ambientales, Agua y Recursos Acuícolas, Biodiversidad Amazónica, Cultura y Economía Amazónicas, así como Información, documentación y comunicación ambiental, y; 3. Un programa cultural verde con módulos bibliotecarios itinerantes, presentaciones de libros, exposiciones, visitas guiadas, ecoferias entre presentaciones de discos y el festival de trova 2010.

El suplemento El Dominicial del diario El Comercio, presenta un reportaje sobre el Festival, además de notas al coordinador general del Festival, Luis Gutiérrez, y a este escriba.

“La principal característica —nos dice Luis W. Gutiérrez, presidente de la comisión organizadora— es insertar en las fiestas de San Juan el tema del ambiente”. Para Francisco Bardales, escritor iquiteño y gestor cultural, vivir en carne propia esta iniciativa es motivo de alegría, si se tiene en cuenta que el festival se ha gestado gracias al apoyo privado: “Un festival del libro en Iquitos, donde las autoridades han decidido cerrar apoyos a la cultura, de por sí ya es una iniciativa noble que fomenta el espíritu de reflexión y cuidado de nuestros ecosistemas en la lucha contra el acelerado proceso de destrucción de nuestro planeta”.

¿Cómo definiríamos la lectura verde? “Es la capacidad de comprender los contenidos ambientales que acopian, describen y difunden las bibliotecas y los centros de documentación”, explica Gutiérrez, quien junto a un gran grupo de personas e instituciones comprometidas, pretenden con esta iniciativa realizar acciones para alcanzar la ansiada conservación de los recursos naturales.

Algunas de las actividades prevista para el 1º Festival del Libro Verde son las siguientes:

21 al 24 de junio Presentaciones de libros y revistas

21 junio, 5 p.m. Libro “Recuerdo de Iquitos” de Christian Bendayán.

22 junio, 5 p.m. Revista “El Manguared” y revista virtual “El Heraldo Amazónico”.

23 junio, 5 p.m. Publicación “El libro de los niños de la calle”, de Brenda Goodchild.

24 junio, 5 p.m. Revista científica “Folia Amazónica”.

AUDIOVISUALES
23 junio, 6 p.m. Presentación del disco “Livros” de Jaques Morelenbaum y Caetano Veloso.

ELENCO TEATRAL
“Retablas: Ecoteatro con-ciencia”

24 de junio, 6 p.m. Primer recital de trova amazónica.

Presentación del disco “Bosque adentro” de Mario Pinedo e invitados.

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Los bufeos colorados son una de las especies más raras y fascinantes de la Amazonía. Mamífero acuático de gran joroba y pico prominente, que puede superar los dos metros de largo y llegar a pesar ciento cincuenta kilos en su adultez. En la actualidad no es muy común avistarlos. Cuentan algunas personas que cuando es posible verlos, navegando en ríos, uno debe cerrar los ojos y pedir un deseo. Son considerados animales muy inteligentes, cariñosos, aunque las leyendas populares también los retratan como criaturas que tienen el poder del encantamiento o la transformación.

Algunas semanas atrás, una noticia que dio la vuelta al mundo dio cuenta de que por los menos 200 delfines habían sido envenenados y asesinados  en la provincia de Requena.  La modalidad, al parecer es el del  envenenamiento. Algunos pescadores amazónicos echan peces con barbasco (una ponzoña bastante  efectiva y dolorosa al ser consumida) a peces previamente muertos, los cuales son engullidos por los delfines rosados. La muerte de cualquier persona cuando es envenenada no sólo es horrible, sino muy cruel. Del mismo modo sucede con un animal.

Se ha señalado que existe un equipo multisectorial que investigará los hechos. Si bien esta matanza es considerada un delito ecológico, también es cierto que en muchas zonas amazónicas hay un profundo desconocimiento de la ley. Casos como este se repiten constantemente, no sólo con bufeos colorados, sino con diversas especies. Y no son sólo cazadores furtivos o inescrupulosos comerciantes. También algunos pobladores de comunidades ribereñas, quienes, en teoría, deberían ser los primeros en defenderlos. En el caso de estos bufeos, la causa era que “se robaban los peces”.

Podría decirse que esta es una terrible situación esporádica, un accidente negativo que se queda en la anécdota. Lamentablemente no es así. Hace un par de años, cuando visitaba la sede del proyecto ACOBIA (un esfuerzo digno de encomio que consiste en recuperar mamíferos acuáticos en situación de orfandad y darles atención y refugio), conocí a Nemo, un bufeo colorado bebé que rescatado de sus captores, que resultaron ser pobladores de una comunidad rural selvática. Nemo era amiguero, jovial y distraído, sólo que tenía el grave inconveniente de haber sido encontrado tarde por los jóvenes científicos del proyecto: el animal iba perdiendo peso paulatinamente, debido a que los nutrientes que le eran brindados en el laboratorio son insuficientes como sustitutos de la leche materna. Ningún elemento artificial, por más efectivo que fuera, puede reemplazar a la alimentación natural. El pequeño delfín llegó pesando 17 kilos y, tres meses después, cuando murió  (no obstante las cuadrillas de biólogos y voluntarios que lo alimentan cada sesenta minutos, mañana, tarde y noche, en horarios que incluyen las noches, madrugadas y climas hostiles), pesaba sólo 6.

Muchas reflexiones me producen las constantes y continuas muestras de maltrato o crueldad contra especies de fauna amazónica. Un par de días atrás, en medio de un álgido debate en el Twitter, un usuario arequipeño me recomendó ver The Cove, un brillante y valiente documental, ganador del premio de la audiencia en el prestigioso Festival de Cine de Sundance el 2009, que retrata de modo muy crudo y literal todos los sufrimientos que padecen los delfines alrededor del mundo. Una de las cosas que más me impactaron fue, sin duda, el clima de horror en que son confinados, así como el excesivo clima de estrés al que son sometidos cuando se encuentran en cautiverio, especialmente en peceras o zoológicos.

Esto me recuerda el caso de Huayrurín, el habitante emblema del parque Quistococha, y el único que yo conozco que se encuentra en cautiverio y exhibición al público. Un periodista de Reportube de El Comercio me preguntaba por qué este bufeo colorado vive en una piscina tan pequeña e incómoda. Esa es la pregunta que yo hago a los administradores.

En verdad, lo de Quistococha es vergonzoso. Siento que ni las condiciones mínimas de confort o de sanidad o seguridad están garantizadas en el parque (me resisto a llamarlo zoológico). Sobre todo, porque a pesar de que es por todos conocidos que este tipo de lugares son como cárceles para animales, y es mil veces preferible que la fauna salvaje se mantenga dentro de su hábitat natural, en algunos lugares (pienso en los zoos de Berlín-Alemania o Bronx-Estados Unidos o el Biopark de Valencia-España) garantizan ciertos niveles de dignidad y vigilancia a sus especies. Acá no, acá se sigue creyendo que los animales son la última rueda del coche, se los alimenta con porquerías (una vez vi que la alimentación regular de un tigrillo era ¡papaya!), se los tiene amarrados, a veces se los maltrata físicamente. Y en este rosario de desatinos se los coloca en espacios espantosos como el que “alberga” a Huayrurín.

Un amigo me comenta que tuvo en su casa un tigrillo. Le digo que no es el lugar más adecuado tener un animal salvaje en casa. Me retruca afirmando que él lo sabe, pero que cometió un terrible error: lo entregó a Inrena. Al poco tiempo, se enteró que el tigrillo había muerto. Alguien que intentar criar un achuni en su hogar es una causa perdida, porque éste tratar de huir apenas pueda. El problema es que en su fuga vaya a caer en manos de estos seres humanos aquejados por la ignorancia y maldad que creen que sus genitales son el afrodisiaco perfecto. Matar a un animal para preparar con sus órganos un brebaje espirituoso es en verdad una tradición bastante retrógrada e inhumana.

En cualquier otro lugar del mundo, la experiencia de salvamento de especies en peligro de extinción o animales amenazados sería objeto de ponderación y aplauso. Porque representa el empeño incesante del talento regional, destinado a recuperar uno de los valores más importantes que tenemos: nuestra riqueza natural. Pero en esta tierra bendita donde las autoridades o los funcionarios universitarios no tienen miramientos en talar árboles a diestra y siniestra, donde los planes de los candidatos contemplan harto cemento y cero educación ambiental, muy poco es lo que podríamos hacer desde ese aspecto. Si es cierto que a veces hay gente que no sabe cómo criar o querer a un gato o un perro, mucho menos va a entender a animales cuyo gran horizonte es la Amazonía entera.

¿Qué hacer? ¿Prevenir? ¿Reprimir? ¿Educar? Quizás todo en uno, y mucho más. He ahí donde se tiene que iniciar la campaña pedagógica y las propuestas técnicas, pero sobre todo la sensibilidad, la sensibilización, la misericordia entre especies de este planeta. Nosotros llevamos la voz cantante.

Los delfines rosados son una de las especies más raras y fascinantes de la Amazonía. También conocidos como bufeos colorados, no es muy común avistarlos. Cuentan algunas personas que cuando es posible verlos, navegando en ríos, uno debe cerrar los ojos y pedir un deseo. Son considerados mamíferos acuáticos muy inteligentes, cariñosos, aunque las leyendas populares también los asimilan con criaturas que tienen el poder del encantamiento o la transformación.

Esta semana, varios delfines fueron asesinados en una laguna, en la localidad de Bagazán, en Sapuena (Requena, Loreto).  La modalidad, al parecer, fue simple: Envenenamiento. Algunos pescadores amazónicos probablemente echan barbasco (una ponzoña bastante  efectiva y dolorosa al ser consumida) a peces previamente muertos, los cuales son engullidos por los delfines rosados.

El resultado es este:

Según el diario La Región; un equipo conformado por gente de la dirección de la Producción, IIAP, ACOBIA y Policía Nacional han aparecido en la zona para investigar. Y si bien es cierto que la matanza es considerada un delito ecológico, también es cierto que en muchas zonas amazónicas hay un profundo desconocimiento de la ley, y de la conciencia ecológica.

El Comercio señala que pobladores de Requena indica que podrían ser hasta 200 los delfines rosados envenenados.

Casos como este se repiten constantemente, no sólo con bufeos colorados, sino con diversas especies. Y no son sólo cazadores furtivos o inescrupulosos comerciantes. También algunos pobladores de comunidades ribereñas, quienes, en teoría, deberían ser los primeros en defenderlos.

¿Qué hacer? ¿Una cuestión de prevención? ¿Educación? ¿Represión? Parece que todas, y más.

En  tanto, los casos pueden seguir repitiéndose si es que no hacemos algo, pronto, muy pronto.

Link: Del antiguo blog Diario de IQT; algunas cosas que quizás interesen sobre el tema:

Salvando a Nemo en Iquitos

Orfanato de animalitos

Nemo Q.E.P.D.

Por la ruta de estrellas y delfines

María y los delfines (cuento de Juan Carlos Galeano)

Yo amo a los delfines (diagnóstico de creencias en Etiqueta Negra)