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el bañodeluna

El trompeador y melenudo Sansón era un gigante de cuidado que acabó derrotado por las tijeras de la astuta Dalila. Convertido en calvo de repente, rapado al coco, perdió su energía brutal, el furor de sus entrañas. Otro que perdió soga y cabra fue un conocido orejón andino que ahora se le compara con el legendario Alejandro Magno, el primero que pensó seriamente en un imperio universal. La dama que estranguló los ímpetus beligerantes de Túpac Yupanqui no usó la estrategia de las emboscadas repentinas, no hizo trampas audaces, ni disparó un solo tiro de escopeta, porque en ese tiempo no todavía se inventaba semejante arma. Fue suficiente que ella sacara de sus adentros su corajuda naturaleza, su enconado carácter selvático. Era el año de 1450, hace 559 años.

 

            La varona de armas tomar, de índole revoltosa,  se llamaba Mamanchic. Era natural de Chachapoyas. En sus buenos tiempos, en su edad dorada, había vivido en el Cuzco, desempeñando una profesión relajada y hasta placentera: concubina del padre de Túpac Yupanqui. En el instante de la entrada del líder serrano, ella frecuentaba la vida retirada, pues se había jubilado de su antiguo oficio. En esas circunstancias fue que aconteció la ingrata noticia de que el conquistador de tantos territorios y vidas avanzaba hacia Chachapoyas con ganas de tierra arrasada, de muerte definitiva para todos los antisuyanos de esa parte del territorio de bosque y piedra. En ese tiempo, los conflictos entre el poder oficial y los Chachapoyas, el centralismo y la periferia verde, había arribado a un punto de estallido garrafal. Casi como ahora. Era inevitable el cruce de estrategias y armas. Entonces, mientras los chachapoyenses  se preparaban para defender la aldea amazónica, la Mamanchic decidió tomar al toro por las astas.

 

            La hembra citada se olvidó de arrumacos y melindres y recorrió la aldea llamando a toda mujer que estuviera dispuesta a dar un largo paseo. Horas más tarde fue posible ver una numerosa comitiva femenina que marchaba por el camino empedrado. Era suicida salir así como desafiando la ira nada menguada de Túpac Yupanqui. Pero la Mamanchic confiaba en su poder de convencimiento, en su capacidad de seducir a un varón que conocía desde hace años. Así fue como, al frente de sus bien armadas huestes, el Inca invicto se encontró cara a cara con un ejército de damas. De entre esas figuras surgió la antigua concubina que como en el cuento de Maupassant iba a cumplir un decoroso papel de liberación. Antes de que Túpac Yupanqui pudiera decir esta boca es mío o rebuznar de cólera, ella le recordó sus días en el Cusco, le habló de los muchos servicios que habían hecho al imperio los Chachapoyas  y le recordó a su difunto padre.

 

            En los no tan leídos ni comentados Comentarios Reales, el arribista Gracilazo de la Vega escribe sendas páginas sobre las palabras de la Mamanchic, creando un lirismo ingrato que sueña mal a los oídos. Pero menciona sin irritarse que Túpac Yupanqui se olvidó de sus intentos de acabar con esos amazónicos, ordenó la retirada a sus efectivos y pico espuelas. Años después volvió a entrar a la montaña persiguiendo sin piedad  a otra selvática, una concubina de nombre Mamaruntu, que le adornó la cabeza y huyó con un mozo amazónico. La prostitución montañera se remonta al ande incaico  y tiene que ver con la trata imperial de muchachas hermosas que cumplían labores de servilismo carnal.

 

            El guapeador y bronquista Sansón no recuperó las fuerzas anteriores a la peluquería repentina y, suicidamente,  derribó dos murallas y se llevó para la otra banda, la muerte a cientos de  cargantes y cargosos filisteos. Dalila escapó de la masacre. La Mamanchic también escapó de la masacre imaginada por el Inca vital. Y murió serenamente, lejos de los lances de alguna guerra. Es la primera heroína selvática y prefiguró o anunció a un linaje de mujeres corajudas que arriba a nuestros días. ¿Cuál  era el evangelio de esa mujer coraje, de esa dama de hierro, que en el momento crucial demostró tener un valor sin límites? Es posible sostener que su evangelio personal y, acaso secreto, era desbaratar los abusos del poder de turno, desarmar la maquinaria de un poderoso de ese tiempo.

Imagen: El baño de luna, de Gino Ceccarelli

percy vilchez

Percy Vílchez Vela (Panguana, 1960) puede considerarse un ser privilegiado, que vive para la literatura y a través de la literatura puede conectarse con el mundo. Narrador de mundos históricos que retoman la Amazonía y las venturas o desventuras de los aparentemente marginados, poeta que le canta a las espiritualidades del bosque  y los personajes que componen el fresco social de una tierra tan disímil como nunca ponderada, ensayista lírico de la memoria, autor de libros tan importantes para la creación regional como El andante de Yarinacocha, El linaje de los orígenes, Inquilinos de la sombras, Santuario de peregrinos y Los dueños de astros ajenos, demuestra en esta entrevista la trascendencia del arte, la vocación y la pasión de escribir como elementos integrales y orgánicos de la vida misma.

¿Por qué crees que la literatura debe ser un oficio integral y comprometido con la creación?

Porque no existe otro oficio capaz de rivalizar con la pesadilla de escribir. El citado oficio exige las 24 horas del día, siempre lo he dicho. Los grandes maestros han tenido y tienen la razón.  No se puede, aunque se intente, servir íntegramente a otro oficio, otra profesión. De manera que cualquier otra cosa que se haga sólo será para servir a los intereses de la literatura o escritura

Tú has expresado más de una vez que la literatura no puede ser un oficio de “domingos y feriados” ¿A qué te refieres específicamente?

El que dijo eso con contundencia fue el maestro Mario Vargas Llosa tanto en La Tía Julia y el Escribidor como en artículos y en declaraciones periodísticas. Yo me refiero a que los domingos y feriados nunca han dado buenos resultados. Un mal escritor como el autor de Sangama escribía en la madrugada después de servir a los militares de su tiempo. Isabel Allende escribía en las noches después de sus agotadoras jornadas laborales. Los domingos y feriados se corrige lo escrito o se inicia cualquier obra que nos persigue peor que perras de presa.

¿Cuáles son las características más importantes, desde tu punto de vista, de la tradición narrativa oral amazónica?

Primero, su insistencia en referirse al polen fundador, a lo vital de la generación de vida, Segundo, su relación con las divinidades de aquí y de allá, tercero, la exuberancia sin final que desborda todos los límites, todos los credos y creencias. Cuarto, su capacidad de integrar los mundos circundantes y trascendentes. Quinto, su prodigiosa capacidad de asimilar hallazgos ajenos.

¿Cómo consideras ha ido evolucionando el panorama de la literatura en nuestra Amazonía?

En los últimos años, después de la saludable renovación impuesta por Germán Lequerica, considero que el panorama de esa literatura camina segura hacia un destino mejor, donde las obras perdurables sean estrictamente amazónicas para que alcancen la tan esquiva universalidad.  Al parecer, gracias al esfuerzo de tirios y troyanos hay una mejor relación con las otras provincias y hasta con el estúpida Lima. Aunque parezca mentira soy optimista sobre el futuro de la buena literatura escrita entre nosotros.

¿Cuál es el libro más importante escrito sobre la Amazonía peruana?

No hay un libro importante todavía. Cuando respondo eso estoy pensando en las grandes obras y no en ensayos fallidos como la novela del militar asimilado Hernández, en cualquier otro tratado que repite los lugares comunes de la literatura y la ciencia. En términos de imaginación, el tuerto Carvajal sigue siendo un portento con la invención de las Amazonas, la descripción del hambre de la tripulación. ¿Qué cuentista, qué novelista, que cronista ha  superado eso? ¿Qué escriba de hoy ha insistido en el aullido de nuestro primer cronista indígena Juan de Alvarado? Ciertamente hay libros de autores locales que leo con admiración. Y de todos ellas y ellas espero mucho más. Pero si quieres un libro importante te diría que, por ahora  lo escribió, desde mi punto de vista, un  español que no es el que piensan, sino Ochoa Abaurre. Es una tesis donde eleva a la dimensión de la búsqueda del Paraíso, La tierra sin mal o Tuyuka Cirán de los cocama.

¿Cuáles son los escritores más importantes, según tu opinión, que han escrito sobre la Amazonía?

No hay escritores más importantes. Eso está bien para los taxónomos, los que clasifican para ganar alguna beca. Pero te digo que el más importante escritor  es un formidable cacique de Chachapoyas, quien  escribió una sola crónica hace 448 años. Esa relación que dentro de poco vera la luz de la publicación crónica es una obra maestra que no ha sido superada todavía, donde esta el clamor de todas las sangres indígenas no solo de la montaña sino de este sufrido Perú que no entiende a los achuar, los kichuas, como no entendió en su momento a Juan de Alvarado.

¿Se puede hablar aún de movimientos o tendencias en la literatura actual?

Desde luego que sí. Yo veo dos tendencias irreconciliables: los buenos y los malos. Estos últimos son los más bravos, los más tenaces y buscan las puertas del mercado. Andan detrás de editores o editoriales, andan detrás de los agentes de viaje, buscan que les inviten a eventos, ansían becas y escriben de vez en cuando. Están en Lima jorobando en las ferias con sus discutibles gustos como aquel de armar un equipo de voley literario.

¿Tú crees que la poesía es un oficio bello pero ingrato con el poeta?

La verdadera poesía jamás es ingrata con el poeta. Erato nunca fue puta pero ama a los auténticos poetas. La poesía, al contrario de lo que decía el brillante borrachín Martín Adán, dicho con respeto, habla bastante, habla demasiado. Y cuando los pagos se retrasan, cuando la musa se va o cuando vuelve, cuando pierde el equipo albo, consuela sin ninguna duda.

¿Cuáles son tus influencias o quienes marcaron tu literatura?

Las influencias varían con el tiempo. Jamás dejare de mencionar a Joyce, a Rulfo, a Gabriel García Márquez, a Mario Vargas Llosa, a Quevedo y a otros escribas decisivos en mi creación. En el presente un poco que he dejado las influencias librescas, lo que no significa que haya dejado de leer. Mis influencias mayores son la gente de Panguana, de Aucayo, de Manacamiri, en cuanto puedo corro a estar con ellos y escucharles y verles. Me he vuelto un hombre excesivamente oral

¿Cuáles serían los libros que todo joven aspirante a escritor debiera leer en su formación?

Para que no se rompa el cuerpo, para que no busque mocos en las babas o para que no busque liebres entre los gatos, debería leer obras que confronten al artista con el mundo banal. Porque se verá retratado y reflejado en ellos, porque las guerras diarias que emprenderá encontraran un espacio reconfortante. El Torcuato Tasso de Goethe será invalorable en la capacidad de renuncia para seguir con la obra de arte. Las aventuras de Ulises le serán provechosas. Por otra parte, en estos tiempos de superficialidad en que hasta Alan García o Fujimori escriben, deberían leer una y otra vez la carta que le escribe Ernesto Sábato a un incipiente escritor de provincia.

¿Existe una relación directa entre la experiencia visionógena del ayahuasca y la creación?

Desde luego que si. Porque las visiones verdaderas tienen un origen que supera las barreras del tiempo y ancla en el primer despertar del mundo. Ancla en la eternidad que no ha sufrido todavía la herida del mal. Un buen bebedor de la liana de los sabios (no hablo del que toma por vacilón  o por interés subalterno), encuentra esas visiones genésicas en un encuentro supremo.

¿Existen puntos de conjunción entre el cine y la literatura?

Me temo que cine y literatura todavía no se encuentran. ¿Cuál es la obra maestra escrita que se llevo al cine exitosamente? ¿Por qué el maestro de Aracataca no permite que se filme Cien años de Soledad?  En otro sentido, los guiones de cine podrían competir con la peor novela de  Balzac, del plagiario Roberto Bolaño, quien en su última novela póstuma, como buen chileno, plagió descaradamente a Allen Ginsberg.

¿Cuál crees será el futuro del libro?

El porvenir radiante espera el libro, de todas maneras. Estar en una Feria del Libro te devuelve la fe en ese invento formidable.

la mujer ya existia

El primer alumbramiento, de acuerdo a la versión bíblica, fue un fracaso. Caín no debió nacer ni en broma. Así se hubiera evitado el primer crímen. Como es más que obvio, los partos amazónicos no tienen historia escrita. Lo oral ha inventado partos de toda índole. Los más notorios podrían ser los nacimientos de las estrellas más cercanas a los bosques, los ríos que nunca se acaban, los mitos a la vuelta de los arroyos frescos. En conjunto, los primeros nacimientos siempre fueron de seres gemelos, un varón y una hembra, como dos semillas del campo fundadores de las naciones ancestrales. No hubo, no podía haber, alumbramientos de seres con varios sexos, de híbridos sin `partes consideradas pudendas, de peloteros con el pelo amarrado y aretes de señorita. Entonces se desconocía los alumbramientos promiscuos, los hijos de adulterios ebrios, los vástagos que surgieron de las reiteradas  sacadas de vuelta. Porque de golpe se hubiera pervertido la santidad de la sucesión hereditaria. Ese respeto a la generación de la vida comenzaba en la ardiente etapa del enamoramiento. Ese encuentro de tanteos y declaraciones, de caricias castas, duraba tres largos años, tiempo suficiente para que los padres ilusionados o no, los familiares oportunistas o no, conozcan si la relación iba a ser perdurable. El hombre y la mujer de la nación de los Iquito nunca se miraban a los ojos en el tiempo en que negociaban todo lo referente a la vida compartida.

El divorcio era absolutamente desconocido, mientras que ahora se aprovecha las fiestas de fin de año para deshacerse de las madres que perturban, de los hijos que incomodan. Aunque parezca mentira, los partos no eran bromas de mal gusto ni escapes de abortos provocados. Se podría decir que ellos y ellas, los antiguos amazónicos, ignoraban la sobreprotección abusiva a la gestante y al futuro ser. Sobre el particular, una reportera peruana de la agencia Reuters ha dicho que está científicamente demostrado que los partos horizontales y excesivamente cómodos pueden sacar cretinos con cara de cualquiera de los simplones norteamericanos u de otra nacionalidad.

Los siempre vistos Simpsons son ricos con pésimos alumbramientos, desde luego. En el antiquismo Perú del mar y del pisco,  de los colores rojo y blanco en los ceramios Vicus, de la pelota pequeña en manos selváticas, el nacimiento era sagrado. Después de siglos hay serios intentos de reducir la triste mortalidad maternal. Para ello se ha creado albergues de alumbramientos, ubicados cercanos a las clínicas y hospitales, que combinan la sabiduría moderna con la sabiduría ancestral. Entonces aparece la legendaria figura de la partera, mujer que comandaba y comanda los alumbramientos.

Entre las naciones amazónicas el nacimiento de otro ser no era un relajo o una estación para reunirse y celebrar con abundante comida y licor barato. Era una especie de prueba donde la vida tenía que derrotar, simbólicamente, a la muerte. La gestante demostraba no sólo la reciedumbre de su vientre, sus innatas condiciones para el parto, sino debía tener aptitudes para la crianza que podía prolongarse hasta la boda vegetal. Las bromas de cervecería abundosas, donde se denigra a la chola de la aldea por parir en el monte, debajo del agua, son vistos ahora con otros ojos.  Las canciones de cuna permitían a los dioses y diosas de las preñeces, de las fertilidades, imaginar mundos alumbrados por cantos. Hoy, 2009, está más que demostrado que los partos verticales, con la gestante de pie, con la mujer parada, son más gratificantes que los alumbramientos horizontales. Por dos razones,  Primero, porque permite que los huesos y músculos implicados en la preñez trabajen coordinadamente. En segundo lugar, porque permite a la futura y gozosa madre, contemplar con todo su amor, con toda su ternura, al ser que viene llorando. Es decir, un mal nacimiento puede condenar a un individuo, a una varona, a una vida árida y sin destino.

En la búsqueda de que la existencia no sea un calvario sin salida, los expertos en tantas materias que tienen que ver con el alumbramiento no descansan. Algún día será posible que los humanos nazcan como los peces  y tantos animales. Es decir, de frente a nadar o comer. O, seguramente, se podría inventar un híbrido que nunca aprenda a comer, como ese insecto que descubrió el poeta Ernesto Cardenal y que vive suficientemente  24 horas. En la vida moderna nueve meses de gestación son casi una eternidad, pero ese tiempo permite al nuevo ser familiarizarse,  en el vientre, con el increíble y asombroso proceso de la creación del mundo. La prisa de los cambistas del mercado oscuro, de los hooliganes aliancistas, rimenses o albos,  de los incultos cretinos de la banca y el comercio, suprime  muchas cosas. La legendaria  figura de la partera ya no existe en las cunas de oro y oropel, pero sí en el mundo popular amazónico.

En la elevada ciudad de Lamas,  hay ahora un monumento genial. Es una mujer que no participó en ninguna guerra atroz, no estuvo haciendo de sicaria de los narcotraficantes. Es la figura de una mujer señera y desbordante de vida, excesiva de nacimientos. Es una mujer que viste de gala y adornos rurales. La limpieza de sus gestos y sus actos destaca inmediatamente ante el espectador de ese portento formindable. Es la partera de todo Lamas, es la mujer que ayudó a nacer a generaciones, la mujer de a pie o zapatos que trajo al mundo a miles de seres. En sus robustas manos la vida sigue perenne. En la esquina de dos calles desconocidas se levanta como un aullido hermoso del alumbramiento que no puede cesar pese a las labores de los doctores del sepulcro, de los inútiles seres de la muerte.  En su cuerpo imponente se puede ver el feliz instante de la primera sonrisa, del primer gesto hacia lo vital del ser, del primer sueño con rumbo hacia la eternidad posible.

Imagen: La mujer ya existía antes que Dios nazca, de Gino Ceccarelli