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Mis machos motivos

Publicado: 4 julio 2009 en Miss Lizzy
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gorda_y_flaca

No hace mucho, al terminar mi almuerzo, iba casi corriendo al baño para sacarme la comida del estómago, no por voluntad propia sino por actividad fisiológica, por lo que  mi familia, sobre todo mis primas, empezaron a decir que era anoréxica o bulímica, lo cual quedó descartado luego de mi último chequeo médico. La preocupación era mi reducción de peso, ya que había perdido 4 kg. en poco tiempo. Con todo lo que mis muy queridas,  preocupadas  y nada malintencionadas primas decían, yo llegué a preocuparme. Pero de un sacudón volví a la realidad y me dije: “no, Lizzy, tú no tienes esa cosa fea”. Los ardores estomacales eran algo propio de mi organismo, no de mi mente.

Aún así, todo esto me llevó pensar en la obsesión de la mayoría de chicas por verse bien. Si miramos a nuestro alrededor, nunca falta alguien que se mire al espejo y comente: “Vaya, qué gorda me veo”. Generalmente son las mujeres las que por la demanda masculina por las flacas tienen que hacer esfuerzos sobrehumanos para adelgazar. He conocido chicas que orgullosamente dicen “hoy tomé un desayuno ligero: una tacita de té con una tostada integral, almorcé  una ensalada de frutas: una uva, dos fresas con un vaso de yogurt  y no pienso servirme nada para la cena, ahora estoy yendo al gimnasio y salgo a correr por las mañanas”. Me pregunto, ¿qué calorías queman en el gimnasio si eso apenas les daría energía para caminar?

Hay otras que son la típica “wannabe”, se copian dietas y las siguen por toda una semana, incluso algunas exageradas se mantienen a base de agua, y nada más llega domingo y se dan sus atracones, pero qué atracones. Luego dicen: ay, ya no sé qué hacer para bajar de peso.

La consigna es verse siempre bella y verse delgada es ser bella, la pegunta: ¿ser delgada es estar sana?

Les contaré la historia de una negra preciosa que en su afán por verse delgada casi termina asfixiada.

Esta era una amiga mía, trabajaba en mi casa por el año 1999 si mal no recuerdo, resulta que era el cumpleaños de mi abuelita y todos fuimos a la fiesta, incluyendo “Nena” (así le decíamos). Era un morenaje impresionante, aun así, se sentía regordeta y decidió ir con una de esas fajas modeladoras que te dejas al estilo de Beyonce,  a mí me pareció divina, pero ya en la fiesta con los bocaditos y los infaltables tamalitos y humitas,  la negra hermosa no aguantó la tentación y se los comió uno tras otro, en medio del baile y de las risas que los pasitos graciosos provocaban, Nena salió de una de las esquinas y de un jalón casi frenético sacó a mi mamá de la pista de baile, se la llevó consigo, yo, como no soy nada curiosa, fui corriendo tras ellas. Ya en  la habitación de mi tierna abuelita, Nena logró esbozar una sola frase: Señora Clara, sácame la faja.

La pobre se estaba asfixiando, embutida en el látex.

Esto es sólo un ejemplo de lo que las mujeres hacen por verse bien o mejor dicho, por verse delgadas.

Pero ¿para qué verse delgada?

La respuesta es simple: para que los chicos las admiren y deseen. Muchas nos escudamos en la excusa de que estando delgadas  nos sentimos más sanas, lo cual no es mentira, pero la realidad es que queremos,  necesitamos, y deseamos ser delgadas para poder lucir nuestras prendas más seductoras, las cuales con una guata colgándote hasta el piso quedan ridículas y hasta vergonzosas. Quisiéramos ir a Tipishca y mostrar nuestros encantos. Unas piernas tipo embutidos San Fernando  no son nada encantadoras, así que recurrimos a todos los medios habidos y por haber para reducir esos kilitos de más.

Tenemos muchos y  machos motivos para querer ser delgadas, tantos que algunas caen en excesos y se convierten en muestras impresionantes del sistema óseo.

También hay de las que poco les importa estar en línea y disfrutan de los manjares que el arte culinario nos ofrece sin sentimiento de culpa ni cargo de conciencia por haber roto la ley de la comida balanceada. Hay personas obesas.

Por algún tiempo se creyó que sólo las mujeres teníamos esa obsesión por estar delgadas y vernos bien, sin embargo hay varones que también siguen dietas y se rigen a ellas. Entonces,  el ser delgado no es una obsesión sólo  de chicas, sino que el género no es excusa para ser gordo. Aunque desde mi punto de vista los varones no tienen una razón tan obvia como la nuestra para desear estar delgados.

Ahora, después de haberme dado cuenta de que yo no nací para ser flaca, tampoco gorda, me siento tranquila de tener la figura que tengo,  aunque sé que puedo mejorarla al menos tantito. Porque no es bonito ser chata y encima verte gorda, me sentiría como un bidoncito o un tamalito mal envuelto, y no lo digo en diminutivo por cariño sino por el tamaño.

ellas bailando solas

Estudié mi primaria y gran parte de mi secundaria en un colegio de mujeres, de modo que tenía muy pocos amigos varones, en realidad, no los tenía. En las fiestas que celebrábamos mis compañeritas y  yo, el 95%  éramos niñas y los niños que habían eran los hermanos de alguna compañera, rara vez los míos. Nosotras disfrutábamos mucho de las fiestas, siempre bailábamos entre mujeres, los varoncitos eran casi inexistentes, si había fiesta en el cole, nos agarrábamos en grupos o hacíamos filas, todas uniformaditas con la faldita gris de tirantes y las blusas blancas que con los años se convirtió en una falda plisada azul marina, y una blusa con cuello bebé y para variar una corbatita del color de la falda, todas con las medias blancas, nos poníamos  a bailar olvidándonos del mundo, como si no existieran más hombres que nuestros profesores que miraban desde algún asiento. A quienes por placer de verlos arrocharse y hacer de idiotas por lo menos cinco minutos sacábamos a bailar.

Y así fueron pasando los años nosotras crecimos, en mi caso acumulé años, ya que no crecí mucho que digamos. Nuestras fiestas fueron cambiando, primero luces, luego reggaetón y con el reggaetón aparecieron esos seres llamados varones. Pero aún no eran de mucha importancia para algunas, ya que la costumbre había hecho de nosotras un grupo de mujercitas  lésbicas.

Para entrar al cuarto grado de secundaria mis padres me transfirieron a un colegio particular en el que habían más varones que mujeres,  no sentí mucho el cambio en el tema de las fiestas ya que el colegio era cristiano y la mayoría tenía padres evangélicos así que no hacían fiestas del tipo al que estaba acostumbrada a ir.

Hace dos semanas, luego de tres años de haber terminado el colegio,  y ocho años de haber concluido la primaria, recibí una llamada, era Lady, una compañera de la primaria del colegio de mujeres a quien no veía desde hacía ocho años porque se fue  a vivir a los Estados Unidos.

  •   Hola Laurita, soy Lady  ¿te acuerdas de mí?
  • ¿Lady Priscilla?
  • Sí amiga, te llamo para invitarte a salir esta noche con las chicas y unos amigos ¿vienes?
  • ¿Quiénes van?
  • Ercilia, Natividad, Paula, y  dos amigos. ¿Te animas?
  • Claro, vamos, ¿dónde nos encontramos?
  • Te recogemos.
  • Ya, bacán.
  • ¿A qué hora vas a estar libre o a qué hora pasamos por ti?
  • A las diez… vienen a mi casa y de aquí nos vamos pues.
  • Ya pues… me esperas.
  • Ya pues… ahí nos vemos.

Era un viernes, llegué a mi casa a las ocho y media de la noche y me bañé y alisté para esperar a mis amigas, que eran mis compañeras de la primaria, esas niñas a las que les gustaba mover las caderas al ritmo de la cocotera y levantar los brazos a golpe de “el vena’o, el vena’o” o sacudir al esqueleto con el sua- sua.

Llegaron a las nueve y cincuenta, saludaron a mis padres, yo me despedí y nos fuimos a una discoteca, sólo teníamos a dos chicos en nuestra mesa, “Sami”  y “Pacho”. Primero salimos a bailar todas las mujeres: Paula, Ercilia, Lady, Natividad y Lizzy (yo). Todas a ritmo “no voy a volver a llorar”, luego se metieron los chicos, Sami bailó conmigo y Pacho con Natividad, y las otras tres bailaban entre ellas. Luego cambiamos parejas, o mejor dicho nos quitaron nuestras parejas. Y nosotras hicimos un trío, empezó a sonar el reggaetón, y entre nosotras no podíamos bailar a gusto, particularmente yo, quería hacer esos pasitos que se ven rechulos cuando lo haces con un chico, no podía abrazar a mi amiga como lo hacía en las fiestas de secundaria, no podía darme la vueltita como yo quería, entonces me di cuenta de que hacían falta hombres, de pronto las otras dos me dijeron al oído “aquí faltan chicos”, todas caímos en cuenta de que dos no alcanzaban para cinco, queríamos bailar de verdad y salir del lugar con el gusto de decir: hoy me fui a bailar con mis amigos.

Entonces me puse a recordar a esas niñas que quebraban la cintura al ritmo de Axé Bahía,  o sacudían los pies con Salserín, y me dije: Bailar sin hombres, definitivamente, no es bailar.

Esa cosita

Publicado: 20 junio 2009 en Miss Lizzy
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– ¿Cómo es eso?… ¿te aprietan un botón y ya estás activa?… ¿Como un aparato o algo así?

– No, no es eso. Es como cuando se prende un foco, pero la diferencia es que no lo puedes  apagar.

– Ah… entonces es como una máquina, es decir ¿nos convertimos en máquinas de placer?

– Jajaja… Algo así, pero en lugar de apretarte sólo algo, te aprietan muchas cosas…jajaja… y el punto es que te entra algo. Te penetra. Se te mete.

– ¿Te entra?… jajaja… ya, ya sé. Entiendo. ¿Y cómo se siente?

– Sí nena, no eres tan tonta. La primera vez duele.

– ¿Duele?

– Sí, pero es un dolor rico, jajaja (ambas reímos). Después ya no puedes vivir sin eso, por eso las mujeres se casan o se vuelven putas, jajaja. Eso es estar sexualmente activa. ¿Entendido?

– Sí, sí, ya entiendo. Entonces se necesita un niño crecido…jajaja.

– Sí, exacto, se necesita un niño crecido, un hombre, eso se necesita, un hombre. Y luego muchos más.

Enrojecida por la calentura de la charla, entendí el significado de estar “sexualmente activa”.

Durante la adolescencia es un término muy escuchado y desconocido hasta que llegas a  “la primera vez.” Y entonces ya estás activa.

Yo mantenía esta conversación con una chica de mi edad entonces 16 años), que “conoce el mundo” y las cosas de la vida mucho mejor que yo, que fue explicándome a detalle como ocurre el milagro de hacer hijos. Yo había leído con anterioridad y muchas veces en los libros, pero fue la primera vez que lo escuché de alguien como experiencia personal en vivo y en directo, claro que ella no era mamá, porque se cuidaba mucho, y también me dio clases teóricas de cómo cuidarme, pero se escuchaban mucho mejor saliendo de sus labios que de lo que puedes captar de las letras de un libro.

Después de esa conversación mística y sumamente importante, me interesé por saber más del asunto, ya no con los libros (porque estaba hasta la nuca de tanta letra), buscaba testimonios de gente, en general de amigos íntimos, que me cuenten como les fue en esa primera vez que los convirtió en esa cosa mágica que los médicos, científicos, psicólogos y todos aquellos que se interesan cada día más por estropear la mente de los chicos, llaman adolescentes “sexualmente activos”, que a la vez los convierte en adictos por excelencia y no pueden vivir sin esas noches de placer.

Muchas personas (sobre todo las mayores) creen que es muy complicado hablar del asunto, por ejemplo, cuando la hija le pregunta  a su mamá ¿cómo se hace el amor? Y esta saca mil excusas para no darle la respuesta, como si fuese una cosa de otro planeta, y nosotros, los adolescentes, tenemos que buscar información válida en donde mejor nos parezca.

Recuerdo mis conversaciones con mis compañeros de colegio (estoy refiriéndome exclusivamente a mis compañeros varones de la secundaria), cuando yo tenía una duda incesante, llegué a preguntarle un día a Hugo (uno de mis amigos más íntimos):

       – Dime una cosa, por qué los hombres siempre se tocan sus “cositas”, ¿les estorba?

A lo que él respondió:

  •   Es que a veces “pepito” se dobla  mal y se le acomoda pues.

Y así fui descubriendo cosas y más cosas, de las cuales fui experimentando algunas, gracias a los enamorados mañosones que tuve; uno me besó por primera vez con lengua, otro trató de inducirme al acto sexual bajo la excusa de que “somos amantes, y nos amamos” (como dice la canción), pero fracasó. Como no tuve muchos enamorados tampoco fueron muchas mis experiencias, pero creo que para pasar el rato ya tuve suficiente, aunque no niego que hay momentos en los que quisiera de golpe y porrazo levantarme a un buen muchacho, jajaja…Pero no, pienso que ese momento debe llegar por su propio peso (ojalá que no sea muy pesado, jeje).

En fin, hoy tengo 18 años, y aun no he aprovechado del todo las oportunidades para formar parte de ese grupo inmensurable de jóvenes que tiene el gusto y en ocasiones, la desdicha de poder decir: “Ya no soy virgen”. O en otros términos: Soy sexualmente activa(vo).  

Todas las mujeres

Publicado: 14 junio 2009 en Miss Lizzy
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todaslasmujeres

Todas las mujeres, absolutamente todas (por lo menos las que yo conozco), actuamos sobre la base de motivos, razones y suposiciones que en algún momento se convierten en motivos reales.

Recuerdo mis más recientes relaciones sentimentales (las de hace un año más o menos) y me causa gracia cómo logré que todo encajara tal y como lo esperaba. Es que soy un genio.

Vayamos por partes, a principios de año, no… miento. En los primeros días de junio empecé una relación con el que en ese entonces era mi mejor amigo y había regresado de Lima; como era de esperarse, la relación no duró mucho (apenas dos semanas), después de una semana de haber terminado con él, empecé una nueva relación con Jairo, un amigo al que había conocido casi cinco años atrás y era para mí casi inexistente, sólo conversábamos cuando la vida nos daba la ocasión de hacerlo y siempre nuestras conversaciones se trataban de la injusticia de la vida y los amores perdidos.

Empezamos a finales de junio y terminamos en setiembre. Pero el punto es que a los pocos días de haber comenzado la relación, él me invitó a tomar helado; estando ya en la heladería, Jairo pide dos “milkshakes de fresa”, y empezamos la charla agotadora del: ¿cómo te fue en tu trabajo hoy?

Ya con los vasos en la mesa y yo jalando de la cañita, Jairo me dice:

  • ¿Te puedo hacer una pregunta?

A lo que yo respondí:

  • Claro. Por qué no.
  • ¿Por qué terminaste con John?
  • Eeh… ¿por qué preguntas?
  • Es que… me siento culpable, porque después de terminar con él… ahora estás conmigo. Digo, porque después él puede picarse conmigo.
  • Jajaja… No, loco. Terminé con él porque las cosas no funcionaban, es todo, eso no quiere decir necesariamente que lo haya dejado por ti. Tú me gustas, él también me gustaba, pero ya fue pues.

El pobre de mi enamorado creía y estaba casi seguro de que yo había terminado con el anterior por estar con él (que es lo que comúnmente hacen las chicas), pero qué equivocado estaba. Ustedes recordarán aquel post en el que conté una historia acerca de un estudio que realicé del comportamiento masculino debido a que tenía un “amigo” al que, para serles sincera, yo quería demasiado, pero no lograba comprender sus actitudes y por eso monté un proyecto (niña mala). Pues ese era el real motivo por el cual había terminado con John  y obvio también  iba terminar con él. Apenas cumplimos los tres meses rompí la relación porque ya había tenido suficiente de él.

En conclusión de la primera parte, mi enamorado se palteó porque pensó que realmente me interesaba, lo cual no era del todo cierto, ya que sólo lo estaba usando para otros fines, igual que a los anteriores. Mi motivo era muy claro, pero los hombres no entienden, si se los dices, ellos dicen que juegas con sus sentimientos, lo cual tampoco es cierto, porque yo no estaba jugando, sólo trataba de aclarar mis ideas, descubrir la verdad del asunto y desplazar a alguien que vivía metido en mi corazón y mi mente, con el que volvía cada vez que terminaba con alguien y al que a la vez trataba de demostrar desinterés cada día. Pero tenía un motivo.

Retrocediendo en el tiempo, redescubro en mi inocente pasado, en el inicio de mis relaciones sentimentales la imagen del rostro de mi primer enamorado del colegio. Con quien hace tres días conversaba por el chat y descubrimos juntos muchas cosas que quedaron irresolutas en el cuarto grado de secundaria. Hugo, quien en su momento fue el chico más popular del colegio, por ser el más alto de la escolta y por su actuación en “soy el enamorado de Lizzy”, me había traicionado cruelmente con una chica de segundo (que por cierto era mucho más grande que yo, lean: “bronca, bronca”), por lo cual yo corté los lazos sentimentales que nos unían y él se fue al olvido y quedó como una leyenda por su actuación en “también le puse los cuernos a Lizzy”. 

Cuando llegamos a quinto año, Hugo me pidió que regrese con él (como si nos hubiésemos a algún sitio… jajaja), yo no acepté, tal vez por el temor de que vuelva a suceder lo del año anterior y aparte porque tenía una compañera que me decía que mi ex se le declaraba y quería estar con ella. Niurka era una chica potencialmente linda, caderas prominentes, cintura estrecha, senos, bueno no muy atractivos, mas iban en proporción a su cuerpo, es decir se veían bien, y de remate poco inteligente e interesada, la chica perfecta para los chicos tontos, y coqueteaba constantemente a Hugo. Por otro lado, a Hugo le dijeron (esto me enteré hace tres días), que yo estaba con el primo de ella, lo cual era lamentablemente falso, digo lamentablemente, porque de haber sido cierto, las cosas debieron haber sido distintas y después del “chote”, Hugo empezó a salir con una chica de cuarto, Sheila, por lo que yo accedí a salir con Marcos, uno de los pretendientes potenciales de Niurka.

Entonces Hugo, dejó de insistirme porque yo estaba con otro chico. Él no sabía que sólo quería que se diera cuenta que salía con Marcos sólo para que él se ponga celoso y para cobrarme de las zorradas de Niurka.

En conclusión y para cerrar esta embrollo, lo que quiero decir, es que nunca las mujeres actuamos por “locas”, o porque se nos ocurra, siempre detrás de esas actitudes descabelladas y decisiones equivocadas, hay un motivo muy fuerte que nos impulsa a actuar, decir, hacer o pensar.

Y a la vez es un mensaje subliminal a los hombres (ya no tanto, porque se los estoy diciendo). Desde ahora, cada vez que sus enamoradas hagan algo que a ustedes les parezca tonto, ridículo, malo o de cualquier índole que los hiera. Piensen que detrás de eso hay algo más.

jonas-2danoche5

Habiendo pasado ya varios días desde que ellos llegaron y se fueron del Perú, me siento más tranquila, menos angustiada, menos triste y más decepcionada.

Los Jonas Brothers, al igual que muchas estrellas, llegaron a la capital y ni siquiera se dieron una vueltita por provincia para saludar a sus fans de por aquí.

Pero eso es lo que menos importa, lo importante es que estuvieron en el Perú y voy a poder comprarme el video del concierto, si es posible me voy a comprar de las dos fechas.

Me siento más tranquila, porque ya pasó la euforia de pensar que mis estrellas de Disney Channel  están en mi país.

Menos angustiada porque hoy no tengo que estar pensando en las entradas agotadas o el dinero para comprarlas o en las niñas que lograron besarlos y tomarse fotos con ellos o recibir un autógrafo.

Menos triste porque ya se me pasó la histeria de no haberlos podido ver en persona, cantando en el  concierto.

Y más decepcionada  porque a pesar de tener casi, casi todo para ir a ese concierto no lo hice. Me faltaron agallas para aventurarme e irme sola a una ciudad que no conozco sólo por ver a mis ídolos teenagers.  Iba a ser lo más cool de que hubiera podido hacer este año.

Mi cámara fotográfica estaría llena de fotos  de los tres: Nick, Joe y Kevin.

O los hubiese filmado y obvio a mí coreando sus canciones:

“I’m stepping into the lava. And I am try to keep from going under.

Baby, who turned the temperature higher

‘cause I’m burnin’ up

Burnin’ up

For you, baby”

Hubiese sido súper, pero no, no pasó, me quedé con las ganas de estar ahí apretujada en medio de otras chicas embobadas como yo. No tuve la oportunidad de cantar en presencia de ellos la letra de sus canciones tan llenas de sentimiento juvenil o de escucharlos a todo volumen cantar sus propias letras creyendo como muchas que pudieron inspirarse en mí…

“I don’t know if I can live without you. Cause you know that truth means so much more

Push away all those lies. Cause I lost everything when I left you. To show you, be without ourself.  How could I be such a fool. And I can’t live without you?”

Yo quería ir a Lima sólo para estar en ese concierto, pensaba en las posibilidades  y medía gastos; tenía para mi pasaje, tenía donde hospedarme, pero no tenía lo más importante…  mi entrada.

Obvio,  yo quería una entrada para zona V.I.P.

Ni modo, al final todo quedó en “yo quería”.

Ayer estaba mirando uno de sus conciertos por la TV, por lo menos así me imagino que puedo estar entre la multitud observando cómo hacen sus piruetas con los instrumentos (guitarra) y se lucen sobre el escenario.

Algunos  deben estar recordando aquellos años en los que se emocionaban, como yo lo estoy ahora, por algún grupo de hermosos niños que cantan con sentimiento. Sus años en los que eran fans apasionados de “Menudo” o “Backstreet boys”. Aquellos años en los que en lugar de comprarse el refrigerio del recreo se compraban un poster o un cancionero suyo.

Yo aún no he logrado comprarme  ni un poster ni un cancionero, pero los veo en a través de internet y bajo sus canciones y letras. Y me parece que es mejor verlos en movimiento que pegados en la pared como alguna vez  tuve a Bruno (Axé bahía),  además los sigo a través del Twitter, sobre todo en los días en los que estuvieron en Perú. No es exagerado, es sólo fanatismo.

Si les parece cursi, pues no me importa, si ser fan de los Jonas es ser cursi, lo reconozco… soy cursi.

Imagen: Conciertos Perú