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insatisfaccion

No hay demasiado que hacer ¿no? En un mundo en donde hay tantas cosas y todos los días hay más por ver, hacer y escuchar siento que no hay nada. Surgen nuevas bandas, nuevos libros, sitios nuevos, más gente interesante, más cosas que aprender y aquí estoy yo llenándome de todo lo que quiero hacer y al mismo tiempo sintiéndome vacía. No sé si tendrá que ver con el hecho de que no me va a alcanzar la vida para todo, pero paradójicamente me sobra el tiempo.

Es que creo que hay momentos en la vida de toda persona en las que no tiene ganas de experimentar  más, sinó de sentarse a asimilar de lo que acaba de aprender. Y en este mundo, en dónde a cada segundo surgen oportunidades y en el siguiente segundo ya no están, parece no haber un solo segundo vacío para pensar en si es eso lo que realmente queremos.  A  veces me quedo con los conceptos y luego no recuerdo en dónde los ví, de quién los leí o de qué epoca son.

Antes, cuando no estábamos tan saturados por los medios de comunicación(y digo “estábamos” aunque yo ni había nacido) la vida resultaba más interesante, o por lo menos más posible. Si estabas en un lugar, lo disfrutabas con toda tu alma y no te la pasabas pensando en qué lugares te faltan o en dónde podrías, o aún peor, en dónde deberías estar en ese momento. Antes nacías hijo de abogado y vivías en ese mundo de abogados, lo interpretabas y cuando, finalmente, decidías que no querías pertenecer a él resultaba toda una aventura ir a buscar nuevos horizontes. Ahora , la libertad nos ha reducido esa oportunidad.

No hay nada nuevo o interesante en lo que puedas incursionar, siempre hay algo mejor.

Me gusta la época en la que nací, no me malinterpreten, hay avances de los que jamás renegaría, pero,al mismo tiempo no puedo evitar preguntarme ¿qué es lo que me han quitado esos avances?. Muchas veces me quedo inmersa en los colores de una flor pero no me lo permito más de dos segundos porque en realidad no es funcional. No es como cuando Descartes decidió dedicar su vida a dudar de todo y a sumergirse en su propia experiencia vital. Ahora esta totalmente prohibido sumergirte en tus propias experiencias porque es “antisocial”, “inútil” y definitivamente “no te lleva al progreso”. Tengo mejores amigos con los que, haciendo cálculos, he conversado más a través de la pantalla de una computadora que cara a cara. He tenido viajes de los cuales tengo el mínimo recuerdo y a los que sólo accedo cuando miro las fotografías en el Facebook. Cursos que me encantaban terminaron siendo un bloque de cosas que memorizar para poder aprobar.

No es suficiente disfrutar e internalizar las vivencias, ahora tienes que probar que las vives mejor que nadie, que las aprovechas, que sacas algo util de ellas. No te queda tiempo para la sorpresa, para las preguntas, para la impresión o simplemente para gozar el momento plenamente. Tienes que contar sobre aquello que aprendiste, que alistarte para el siguiente capitulo, que demostrar a los otros lo bien que la pasaste.

Esta absolutamente prohibido estar sólo por mucho tiempo (serías raro o introvertido), está aún peor visto pasarte un día disfrutando de las cosas simples (serías un haragán y tu día sería un día perdido). Es imposible que te salgas del horario.Tienes que almorzar aunque no tengas hambre y aguantarte en la tarde cuando realmente te provoca comer algo porque sinó “en la cena ya no querrás comer”. Tienes que pensar  la ropa  que te pones e intentar no repetir los conjuntos con las mismas personas (sinó eres sucio o poco prolijo). No basta con que ames los temas de una materia, también debes ser el mejor en ella, sacar las mejores notas y demostrar que eres bueno. Leer libros es un acontecimiento de eruditos y tienes que estar al día en las últimas novedades literarias sin, obviamente, descuidar los clásicos de la literatura. Aunque no los disfrutes, tienes que demostrar tu cultura. No se te ocurra comprar un libro sólo porque es divertido, la ligereza es la antitesis de la buena lectura.

En fin, la inversión de nuestro tiempo en éstas épocas de “libertad” y “globalización” se ha convertido más que nunca en la dictadura de lo que “se debe hacer”. Lo peor es que no es como antes que existía “lo que debes hacer y lo que no”. Ahora con la saturación de ideas nada está completamente bien y nada está completamente mal. Seguro que lo que estoy escribiendo ya lo escribió alguien antes y seguro que ahora ustedes están pensando en lo que deberían estar haciendo en vez de leer un articulo de  una chica desconocida, del que no podrán presumir y con el que tampoco pasaran ningún curso de cultura general.

¿Estamos realmente libres? Lo dudo.

Y luego se preguntan por qué nos estresamos…

amor

He tenido, para variar, problemas para idearme el tema de ésta columna. Para hacerle honor a la verdad, los escritores, como el resto de las personas, se basan en sus propias experiencias para narrar de forma más armoniosa aspectos que quieren expresar, he decidido escribir sobre un tema que nos satura, aburra, abruma y, sin embargo, no podemos evitar: el amor y las relaciones.

Tengo la suerte de tener una pareja estable hace mucho tiempo ya. Y digo estable, no en el sentido de que sea serio (aunque espero que lo sea) sinó de que estoy con una persona realmente estable. Esto ha llevado a replantearme muchos mitos que tenía sobre “estar en pareja”.

Dado que todos nosotros venimos de la unión de un hombre y una mujer, es imposible negar que estamos afectados por la relación que tuvieron y tienen nuestros progenitores. De ahí tantos comentarios como “no creo en el matrimonio” o “en la naturaleza del hombre no esta ser monógamo”. Quisiera evitar estos temas por ahora, primero porque no tengo las respuestas y segundo, porque sinceramente hablar de eso ¿para qué sirve?   Digo, si no crees, tus razones tendrás pero, aceptémoslo, no es como creer en Dios. El matrimonio está ahí, creas o no en el. Y por el lado de la monogamia ¿quién dice que sólo el hombre tiene  el perdón de la naturaleza para sus deslices?

Lo me concierne y el punto de esta columna es que ayer en la noche tuve una inspiración. Esas que uno dice ¡Eureka, esto tienen que saberlo todos! Descubrí, que si bien amo a mi pareja, podría estar sola el resto de mi vida sin el y, de hecho, hacerlo de maneras realmente divertidas.

Tranquilos, este no es el descubrimiento (no soy tan egocéntrica como para pensar que mi superación personal cambiará al mundo). Lo que pasa es que no sé cómo (ya vieron que cuando uno tiene sueño y no puede dormir llega a estar en un estado parecido a la alucinación) dí con el resultado de una exhaustiva introspección: no nos enamoramos nunca.

Déjenme explicarlo. Nacemos ¿cierto? En alguna parte nos cuentan la historia de Adán y Eva, en todas partes vemos gente que tiene hijitos como nosotros, si nuestros padres (juntos o separados) tienen algún tipo de relación nos ilusionamos con que somos “hijos del amor”. Bueno, aquí comienza la historia de nunca acabar. Vamos creciendo y vemos películas de Disney en donde la princesa termina siempre con el príncipe. Ya en la adolescencia, nuestro cuerpo es sitio propicio para las nuevas calenturas y maripositas estomacales características de la atracción por alguien del sexo opuesto. Pero, no termina ahí, ya tenemos en la mente el esquema de Adán y Eva, de nuestros padres, de La Bella y la Bestia, de Jack y Rose, de Romeo y Julieta. Por lo tanto, sentimos que, dado que somos protagonistas de nuestra propia vida, tenemos el derecho y la necesidad de participar en una historia de amor, sea como fuere ésta.

Bueno, ahí comenzaron los problemas. Porque, en realidad según mi humilde punto de vista, no es necesario.  No es necesario estar en pareja, no es necesario sacrificar cosas por amor. Muchos van a tildarme de mujer de piedra, pero piénsenlo ustedes mismos y dense cuenta: NO ES NECESARIO. Los hombres y mujeres que cambiaron el mundo estaban básicamente solos o con una relación en muy mal estado. Se podían haber evitado estas últimas si no se hubiesen dejado tontolear por la cultura de la sociedad en la que vivimos. Cuántos hombres y mujeres (en especial mujeres) dejaron de lado sus aspiraciones personales por un matrimonio y familia estables. Claro, se dice, nada es más importante que criar un hijo porque es nuestro legado al mundo dejar personas que puedan ser diferentes y mejores y que cambien a la sociedad paupérrima en la que vivimos. Pero ello no es más que mentira; tus hijos van a terminar haciendo lo mismo que tú. Van a sacrificar sus sueños por la familia “estable” y por los “hijos héroes” que desean tener. Y asi sucesivamente.

Esto está, para los que viven según este modo de pensar no hay quienes no piensen que les falta un tornillo. Comentarios como “soltero maduro, maricón seguro” o “apúrate hijita que se te va el tren” consolidan este esquema mental que tenemos del ser humano destinado a una pareja. Muchos, con el afán de no contradecir estas suposiciones, se casan y permanecen casados a pesar de ya no ser felices, de saber que su matrimonio más que una alegría es un obstáculo en su vida para hacer cientos de cosas que podrían hacer, pero no pueden. Otros, aun peor, no se dan cuenta de esto. Viven en automático como si esto tuviese que ser asi y no hubiera otra opción. Los peores son los que se mueren de miedo de no lograr sus metas y se esconden detrás de una relación mediocre. Claro, es más fácil tomar el camino transitado ¿no?

Ojo; no estoy en contra de enamorarse y de estar en pareja (de hecho, yo misma estoy con alguien). Simplemente digo que hay que ponerle fin a esta exótica neurosis que invade a todos los seres humanos a partir de la adolescencia. Se puede ser muy feliz estando solo, se puede estar muy feliz saliendo con varias personas a la vez (no me malinterpreten, siempre sean honestos con sus eventuales aventuras). No hemos venido a este mundo a enamorarnos, al menos creo que no es mi misión en la vida y supongo que para muchos de ustedes tampoco.

En vez de andar atrás de una chica o chico que no les da bola, en vez de estar soportando una relación que les toma más energía de la necesaria, en vez de pensar con determinismo que quedarse solo es lo peor que le puede pasar a una persona, piensen en lo que pueden hacer ustedes por el mundo, por el planeta. Es decir, enamórense de SU vida y luego, si les provoca, conjúguenla con la vida de otro.

Respiramos, comemos y dormimos, estas tres son las únicas actividades básicas para sobrevivir. Luego están las que nos inventamos: estudiar, aprender, enamorarse, viajar, etc. Podemos decidir entre estas opciones, podemos tenerlas todas, podemos tener algunas, podemos no tener ninguna, podemos inventarnos más. Lo importante es que sea NUESTRA decisión y no la de una cultura idiotizada por el paradigma de Romeo y Julieta.

P.D.: Si les choca la realidad, eviten leerme u_u

20 años

La crisis de los treinta, la crisis de los cuarenta, la crisis de los cincuenta. Hay crisis de todas las edades ¡pero nadie habla de la crisis de los veinte! ¿No se dan cuenta que estamos en un momento de nuestras vidas en la que necesitamos comprensión? Y sobre todo, que nos dejen en paz y no nos presionen.

Entre los 21 y los 25  es la etapa en la que la mayoría de los que tuvimos la suerte de estar en un centro de estudios superior (lo digo en serio, más de un tercio de la población en los países en desarrollo no acceden a semejante lujo) estamos en el limbo vital entre la vida “real” y los sueños universitarios. Comenzamos a practicar en lugares donde generalmente nos pagan una miseria por sacar copias y servir el cafecito para las reuniones. Nuestros viejos nos comienzan a mandar indirectas como: “Mmm ¿y cuándo terminas lo que quieres hacer?”(Traducción: Ya habrás pensado en hacer algo productivo una vez que tengas tu diploma ¿no, carajo?) o, para los pobres de nosotros que aun no estamos cerca de terminar: “¿cuánto te falta ah?” (Traducción: me estoy cansando de mantenerte y verte chupar todos los fines de semana como un drogo de 25).

Nuestra respuesta interna (o externa, para los mas malcriados) es: “¡chupo para olvidar las cosas que tengo que pero no quiero hacer!”

Esta presión esta sumada a la idea de no encontrar pareja. El 30 % de nuestros amigos está en una relación que denominan “estable” y nosotras (tros) estamos preguntándonos si tenemos algo mal porque, hay que ser sinceros, somos mucho más atractivos o inteligentes que nuestros amigos esos con pareja, pero no contamos con un perro que nos ladre. Tal vez estoy exagerando, pero es verdad que a veces esos perros que nos ladran no nos gustan XD

La crisis de los 20 se acrecienta cuanto más nos acercamos a la tercera década y se podría decir que es la incubación para la siguiente crisis(la de los 30: arrugas, panza, fracaso profesional, soledad,etc). Muchos de nosotros comenzamos a sentar cabeza y empezamos a priorizar. Resultado de la crisis es que podemos resultar saliendo más exitosos y sabios que antes. Lo que antes considerábamos importante se ha vuelto cada vez más pequeño y nos volvemos más selectivos en nuestras actividades. Queremos enriquecernos (hablo internamente, pero lo otro no estaría mal), pasar tiempo con gente que nos dé una conversación más inteligente que la típica charla alcohólica. Nos ponemos serios y aceptamos que no vamos a salir con cualquier espécimen del sexo opuesto simplemente porque “tenemos que salir con alguien” y, finalmente, comenzamos el exilio hacia la adultez, a la que por tanto tiempo hemos temido pero no podemos evitar.

Tranquilos, mis contemporáneos: No hay datos confiables de gente que haya muerto por esta crisis. Lo que sí necesitamos es  superarla. No queremos ser ese patita que vemos en el malecón que parece de 35 años pero anda jugando al skate día y noche y vive en el ático de la casa de su abuelita porque sus papás lo echaron de la casa(conozco a alguien así, por eso los detalles). Solo eviten el estancamiento, den la bienvenida al cambio y tolerancia 0 para la presión.

Es nuestra vida y la viviremos como y cuando nos parezca.

En mis veinte

Publicado: 1 septiembre 2009 en Mariana Vásquez
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20años

Hola veinteañeros, este va a ser un blog más positivo, no tocaremos temas imposibles de resolver y nos concentraremos en cosas en las que sí podemos influir(al menos un poco).

No sé si vieron los que entraron a mi blog (¡entren, entren!) que al costadito puse una “pequeña” lista de cosas que deseo hacer antes de estirar la pata, ósea antes de irme para el otro lado. Todos los seres humanos vivimos en un estado de negación continuo acerca de este tema. Sin embargo, no hacen falta pruebas científicas ni demasiadas cavilaciones para entender que a esta vida de seguro venimos a una cosa: morir.

Yo la verdad empecé con esta idea mucho antes de los veinte, años puesto que mi primera experiencia cercana con la muerte fue en mi primera década de existencia (a los ocho años falleció mi hermano). Para otros, con más suerte, la experiencia llega tarde, tal vez con la muerte de un abuelito, un tío o alguien cercano que un día vemos y al otro día no existe más. No estoy segura en eso de que no existe más(pero ya dije que no trataremos temas imposibles esta vez) pero de lo que estoy segura es que a todos, cuando nos pasa encontrarnos en una situación así, se nos abre en la cabeza una maraña de sensaciones e ideas que quisiéramos parar, porque no es muy cómodo pensar que nuestro propio cuerpo va a ser alimento de gusanos y demás insectos o reducido a cenizas para luego ser lanzadas a algún río, mar o – en casos peores – usadas dentro de una jarrita que sirve de adorno y a la que en las reuniones familiares se referirán con nuestro nombre (“¡Cuidado, no vayan a romper a la tía Marucha!”)

Sin embargo, que no lo pensemos no quiere decir que la condena desaparezca. Acéptemelo: por más cirugías, dietas, gimnasios y medicinas alternativas intentemos, igual nuestro precioso cuerpo va a terminar: 1) deformado y 2) En un lugar en el que estando vivos no nos quedaríamos más de tres segundos.  Por eso, me parece importante reflexionar sobre a donde lo llevamos cuando estamos en plena capacidad de elección. Y a eso voy con mi “pequeña” lista. Porque vida (recordable) solo hay una y veinte años (o espíritu veinteañero) solo se tienen una vez

Los invito a crear su propia y personal lista de cosas que desean hacer antes de que se les venza la fecha de caducidad (que, al contrario del yogurt ,no está escrita en ninguna parte ¡la busqué!). Agarren un espacio de sus agitadas vidas y ábranse a la posibilidad de morir y de decidir qué hacer antes de que llegue este momento. Les aseguro que es muy divertido, porque siendo realmente honestos, siempre hay cosas extrañas que uno quiere experimentar y nunca se da la oportunidad ni de pensarlas. Los invito, chicos, hagan el ejercicio de pensar sobre aquellos momentos que quieren vivir. Aunque algunos sean muy bizarros y casi imposibles de lograr, la imaginación nos da la oportunidad de viajar y sentir que, después de todo, la muerte no nos ganará la partida.

Para los que no la vieron les adjunto mi lista (tómenla de ejemplo, ¡¡¡pero no se copieeen!! u_u)

Cosas que quiero hacer antes morir

  • Dictar una clase.
  • Viajar en globo.
  • Vivir en otro país por un largo periodo(y ser feliz).
  • Transformarle la vida para mejor a un perfecto extraño.
  • Teñirme el cabello de un color extraño.
  • Tener una mascota que me acompañe por años.
  • Ser millonaria.
  • Pilotear un avión.
  • Organizar una fiesta de antifaces.
  • Ir a un retiro en la India o el Japón
  • Hacer puenting.
  • Hacer parapente.
  • Formar una ONG.
  • Estar en coma.
  • Escalar una gran montaña.
  • Correr una maratón completa.
  • Conocer por lo menos una ciudad de cada continente.
  • Conocer al Dalai Lama.
  • Comprarme y tener el tiempo de leer todos los libros que quiera.
  • Cantar en un teatro.
  • Bucear con tiburones.
  • Adoptar un hijo.
  • ¡¡¡¡faltan!!!!