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Existen momentos en que se traza una línea que separa la justicia del abuso.  Existen momento en que un derecho -real y concreto – se convierte en un arma que puede ser usada de modo exagerado y excesivo.

Armando Massé, presidente de la ultimamente muy ubicua y envalentonada APDAYC (Asociación Peruana de Autores y Compositores) se equivoca cuando demanda al creador de Utero.pe, Marco Sifuentes, por difamación debido a alguna de sus columnas en Perú21.Y se equivoca claramente porque desconoce un principio básico que garantiza el sistema constitucional y legal a cualquier ciudadano peruano: la libertad de opinión.

Estoy seguro que Massé cree con sinceridad que Sifuentes ha cometido una infamia escandalosa al escribir un texto titulado “Corsarios y Piratas” (que,además, fue publicado el 26 de julio del año pasado, es decir casi 8 meses antes de la denuncia). Quiero extraer de ella los supuestos parrafos agraviantes (el texto es de Sifuentes, por cierto y por si algunos no se dan  cuenta o no quieren darse cuenta):

Como todos sabemos, y muchos hemos sufrido, APDAYC tiene un poder inusitado. Inspectores de este gremio interrumpen matrimonios, bautizos y hasta cumpleaños para exigir el pago de derechos de autor. También, siguiendo el ejemplo de sus símiles internacionales que protegen los intereses de la industria del entretenimiento en el primer mundo, han llegado al absurdo de cobrarle una tarifa a cantantes que interpretan sus propias composiciones. Si una bodeguera pone un televisor para distraerse mientras atiende a sus clientes, también le debe dinero a APDAYC. Etcétera.

Pues bien. APDAYC ha elaborado un Tarifario para el Entorno Digital (verlo en http://ir.pe/menosse) que, en cristiano, detalla cuánta plata le debemos todos a la entidad que preside ejecutivamente Armando Massé. Sí, todos: si pusiste un clip musical de YouTube en tu blog o tu cuenta de Facebook le debes algunos cientos de dólares a APDAYC.

A los chicos de APDAYC les gusta decir que todas estas violaciones al sentido común más elemental están amparadas por la ley. Sin embargo, su asociación está violando la Ley de Derecho de Autor, específicamente el artículo 146 del DL 822, que ordena, acerca de entes como APDAYC: “Dichas entidades (…) no podrán ejercer ninguna actividad de carácter político, religioso o ajena a su propia función.”

El problema es que APDAYC sí ejece varias actividades ajenas a su propia función. Por ejemplo, ha comprado parte del accionariado de la disquera IEMPSA, es decir, ya es parte del negocio discográfico. Además, en una reciente entrevista en Radio Capital, Armando Massé admitió que su institución ha comprado seis radios en provincias. Así, nuestros amigos de APDAYC se constituyen en juez y parte del negocio del entretenimiento. Estas irregularidades han puesto al APDAYC en la mira de la Comisión de Derechos de Autor de Indecopi, que ya nombró un auditor para investigar estos casos (…)

(…)Especulemos: Si García quiere ajustar o, como ya hemos visto, apropiarse de un canal de televisión manda a la Sunat. Pero si los blogs empiezan a resultar un problema, ¿a quién podría llamar el presidente? La Sunat, no; los blogs no le deben millones al fisco. ¿Entonces? La salvación del régimen podría ser APDAYC, un gupo de gente que, como hemos visto, se arrogan el derecho de avasallar a cualquiera que haya cometido el delito de compartir música por Internet (o sea, a todos nosotros, los piratas).

Hace trescientos años, decíamos, a los que podían pisotear a cualquiera con tal de servir al régimen de turno se les llamaba corsarios. En el siglo XXI, en el Perú, podrían tener un nombre más inocente: Asociación Peruana de Autores y Compositores

De lo que podemos colegir, Sifuentes no se ha metido en la esfera privada de Masse, tampoco ha generado ningún infundio ni ha falseado datos que ataquen el buen nombre  del buen Massé. Sifuentes ha expresado una opinión. Y por esa opinión ha sido demandado.

Una cosa muy clara es imputar a alguien hechos falsos a través de medio público  y otra, completamente diferente es expresar una opinión, discrepante, vehemente hasta hostil si se quiere, pero opinión al fin y al cabo, sobre la actuación pública de una persona pública. Creo que el señor Massé aún no se ha querido dar cuenta de su esfera: por más intocable que uno pretende ser, es objeto de escrutinio público y crítica, positiva o negativa por dicha actuación.

Aquél es un grave precedente, el cual lamentablemente no es inédito en el Perú, pues anteriormente José Alejandro Godoy, otro blogger y difusor a través de TICs, fue demandado por linkear (sí, linkear) una información de otro medio.

Mis sensaciones sobre el asunto Massé-Sifuentes son variadas. Por un lado, estoy convencido que hay un enorme desfase generacional que hace que personajes veteranos como Mufarech o Massé trastabillen con roche a la hora de asumir causas contra comunicadores 2.0. El caso del  link por el que fue demandado Godoy es un claro síntoma de que los verdugos no entienden y probablemente no quieran entender cómo funciona el sistema de difusión en internet. Probablemente le hables de links, de hipertexto, tags y posts y les de un mareo. Pero es completamente necesario si uno desea entender, debe conocer o, por lo menos hacer el intento.

En el caso de Massé está claro que no entiende cómo funciona el sistema de uso y difusión gratuita de producción musical o audiovisual en el ciberespacio, y más bien lo busca punibilizar a toda costa, sin tener en cuenta que existe un lado real y económico. De ello se puede extraer lecciones muy importantes sobre cómo la tecnología va a incrementar el uso, por ejemplo, de las descargas, al punto tal que habrá un momento en que estas serán una herramienta principal de acceso a los contenido artísticos y musicales que supuestamente se pretende defender. Escribe El Morsa:

Muerto el soporte físico (soporte magnético -cintas, cassettes-, y prontamente los discos ópticos -cd’s, dvd’s), la circulación de bienes culturales se dará sobre la transmisión y descarga digital. En Estados Unidos, por ejemplo, la tienda iTunes de Apple se alista para vender películas por internet (es decir, que se descarguen por internet). Aquí es casi seguro que en los próximos meses veamos que las cabinas públicas serán también lugares de venta de música: “Trae tu llavero memoria USB, y descarga toda la música del Grupo Néctar por una luca”. No es nada difícil de imaginar. Mientras tanto, INDECOPI sigue peleando porque no se vendan discos en El Hueco.

Pero también es cierto que nuestra ley sobre derechos de autor y uso de la web 2.0, como señala Godoy, va camino al anquilosamiento:

Así como el avance de la impresa y el surgimiento de la economía de mercado fueron los hechos que produjeron que los Estados reconocieran la existencia de los derechos de autor (tanto morales – es decir, el reconocimiento por la autoría – como patrimoniales – el derecho a explotar la obra o a disponer de ella con un fin económico), la tecnología ha puesto a prueba la forma como se vienen concibiendo los derechos de autor, sobre todo, en cuanto al aspecto lucrativo.

Internet nos ha puesto al alcance, de diversos modos, el acceso a diversas manifestaciones artísticas. Y de otro lado, los costos de reproducción y copiado de las mismas se han reducido sustancialmente. Esta libertad de acceso ha hecho que la forma de entender diversas industrias culturales, sobre todo en el campo de la música, comience a variar, sobre todo, en lo que respecta al giro del negocio.

El Morsa es muy claro en un  post bacán sobre el tema. Pero se me ocurre además alguna opinión sobre el omnímodo poder que ha empezado a tomar la APDAYC a través de la figura del sñor Massé. Yo siento que siempre existe una línea intermedia y el autoritarismo no es manejable cuando estás en una empresa que pretende recuperar la confianza de los autores y compositores. Honestamente, siento que la APDAYC se ha empezado a comportar como un monstruo que amenaza a todo aquél quese quiera interponer en su camino. Mildemonios lo retrata claramente:

En el tema de APDAYC pasa lo mismo que pasa con la otras muchas instituciones en el Perú: Tienen poder porque les dejan.  Se quejan de que solamente les pagan con pollo, se quejan de que son unos abusivos, etc, etc.  Sin embargo, nadie los obliga a ser socios de APDAYC.  Es una organización libre a la que un autor o compositor se inscribe porque quiere.  Y la verdad es que tiene  tan mala imagen, que si yo viviese de mi música lo dudaría mucho antes de inscribirme con ellos.

Por ejemplo, aquí la lista de artistas en el género rock y balada que están inscritos en APDAYC.  Supongo que es una lista parcial, porque dudo mucho que sean el bastión de la defensa de los derechos de los músicos con una lista de apenas de once rockeros.  Pero ok, digamos que ésa es la lista.  Léanla y memorícenla.  Porque estos son los señores que le dan el poder al señor demandante de hacer todo lo que los usuarios se quejan.

Si gente de APDAYC entra a una bodega y multa al bodeguero por el pecado de escuchar música mientras trabaja, es porque estos señores se lo están permitiendo indirectamente.  Señor Julio Andrade, ¿en serio estás ok con eso? Y señor Pedro Suarez-Vértiz.  Tú siempre sonriente y buena gente, ¿tú normal con que le metan un juicio al amigo de todos Ocram indirectamente en tu nombre?

El señor Massé no se demora nunca en decir que él hace lo que hace en calidad de presidente de una institución que tiene un estatuto y que está sujeto a las reglas y a las leyes, etc, etc.  Sin embargo, en un programa en radio y en vivo decide cambiar el accionar de la asociación, al anunciar ante la insistencia del organizador de un concierto benéfico que está bien, ya no pagues el fee a APDAYC.  Te lo regalo la mitad como institución y la otra mitad como Armando Massé. ¿Entonces? ¿En qué estábamos? ¿Él es el que decide o no?

Esto deja ver que la asociación en cuestión no cuenta una institucionalidad muy sólida que digamos y que las cosas se deciden unipersonalmente.  Dime, Pierina Less, tú tan hip y tan in que eres, ¿normal con eso? Porque son ustedes los que están permitiendo que este causa haga lo que hace.

Y claro, mientras agrupaciones de consumidores se juntan en asociaciones como el No Soy Delincuente y académicos discuten sobre el asunto en foros como éste sobre derechos de autor en la era digital, ustedes socios de APDAYC son los primeros en la lista de los que permiten esta clase de jugadas.  Y la próxima vez que a un taxista le caigan encima por escuchar música mientras trabaja o que sancionen a una profesora de un kindergarten por cantarle cumpleaños feliz a una niñita que aún ni puede tararear la canción, pónganse una mano al hombro.

Ese es precio de vivir en medio de un país que permite que una institución bienintencionada que trata de mejorar la vida sea manejada de forma autoritaria y por demás punitiva, además que mide con varas totalmente diferentes, de acuerdo a su propios intereses. Atacando, acosando, persiguiendo al consumidor; meciendo y dorando la píldora a los artistas, varios de los cuales no reciben ni cobran los derechos de autor que presuntamente recauda APDAYC.   Al margen de los ahora denunciados, (que son circunstanciales y coyunturales) es evidente que existe una representación abusiva que raya con la tozudez, pero también  una agresión contra las libertades -las verdaderas,  las que no atacan, las que no destruyen honras o generar perjuicio personal o social. El mundo 2.0 Sólo por eso  – y sólo por eso – estas denuncias deberían ser tomadas con pinzas y generar un rechazo  inmediato de parte de quienes creen en las redes sociales, en las libertades tecnológicas y de quienes creen en las libertades, a secas.

Durante el año 2009, esta columna publicó entrevistas a diversos personajes de la vida cultural, tecnológica, artística y amazónica y sus diversas reflexiones sobre muchos ámbitos de la vida en general. He aquí que como una forma de recordar aquellos momentos importantes, hemos considerado una selección de los mismos, como una forma de abordar el recuerdo, la polémica, el debate y el consenso.

– Prolifera el comercio de fauna ilegal en los mercados, y seguimos comprando dejando a nuestro bosque vacío y negando a las generaciones venideras apreciar nuestra riqueza natural, que si no cambiamos de actitud pronto el lagarto o el venado, serán solo un mito y podrán ser vistos sólo yendo a Quistococha ¡qué pena! (Cristina Alegría, ex directora regional de Turismo)

– Hay una gran fijación de la selva en la literatura de Vargas Llosa, más que la sierra, como por ejemplo, en La Casa Verde, Pantaleón o las Visitadoras, o El Hablador (aunque esta última se desarrolle en Madre de Dios). Pero yo siento que esa imagen de la selva es muy pintoresca, exótica, trata de ver un poco los aspectos que le pueden interesar a un lector extranjero, como los relatos mágicos, o la época de la explotación del caucho (Jorge Coguila, escritor y editor)

– Lo interesante del arte amazónico que se está consumiendo actualmente es que no se limita al tema de la alegría, el vacilón y la desfachatez como sucedió durante mucho tiempo, creo que la oferta actual incluye una mirada introspectiva, un reconocimiento de nuestros orígenes, un mensaje de respeto y conservación de la naturaleza y especialmente una cantidad de información sobre mitos, leyendas y otras “realidades” paralelas en las que conviven los amazónicos (Christian Bendayán, artista plástico)

– Sin las adecuadas comunicaciones nuestras empresas e instituciones nunca podrán cumplir dichos estándares.  Los grandes negocios del mundo ahora están basados en las tecnologías de la información, investigación y conocimiento. Hay un discurso político denominado “Loreto región productiva”, yo hasta podría añadir “Loreto región productiva de software”. Si antes hemos salido a las calles a luchar por el Canon petrolero, o en mi caso por la carretera Iquitos-Nauta, creo que ahora los loretanos deberíamos comenzar a luchar por la supercarretera de la información (Isaac Ocampo, promotor de nuevas tecnologías de la comunicación)

– ¿El lado oscuro existe?

¿Dónde podemos ubicarlo?

En los blogs que no leo.

(Marco Sifuentes, líder indiscutido de la blogósfera nacional)

– Iquitos huele a pollo frito, de las pollerías. Huele también a nubes negras. Al humo de las mototaxis. Creo que sabe a ensalada de coto. Quizás la textura son las sábanas húmedas por la transpiración. De todo lo sensorial, lo más impactante fue la luz, sobre todo a partir de las 4 y 45 de la tarde (Alberto Fuguet, escritor y cineasta chileno)

– Definitivamente no considero que haya algo notable que destacar de la época republicana, que está más bien marcada por los atropellos contra los pueblos indígenas (Alberto Chirif, investigador de temas amazónicos)

– El verde borde se levanta; como escucho decir a algunos intelectuales de Lima, poco a poco y de muchas formas expresa su verdad que debe ser valorada y respetada (Pablo Taricuarima, artista plástico)

– Yo pienso que no hay “la identidad amazónica” sino que hay muchas identidades amazónicas, es más, cada persona tiene su identidad y no sé si eso implica tener ventajas sobre las otras identidades (Ana Varela, poeta)

– Uno siente aquí la enorme ingratitud que el Perú le ha tenido a la Amazonía ¿no? El desamor y la desatención de Lima en relación a la Amazonía es clamorosa ¿no? Es algo clamoroso, inaceptable además. Y es bueno, por eso, venir aquí y recordar cuán blindada está Lima para captar los reclamos del interior. Y cuán suicida es Lima, precisamente, por ese blindaje y por esa ceguera (César Hildebrandt, destacado periodista nacional)

– Que sigan insistiendo en el deporte o el arte que les guste, con perseverancia y dedicación los resultados vienen solos. No duden en arriesgarse a las oportunidades que se les presenten, porque, definitivamente, hay muy pocas (Cori Rodríguez, campeona mundial juvenil de karate)

– ¿En qué reside la esencia del ser amazónico?

Identidad, ante todo (Jaime Choclote, artista)

– Conocer la ciudad en general es una galería de arte abierta a los ojos de todos,  Yo recomendaría al viajero primero subirse a un motocarro y pasear por la ciudad (Miguel Saavedra, artista plástico)

– De eso se trata mi pintura, de acercarme a la cosmogonía amazónica, de entenderla, de aprehenderla y recrearla. Pero esa fuente de misterio, de magia, de mitos y leyendas es inacabable. Más investigas y descubres que solo has tocado la superficie. Yo tengo cientos de cuadros en mi cabeza por pintar y miles que están en ideas. El asunto es si tendré vida para pintar y plasmar todo lo que quisiera hacer (Gino Ceccarelli, artista plástico)

– En los últimos años, después de la saludable renovación impuesta por Germán Lequerica, considero que el panorama de esa literatura camina segura hacia un destino mejor, donde las obras perdurables sean estrictamente amazónicas para que alcancen la tan esquiva universalidad.  Al parecer, gracias al esfuerzo de tirios y troyanos hay una mejor relación con las otras provincias y hasta con el estúpida Lima (Percy Vilchez, escritor y periodista)

– Yo empecé a dedicarme particularmente a la pintura desde la secundaria, al ver que las posibilidades de surgir a través de una casa de estudio (universidad) se me cayeron. Yo deseaba estudiar. Fue en ese momento que decidí dedicarme a la pintura. No tenía otra opción, de hecho de donde vengo no hay opciones, es como ese poema que dice: “A veces no nos dan a escoger entre las lágrimas y la risa, sino sólo entre las lágrimas y entonces hay que saberse decidir por las más hermosas”. Yo me decidí por una de esas lágrimas hermosas (Rember Yahuarcani, artista plástico)

– Solemos decir que no hay apoyo para el artista, pero creo que el arte es creación, y el artista debería usar esa capacidad creadora no solo en sus obras, sino que debe ser creador de situaciones favorables en su entorno para el desarrollo de su arte, no esperar sentado a que alguien se digne a darle un espaldarazo de apoyo. El artista no debe ser un mendigo de su propio trabajo (Rolando Riva, creador del festival cultural Estamos en la Calle)

– Uy, si hablamos de sabores, el gusto  ahumado de la comida en un choza en el bosque. Ahora, si la pregunta va por el lado del “feeling” creo que nuestro sabor es el de la hospitalidad. He conocido toda clase de personas durante mis andanzas, los que habiendo estado en la amazonia, nunca hablaron mal de su gente (Rafo Díaz, narrador oral)

– Aprendí a vivir, he pasado mucho tiempo, cosas muy importantes en mi vida, estoy desde que tenía 12 años y ahí me he desarrollado, aún sigo aprendiendo, creo que La Restinga es un buen espacio para darte la oportunidad de que te den cosas. Hay muchos chicos que tienen talento y ganas, gente que es mucho mejor que yo, si no les dan oportunidades no habrán cosas  importantes. Yo encontré un espacio (Luis Chumbe, director de miniserie juvenil Colegio Nacional)