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(Imagen de “Sanango“, comic sobre un superhéroe indígena amazónico que lucha contra la depredación y la contaminación)

Esta es una pequeña nota que escribí con algunos pocos ejemplos de una explosión creativa que intenta aún reflexionar el papel del arte amazónico luego de los sucesos de Bagua. Un extracto:

Desde la literatura, el cine, el teatro, la plástica o la gastronomía se intenta recrear el polen fundador de las múltiples cosmovisiones amazónicas y su capacidad inmanente para integrarse con los mundos circundantes y trascendentes. Todas ellas buscan encontrar el significado de las cosas y una estética propia, sí, pero sobre todo emerger del luto, sobreponerse a la ira y construir escenarios epistemológicos y sentimentales desde el corazón mismo del dolor. El recuerdo de Bagua no solo es catarsis, en ese sentido es también esperanza y génesis estética. Es Amazonía en toda su incertidumbre y esplendor.

El texto completo pueden ubicarlo en el edición del día de hoy domingo en El Dominical de El Comercio.

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La importante crítica de arte peruana Élida Román escribe en el diario El Comercio una nota alertando el abandono y riesgo potencial en que se hallan dos murales del gran artista amazónico César Calvo de Araujo, los cuales fueron extraidos del antiguo palacio municipal de Iquitos y han sido abandonados a su suerte por la gestión edil del actual alcalde Salomón Abensur, uno de los más ineptos y, además, nefastos en cuanto a la promoción y desarrollo de manifestaciones artísticas en la provincia de Maynas. Aquí el texto completo de Román:

César Calvo de Araujo (Yurimaguas, 1910-Iquitos, 1970), pintor y poeta, es el nombre más reconocido como artista de la Amazonía en los dos primeros tercios del siglo pasado. Autodidacta y apasionado de su tierra, sus obras recorrieron EE.UU., Brasil, Bolivia, Colombia y Argentina. A él se deben los dos murales instalados en la Municipalidad de Maynas, uno que representa el descubrimiento del río Amazonas, por Francisco de Orellana, y el otro, la llegada de los vapores que enviara Ramón Castilla a la aldea de Iquitos (1864), entonces puerto fluvial, origen de la ciudad actual.

En el 2007, el actual alcalde, Salomón Abensur, víctima de la fiebre modernizante y cementera, decidió construir un nuevo palacio municipal, e inició la demolición del existente, y provocó la inmediata reacción de artistas e intelectuales, que exigieron detener tal acción (ver Diario de IQT), y lograron, como resultado, la intervención del INC, que estableció exigencias específicas en relación con el cuidado y conservación de los citados murales, condición indispensable para otorgar el permiso correspondiente.

En noviembre del 2009, sin embargo, se retomó el proceso de demolición, sin autorización del INC, con el resultado de que la grúa que trasladaba los murales cayó sobre la vecina casa Fitzcarrald, patrimonio arquitectónico y el inmueble más antiguo que se conserva en Iquitos.

Si bien los murales no sufrieron, fueron desterrados al parque zonal, y permanecieron al aire libre, hasta febrero del 2010. Entretanto, el alcalde firmó un acta por la que se comprometía a reparar el daño en la casa afectada y dar tratamiento adecuado a las obras de Calvo, lo que, por supuesto, no se ha llevado a cabo hasta la fecha.

En marzo, el INC-Loreto, bajo la dirección de Christian Bendayán, ha entablado demanda contra la municipalidad. Como dato final, se conoce un proyecto de nueva sede, provisto con un pintoresco diseño de fachada, en que espejos y neones completarán esta historia difícil de calificar.

Habría que hacer algo urgente para salvar estos tesoros del patrimonio cultural amazónico ¿verdad? La comunidad loretana y la comunidad artística local, nacional e internacional tienen la palabra.

EXTRA: El INC Loreto ha invitado a una reunión a toda la comunidad artística y general para discutir y debatir el abandono y riesgo en que se encuentran los dos murales de César Calvo de Araujo, extraídos del antiguo palacio municipal de Iquitos y abandonados a su suerte por la gestión del actual alcalde Salomón Abensur. El encuentro se realizará este jueves 27 de mayo en el INC- Loreto (Malecón Tarapacá 382 Altos) a horas 8:00 p.m. Es hora de asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos y artistas loretanos, exigiendo a las autoridades se respete el arte y la historia de nuestra región.

canon

El Dominical de El Comercio recientemente me solicitó que escibiera un resumen de aquellos 10  libros esenciales, El Canón Literario de mi vida. Evidentemente fue una empresa bastante difícil, porque en general en el arte y la cultura me considero bastante poco dado a definir solo una decena de obras maestras. Igual, tuve que elegir, así que aquí los comparto con aquellos que no lo leyeron anteriormente:

La guerra del fin del mundo (Mario Vargas Llosa) Monumental fábula sobre el fanatismo y el poder, que aún ahora deslumbra y causa temor. 

El guardián en el centeno (J.D. Salinger) Holden Caufield no es un personaje. Es el espíritu de una generación. 

Los detectives salvajes (Roberto Bolaño) Novela pionera y vanguardista, que lapida el “Boom” e instaura la nueva narrativa latinoamericana. Ya era tiempo.  

Rebelión en la granja (George Orwell) Implacable alegoría anti-totalitaria. Los cerdos son una metáfora. El hombre es el verdadero culpable.  

La tierra baldía (T.S. Eliot) La desolación de una era reflejada de modo atemporal, sombrío, místico e hipnótico. 

La casa verde (Mario Vargas Llosa) El Chino Fushía es la respuesta de MVLL ante el retrato de una selva exótica e idealizada. Brutal, descarnada y ante todo, realista. 

Fahrenheit 451 (Ray Bradbury) El libro como arma de la dignidad rebelde, como enemigo mortal del Pensamiento Único. 

Nada que hacer (Pedro Juan Gutiérrez) Un deslenguado, procaz y sucio retrato de La Habana que, irónicamente, exuda ternura y cariño. La isla es el camino. 

It (Stephen King) Prolífico y a veces incomprendido, King es maestro indiscutible del terror visual contemporáneo. Este libro es prueba palpable.   

Las tres mitades de Ino Moxo (César Calvo) Desprovista de cualquier mesura, abigarrada y apasionada. Una mirada amazónica y una apuesta por el porvenir.