Posts etiquetados ‘Copa del Mundo’

Alemania es el equipo de la contención, de la disciplina táctica, del juego efectivo y el terrible éxito en definición (Klose, Muller y Cacau). Ante Serbia jugó su peor partido en muchos mundiales, pero esas cosas también pasan. Candidato permanente a disputar el título.

Argelia no tiene más que ofrecer que el entusiasmo y la actuación discreta. Le falta más táctica y más creatividad.

Argentina ilusiona por ratos, preocupa a veces. Explota en ocasiones y golea. Se deja llevar por el hedonismo de Maradona en otros momentos. Messi e Higuaín entre lo mejor del Mundial. Equipo en ascenso. Lo queremos ver entre los cuatro finalistas.

Australia es un ejemplo claro de que el fútbol de Oceanía todavía sigue siendo un enigma. Entusiastas, a lo sumo.

Brasil no convenció en el primer partido. No jugó como  sabe hacerlo. Se contentó con la efectividad de Dunga. Aún se espera emoción. Pero también sabe que ahora los Mundiales se ganan más con orden táctico que con jogo bonito.

Camerún ya no es el que tenía a Róger Milla. Digno representante del continente africano. de este Mundial.  Se esperaba mucho más de ellos.

Chile es un equipo de individualidades que han sabido afiatarse al estilo que quiere Marcelo Bielsa. El verdadero equipo son las estrategias de un técnico que ha sabido minimizar las carencias tácticas y potenciar las virtudes individuales. Un todo integral.

De Corea del Norte sólo me acuerdo de ellos por su intento de buscar ganar a como dé lugar, con desorden, y por permitir que la dictadura que gobierna su país contrate actores chinos para aplaudirlos en las tribunas.

Corea del Sur no organiza el mundial, como en el año 2002. Por lo tanto, no ha mostrado mayor cosa hasta el momento.

Costa de Marfil. Otro representante dentro del decepcionante standard africano de este torneo.

Dinamarca juega tranquilo, no se despeina, busca el trabajo ordenado en el mediocampo y la presión en marca. Eficiente por completo, pero pierde. Ironías del fútbol.

Eslovaquia es un misterio. Ordenado, pero sin explosión. No le veo muchas opciones de seguir lejos.

Eslovenia me cae bien. Los vi decididos frente a Argelia, pero uno no puede confiarse mucho por ganarle a un equipo menor. Avanzará lentamente.

España no ha logrado convencer en su debut. Ni estrellas como Raúl, Xavi o el Iker Casillas aseguraron que los suizos los sorprendieran. Golpe maestro por perdonavidas.

Los gringos de Estados Unidos han exhibido garra y un nivel técnico que amerita esperar los frutos de su madurez. En un par de mundiales más se verán estos frutos. Donovan está muy por encima del nivel promedio del equipo, jugador superlativo.

Francia en este torneo demuestra cómo la arrogancia y el esoterismo, cuando vienen acompañados de ignorancia, no dan buenos resultados. El técnico Domenech arruinó el juego colectivo de un plantel de estrellas.

Ghana es un participante con muchas ganas y pasión. Hasta el momento es el equipo africano que mejor juego colectivo ha mostrado.

Grecia sin tanto drama, sin tanta gesta épica, sin mayores tradiciones mundiales, puede llegar a octavos de final. No creo que lleguen a mucho más, tampoco.

Honduras es el típico caso de que los cupos zonales a veces no garantizan la calidad. El más modesto de todos los equipos participantes.

Inglaterra no es tierra de arqueros. Sin Beckham y con un Rooney impreciso, mamita tener cuidando los arcos a gente como Green o Calamity James.

Italia nunca convence. No juega vistosamente. Tiene debuts discretos, aburridos, inciertos, pero siempre llega muy arriba. Un campeón que defiende su título con las armas usuales en su tradición.

Japón corre mucho pero juega aún como si estuviera en un partido de Wii. Le falta bastante, pero no hay que subestimarlos. Le aguaron la fiesta a Camerún.

México jugó de menos a más, se plantó ante el local y liquidó la arrogancia francesa. Chicharito y Carlos Vela importantísimos. Buen torneo hasta ahora para los mexicanos.

Nigeria pudo ser el equipo que moviera y animara el torneo, pero hasta allí llegó. Para la próxima es posible la reivindicación.

Nueva Zelanda es un equipo ingenuo que fácilmente pudo haberse quedado en casa.

Holanda es un vendaval de juego, de táctica, de vistosidad y de triunfo. Es un gusto verlos en acción. Ojalá esta vez puedan estar entre los cuatro finalistas.

Paraguay es garra, es fuerza, es trote, es trajín. A Italia le plantearon bien la marca, pero es complicado asumir que se puede llegar lejos con un esquema tan cerrado.

Portugal es una suma de individualidades que no llegaron a convencer del todo. No estuvo Figo, pero se nota que darle toda la responsabilidad del equipo a Cristiano Ronaldo es excesivo.

Serbia sufrió un traspié en el debut, pero no se puede hablar de que está eliminado. Aún es capaz de sorprender.

Sudáfrica quiso, pero no pudo. Intentó dinamizar el biotipo de sus jugadores con las enseñanzas de Parreira, pero ahí quedó. No más vuvuzelas por los locales.

Suiza es la sorpresa del mundial. Le ganó a la favorita España y se le nota agrandado. Pero detrás hay una coherencia táctica ejemplar. Le veo bien arriba.

Uruguay es una sorpresa. Un equipo ordenando atrás, cerebral en el medio y desequilibrante arriba (Forlán imprescindible). Golear al organizador del torneo en su propia casa, jugando bien, augura ilusiones renovadas.

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Juega con la tierra /como con una pelota

báilala/estréllala/ reviéntala

no es sino eso la tierra

(Blanca Varela)

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Algunos sedentarios con mal humor han tratado constantemente de demostrar que la literatura y el fútbol no son compatibles. En su monocorde afán, no han dudado en tildar al deporte rey como pasión, vulgar y desdeñable, inferior. No han escatimado esfuerzo, tampoco en agenciarse de frases de escritores de primera para graficar ciertas abominaciones de quinta.  Por ejemplo, invocan al británico Rudyard Kipling, quien despreciaba al fútbol y a “las almas pequeñas que pueden ser saciadas por los embarrados idiotas que lo juegan“. También al maestro Jorge Luis Borges, quien señalaba: “once jugadores contra once corriendo detrás de una pelota no son especialmente hermosos“. Evidentemente, Borges era un genio literario, así como alguna vez fan enamorado de la dictadura de Pinochet (aunque, a diferencia de sus extraños seguidores, Borges sí jugó y sí le gustaba fútbol, como lo demuestra esta foto y este post).

Es más difícil para los críticos decir que el fútbol no les gusta y mucho más presuntuoso alegar que empobrece la inteligencia o la reflexión. Nada más disparatado.  Es cierto que fútbol y literatura no siempre han seguido caminos paralelos. También es cierto que algunos proyectos literarios se perdieron en medio del desdén de editores o la indiferencia de las capillas críticas (aunque no en el cariño de los lectores). Pero, a diferencia de lo que se podría pensar, muchos han sido los escritores que tomaron el  fútbol como punto de inspiración creativa y, desde la orilla contraria, futbolistas se animaron a escribir y publicar, con resultados dispares pero siempre entusiastas.

En verdad, la literatura y el fútbol nunca han estado divorciados, aunque en algunas épocas sus puntos de encuentro fueran frágiles. Varios creadores asimilaron el fútbol como una capilla de conocimiento, mosaico de las dimensiones de la condición humana; temas recurrentes que componen la gran literatura, por lo demás. El historiador mexicano Héctor Treviño señala que el futbol se ha convertido en la “nueva religión mundial” y parte importante de la cultura popular. Por lo tanto, es lógico que se convierta en objeto de estudios de las clases intelectuales para entender mejor a la humanidad. Desdeñarlo no sólo resulta snob, sino un signo de soberbia misógina que proviene del desconocimiento contumaz.

El genial artista visual y guionista italiano Pier Paolo Pasolini indicaba que “hay momentos que son puramente poéticos: se trata de los momentos de gol. El goleador es siempre el mejor poeta del año”. El español Javier Marías, autor de “Mañana en la batalla piensa en mí”, indicaba que “el fútbol es la recuperación semanal de la infancia“. Antonio Gramsci lo contemplaba como “el reino de la lealtad humana ejercida al aire libre“.  El escritor francés Albert Camus, Premio Nobel de Literatura, jugó como arquero y puntero izquierdo en Argelia y allí se dio cuenta que “la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Lo que más sé acerca de moral y de las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol”.  La legión de acérrimos cultores del fútbol incluye a otros Premios Nobel  como el chileno Pablo Neruda (socio e hincha del Club Atlético Magallanes), el alemán Günter Grass , el colombiano Gabriel García Márquez (no sólo devoto hincha, también  profeta que reparte a los cuatro vientos las santas enseñanzas peloteras) y el español Camilo José Cela (autor de la alucinante Once cuentos de fútbol).

El poeta español Rafael Alberti publicó la excepcional “Oda a Platko”, dedicada al arquero húngaro que pasó por el Barcelona F.C. El checo Milan Kundera, autor de “La insoportable levedad del ser, ha teorizado sobre el fútbol en sus libros. El austriaco Peter Handke tiene una buena obra titulada “La angustia del arquero frente al tiro penal y en Inglaterra existe clásico del género fútbol-literatura titulado “Fiebre en las gradas, escrito por Nick Hornby

El recordado uruguayo Mario Benedetti escribió en 1955 un cuento llamado “Puntero izquierdo”. Su compatriota Horacio Quiroga publicó otro relato, “Suicidio en la cancha”, sobre el caso verídico de un jugador del Nacional de Montevideo que se disparó en el círculo central de la cancha, mientras que Eduardo Galeano escribió un libro muy popular, titulado Fútbol a sol y sombra.  Por el lado argentino, es imposible imaginar fútbol y literatura sin nombrar a la troica insuperable: Osvaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa y Juan Sasturain. Ellos escribieron sin complejos y permanentemente sobre su pasión y afición, convirtiendo sus obras verdaderos estudios sociales y culturales sobre el género. A Soriano le debemos el libro “Arqueros, ilusionistas y goleadores” y  el cuento “El penal más largo del mundo”. Sasturain. Fontanarrosa escribió, entre otras cosas, “El fútbol es sagrado” y “19 de diciembre de 1971” (un maravilloso relato sobre un partido entre Rosario Central y Newells Old Boys). Sasturaín, en tanto, es culpable de “El día del arquero”, “Argentina en los mundiales” y esa frase: “El manejo de la pelota como el del lenguaje -puestos en buenos pies y manos- son un desafío a la creatividad”.

La lista continúa con los poetas Vinicio de Moraes y Jorge García Usata, quienes escribieron sendos poemas en honor del jugador brasileño Garrincha. También hay que incluir al gran cronista mexicano Juan Villoro, autor de “El hombre que murió dos veces”, sobre el día que Uruguay le arrebató a Brasil la Copa del Mundo en el propio estadio Maracaná, en 1950. Otros notables fans de fútbol: Jorge Amado, Augusto Roa Bastos, Ernesto Sábato, Rubem Fonseca, etc.

Vladimir Nabokov, autor de “Lolita”, fue jugador en Rusia y el talentoso novelista boliviano Edmundo Paz Soldán estudió en una prestigiosa universidad norteamericana gracias a una beca que logró como futbolista. Por el lado contrario, el ex jugador de la selección argentina, Jorge Valdano, ha ingresado en el mercado con la edición de “Cuentos de Fútbol”. Del mismo modo, el ex entrenador de Universitario, Ángel Cappa, ha publicado  “¿Y el fútbol dónde está?”.

Desde el lado peruano, es memorable el “Polirritmo dinámico a Gradín, jugador de foot-ball”, escrito por Juan Parra del Riego en 1920, en honor del jugador uruguayo Isabelo Gradín. Del mismo modo, el poema “Fútbol”, escrito por Blanca Varela (gran aficionada); el relato La gran jugada o Crónica deportiva que trata de Teófilo Cubillas y el Alianza Lima” de Arturo Corcuera; “El equipito de Mogollón” del notable Augusto Higa. Abelardo Sánchez León publicó crónicas futboleras en “La balada del gol perdido”. Mario Vargas Llosa no sólo es hincha de Universitario, sino también fue comentarista durante el Mundial España 82. Alfredo Bryce Echenique siempre ha confesado que jugó fútbol en su niñez y adolescencia (además escribió el relato “Pasalacqua volando”), así como Julio Ramón Ribeyro y Carlos Germán Belli.

Julio Ramón Ribeyro futbolista (Imagen: blog de Heduardo)

En fin, es bueno saber que las aparentes diferencias entre el arte y el deporte son meras especulaciones o estridencias inventadas. Empieza una nueva Copa del Mundo, esta vez en Sudáfrica. Quizás algunos grandes escritores no hayan visto jugar  a Messi, Kaká o  Cristiano Ronaldo, pero entendían perfectamente lo que el fútbol es capaz de generar en las mentes, los corazones de veintidós hombres que entregan a veces todo lo que son capaces de demandarles cientos de millones de espectadores. Del mismo modo, quizás los nuevos cracks no hayan leído nunca a Camus, Gabo o Soriano, pero la capacidad con que definen una jugada, la calidad con que arman un ataque colectivo, la belleza con que anotan un gol, son signos evidentes de la mejor literatura; son rastros y senderos de poesía pura. Como diría Valdano: “Hay quien se atreve a preguntar para qué sirve jugar bien (…) sirve para el placer, para la emoción, para vivir

Nunca como ahora es tan cierta la frase de Quique Wolff, ex jugador y comentarista argentino: ¿Cómo vas a saber querido amigo? ¿Cómo vas a saber lo que es la vida? Si nunca, jamás jugaste al fútbol”.

El futbol se escribe, se juega y es monarca absoluto de estos tiempos.

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