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Esa cosita

Publicado: 20 junio 2009 en Miss Lizzy
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– ¿Cómo es eso?… ¿te aprietan un botón y ya estás activa?… ¿Como un aparato o algo así?

– No, no es eso. Es como cuando se prende un foco, pero la diferencia es que no lo puedes  apagar.

– Ah… entonces es como una máquina, es decir ¿nos convertimos en máquinas de placer?

– Jajaja… Algo así, pero en lugar de apretarte sólo algo, te aprietan muchas cosas…jajaja… y el punto es que te entra algo. Te penetra. Se te mete.

– ¿Te entra?… jajaja… ya, ya sé. Entiendo. ¿Y cómo se siente?

– Sí nena, no eres tan tonta. La primera vez duele.

– ¿Duele?

– Sí, pero es un dolor rico, jajaja (ambas reímos). Después ya no puedes vivir sin eso, por eso las mujeres se casan o se vuelven putas, jajaja. Eso es estar sexualmente activa. ¿Entendido?

– Sí, sí, ya entiendo. Entonces se necesita un niño crecido…jajaja.

– Sí, exacto, se necesita un niño crecido, un hombre, eso se necesita, un hombre. Y luego muchos más.

Enrojecida por la calentura de la charla, entendí el significado de estar “sexualmente activa”.

Durante la adolescencia es un término muy escuchado y desconocido hasta que llegas a  “la primera vez.” Y entonces ya estás activa.

Yo mantenía esta conversación con una chica de mi edad entonces 16 años), que “conoce el mundo” y las cosas de la vida mucho mejor que yo, que fue explicándome a detalle como ocurre el milagro de hacer hijos. Yo había leído con anterioridad y muchas veces en los libros, pero fue la primera vez que lo escuché de alguien como experiencia personal en vivo y en directo, claro que ella no era mamá, porque se cuidaba mucho, y también me dio clases teóricas de cómo cuidarme, pero se escuchaban mucho mejor saliendo de sus labios que de lo que puedes captar de las letras de un libro.

Después de esa conversación mística y sumamente importante, me interesé por saber más del asunto, ya no con los libros (porque estaba hasta la nuca de tanta letra), buscaba testimonios de gente, en general de amigos íntimos, que me cuenten como les fue en esa primera vez que los convirtió en esa cosa mágica que los médicos, científicos, psicólogos y todos aquellos que se interesan cada día más por estropear la mente de los chicos, llaman adolescentes “sexualmente activos”, que a la vez los convierte en adictos por excelencia y no pueden vivir sin esas noches de placer.

Muchas personas (sobre todo las mayores) creen que es muy complicado hablar del asunto, por ejemplo, cuando la hija le pregunta  a su mamá ¿cómo se hace el amor? Y esta saca mil excusas para no darle la respuesta, como si fuese una cosa de otro planeta, y nosotros, los adolescentes, tenemos que buscar información válida en donde mejor nos parezca.

Recuerdo mis conversaciones con mis compañeros de colegio (estoy refiriéndome exclusivamente a mis compañeros varones de la secundaria), cuando yo tenía una duda incesante, llegué a preguntarle un día a Hugo (uno de mis amigos más íntimos):

       – Dime una cosa, por qué los hombres siempre se tocan sus “cositas”, ¿les estorba?

A lo que él respondió:

  •   Es que a veces “pepito” se dobla  mal y se le acomoda pues.

Y así fui descubriendo cosas y más cosas, de las cuales fui experimentando algunas, gracias a los enamorados mañosones que tuve; uno me besó por primera vez con lengua, otro trató de inducirme al acto sexual bajo la excusa de que “somos amantes, y nos amamos” (como dice la canción), pero fracasó. Como no tuve muchos enamorados tampoco fueron muchas mis experiencias, pero creo que para pasar el rato ya tuve suficiente, aunque no niego que hay momentos en los que quisiera de golpe y porrazo levantarme a un buen muchacho, jajaja…Pero no, pienso que ese momento debe llegar por su propio peso (ojalá que no sea muy pesado, jeje).

En fin, hoy tengo 18 años, y aun no he aprovechado del todo las oportunidades para formar parte de ese grupo inmensurable de jóvenes que tiene el gusto y en ocasiones, la desdicha de poder decir: “Ya no soy virgen”. O en otros términos: Soy sexualmente activa(vo).  

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“Qué hermosa es tu hijita”, “se parece mucho a ti”, “mírala qué educada”, “qué niña tan tierna”. 

Aquellas son frases que solía escuchar cuando tenía cuatro años más o menos, recuerdo a mi mamá orgullosa de tanta maravilla de hija.  Era una niña ( que fue creciendo con el tiempo), una incapaz de valerse por sí misma, que vive bajo reglas, acostumbrada a que los mayores hagan las cosas por ella, sin responsabilidades (porque es una niña y no sabe hacer esto o aquello), sólo tenía la obligación de estar feliz y disfrutar de cuanto tenía a mi alcance.Todo era muy sencillo, nada lo decidía por mí misma, si quería ir a un lugar sólo podía hacerlo si mamá decía que sí, y si decía que no, me aguantaba y me quedaba en casa sin hacer berrinche.Si había un cumpleaños y no quería ir, pues mamá no quería que me quede en casa y tenía que asistir, la ropa que debía usar mamá la escogía, los zapatitos negros tan hermosos mamá los escogió para mí, las amigas que pueden llegar a la casa por ser hijas de familia mamá las eligió. También escogió el shampoo para cabello castaño, el peinado de chilindrina para ir al cole. 

Papi sólo daba la plata y ella compraba las cosas para mí, lo elegía todo, lo decidía todo y yo, como era  una niña, no tenía que preocuparme por nada más que sacar 20 en los exámenes. 

Pero de pronto me doy cuenta que todas esas atenciones ya no son para mí; antes, si me dolía el estómago mamá me preparaba un té y me daba algún jarabe, ahora tengo que verlo todo por mí misma, desde lavar mi ropa hasta  comprarme la pastilla para el dolor de cabeza   intenso, tengo que prepararme el desayuno y plancharme los pantalones, ahora las señoras le dicen todavía ¡qué hermosa hija tienes y qué educada es! Pero lo de tierna ya quedó atrás, en la infancia.

Todavía recuerdo a papá quedándose hasta tarde esperando a que yo me durmiera, ahora me quedo mirando en la televisión algún noticiero o programa para adultos (que no necesariamente es xxx), sola, bebiendo una taza de té que yo misma preparé porque mamá está muy cansada y yo estoy lo bastante grandecita para prepararla.

 Ahora me tratan como adulto, pero aún tengo las restricciones de la niña, ahora soy adolescente según los libros y los doctores, y según mis padres ahora tengo más obligaciones.

¿Y mis derechos? pregunto constantemente. 

No me di cuenta exactamente cuando me convertí en lo que soy ahora: una señorita responsable, según dicen.  

Y eso es lo que significo para mi mamá y mis tías que siempre están interesadas en la vida de los demás, pero no saben lo frustrante que era en un tiempo no poder salir a los lugares que quisiera, con las personas que me diese la gana y hasta la hora que yo decidiera, porque no soy una persona mayor (a pesar de mi DNI azul), y sin embargo tampoco soy una niña. Era muy confuso, no ser ni lo uno ni lo otro. Ojalá y alguien en esa etapa de la vida  te explicara cómo funcionan las cosas y entonces uno estaría preparado para afrontarlas. Pero no, sola tuve que ordenar con el tiempo mis ideas y calmar mi rebeldía (en ese entonces creciente) porque me sentía atada de brazos. Ya no me cuidaban  pero tampoco me daban las libertades de una persona adulta.   

Un día mi padre me dijo que yo era libre de tomar mis propias decisiones y al otro día él mismo, de sus propias palabras me dijo que mientras estuviese bajo su techo era él quien mandaba y que sólo me iría de la casa el día que me case de blanco; para eso yo le había planteado la idea de que algún día (algún remoto día) yo tendría que irme de la casa a vivir sola  porque tendría que asumir mi verdadera independencia (ustedes saben, cosas de muchachos).

¿Dónde está el sentido de sus palabras, entonces?  

Yo me pregunto a veces si estaré cumpliendo bien mi rol de adolescente, ya que los libros se contradicen el uno con el otro y al final no sé quién tiene la razón, y decido que yo, y que todos los demás están equivocados. 

Ojalá hubiese alguien que en el momento preciso te dijese: “desde hoy eres un adolescente y tu comportamiento debe ser el tal; tienes tales obligaciones y tales derechos, desde hoy los adultos te deben tratar así y los niños asá” (algo así como un código de ética del nuevo adolescente). Sin embargo, todo lo tenemos que descubrir, o mejor dicho, nos tenemos que amoldar e ir creciendo conforme pasan los años y acarreamos los problemas. 

Otra pregunta que siempre a estado en un lugar al que llamo “mi limbo mental” es ¿por qué nadie parece entendernos? Si todos, absolutamente todos atravesamos esta etapa de la vida y tal parece que los adultos ya no lo recuerdan y nos recriminan absolutamente  actitudes que ellos califican como malas.

Si nos gusta el rock, somos unos locos dementes, si nos gustan las minifaldas, parecemos unas lolitas y damos mala fama a la familia, peor si nos subimos a la moto de un amigo, somos de lo peor y los avergonzamos, los adolescentes tenemos que vivir dando explicaciones. Pero a los adultos quién les dice algo cuando cometen alguna falta. En general mis padres me juzgan por cosas que con el tiempo se han ido formando en mi carácter, me juzgan por las mismas cosas que ellos generaron en mí, yo debería gritarles en sus caras todas las cosas que me parecen malas de ellos, pero no, no puedo porque yo no soy adulta, sólo soy adolescente.

¿Quién entiende a los padres?

menstraucionPensar en aquellos días es para algunas recordar el día en el que terminaron con sus enamorados sin verdadera intención de hacerlo, para otras el día en el que no pudieron estrenar su bikini nuevo y abstenerse de meterse a la piscina para darse un rico chapuzón. Para otras, simplemente la semana en la que no hacían otra cosa que quejarse insoportablemente de dolores que jamás hubiesen sentido de haber nacido varones, en el mejor de los casos representa el no hacer los ejercicios de educación física en el colegio, aunque no representa un verdadero beneficio.

Recuerdo haber leído un texto en el que explicaban distorsionadamente el origen de este mal necesario que sólo aqueja a las mujeres y explicaba que cuando Eva, la primera mujer sobre la tierra, pecó en el paraíso, Dios, para hacerle pagar por su falta, le dijo: “pagarás tu pecado con sangre”. ¿Pero en cómodas cuotas mensuales? me pregunto.

¿O no habrá querido decir incómodas cuotas mensuales?

Cuando una es pequeña (yo siempre fui pequeña) tiene una hermana mayor y no sabe que la menstruación significa una semana horrorosa, de incomprensión (porque nadie sabe las cosas que a una se le cruzan por la cabeza). Somos unas perfectas incomprendidas, porque tenemos accesos de ira, de muchas otras cosas imposibles de expresar con palabras. Pero antes que eso te pase, una sueña con que ese “maravilloso” día llegue y realmente – en mi caso – es maravillosa la primera vez que encuentras en tu ropa interior esa mancha de sangre, crees que el sol  empieza a brillar por fin para tu vida, ya que aparte de hacerte creer que es inofensiva, trae con ella un paquete de cositas interesantes que se manifiestan en tu cuerpecito. Primero, en tu pechito, que no se diferenciaba en nada con el de tu primito,  te empiezan crecer unos, algo dolorosos pero dignos de orgullo, bubíes. Seguidamente, por detrás van tomando una forma interesante tus caderas y no se hace esperar un kabús que a los chicos les parece impresionante (aunque no todas tenemos la  suerte de recibir el paquete completo)

Pero con cinco años de experiencia en el área, permítanme decirles, niñas preciosas, que deben rogar porque ese día no llegue tan pronto, porque entonces tendrán que preocuparse por un gasto demás todos los meses, no sólo en el paquete de toallas higiénicas (de todas las marcas que salen en la televisión que aseguran ser súper absorbentes e inmóviles y sin embargo en el momento menos esperado alguien se te acerca y te dice al oído: “tienes una mancha en el pantalón”). También en las cremas para los granitos desagradables que trae la pubertad, en los analgésicos para calmar un poco el malestar que esta etapa implica, y si eres de las que van a la piscina con frecuencia también tendrá que estar en tu lista un paquete de tampones, para que no te suceda lo que le sucedió a una  amiga y nos obligó a todas a salir completamente horrorizadas de la piscina, como si un elemento mortífero hubiese sido vertido en el agua, al darnos cuenta que su toalla flotaba muy campante alrededor suyo. Fue un asco, sin duda.

No para todas, la experiencia de su primera menstruación es la fecha más esperada. En algunos casos las madres (que se supone son las principales responsables de informar del asunto a sus pequeñas hijas) no tienen la delicadeza de hablar con sus hijas de este tema.  Las niñas reciben muy poca información en el colegio o no tienen un buen libro de sexualidad a su alcance. Cuando llega el momento creen que se están muriendo, que tienen alguna enfermedad incurable o que se les ha roto algo ahí dentro y tantas cosas que se le pueden ocurrir a una niña que tiene entre doce y catorce años (algunas empiezan a menstruar a los nueve y otras no lo hacen sino hasta  los diecinueve, es cosa de hormonas), entonces el momento, lejos de ser feliz, es traumático. Lo bueno es que el trauma se les pasa rápido. Conozco a alguien que dio un grito desgarrador cuando fue al baño y encontró su ropa interior sucia de sangre, pero luego cuando su mamá le explicó de dónde venía esa sangre y lo que significaba su presencia ahí, se calmó y aprendió a ponerse las “serenas” como una profesional, vivió feliz hasta que la mala de la película empezó a presentársele con intensos dolores.

No todo es malo en esos días, así que no se asusten mucho, de que es incómodo, lo es, no podemos evitar este “fenómeno” que nos prepara para ser madres algún día. El mes pasado tuve que hacer magia, por decirlo de algún modo, para no tener que quejarme delante de todos, pues pasamos una noche en un edificio abandonado que no posee un solo y triste baño en el que una pueda siquiera cambiarse la toalla. Cómo me las arreglé, no se los puedo decir, fue una aventura sacrificadísima, además es un secreto que sólo conoce mi amiga Sofía.

No puedo evitar mencionar lo gracioso que resulta ver cómo las abuelitas hacen un mito de este momento que para ellas es histórico y te preparan lavados de hojas que en la vida habías imaginado que existían, supuestamente para convertirte en una señorita correcta.

Creo que la menstruación es la etapa más incómoda, insufrible, complicada, dolorosa e incomprensible por la que tienen que pasar las mujeres y que no existe un cuy mágico que pueda ayudarnos. La idea es mantenerse en actividad constante. En el año 2002, yo pertenecía a un equipo de básquetbol (aunque nadie me cree, no sé por qué), tenía doce años y fue mi primera vez, quiero decir la primera menstruación. La esperaba desde hacía un año, cuando llegó me alegré mucho. Hoy me pregunto por qué llegó sin dolor alguno, mi mamá dice que es porque en aquel tiempo yo permanecía muy activa con la gimnasia y lo otro, en ese instante pensé que era una de las mejores cosas que podían pasarme en la vida. Con el tiempo me convertí en una señorita intelectual (siempre he sido buena en mis estudios pero nunca tanto como entonces), ya no amaba ningún deporte, las únicas actividades físicas que realizaba eran las caminatas para ir al colegio en días de paro nacional y los exhaustivos bailes interminables que me gustaban tanto (estaba de moda la corriente axé y sí que te movías mucho con las coreografías).

Así empezaron los dolores y de ese modo empecé a detestar los días que antes parecían mágicos.