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“Estoy en un curso de capacitación en un colegio nacional donde participan cerca de 300 profesores igual que yo que aspiran a ser nombrados en este examen del domingo 15 de noviembre en una de las más de cinco mil plazas que hay en todo Loreto. Me esfuerzo cada día, investigo, hago mis tareas, corrijo mis exámenes de lógico-matemática, de razonamiento y de comprensión lectora. Fallo mucho porque cada vez los profesores ponen las pruebas más difíciles a medida que se acorta el tiempo. Tengo un grupo que se dedica de verdad a estudiar, vamos por las tardes a casa de cada uno de nosotros, apenas salimos del colegio a la casa empezamos a concentrarnos con separatas de cultura general que bajamos de Internet, con acertijos o exámenes de concursos anteriores que ahora nos resultan “papayitas”, pero igual no nos confiamos, seguimos estudiando porque aspiramos a que todo va ser honesto, que esta vez los exámenes no se van a “filtrar” por debajo de la mesa, esperamos que esta vez la Policía y fiscalía no se hagan los cojudos y que los funcionarios de la Dirección de Educación – por una vez en su vida – tengan algo de decencia y no se dejen llevar por los sobres de la corrupción.

Ya no podemos más. Ayer, por ejemplo, nos amanecimos hasta las tres y media de la madrugada practicando unas analogías que habían llegado de una academia limeña que – dicen – también prepara a docentes de esa ciudad para el bendito examen. Hemos pagado 50 soles para que nos capaciten en estas dos últimas semanas, aunque los profesores que nos enseñan no son cosa de otro mundo, nos motiva que volvamos a las carpetas con cara de alumnos para aprender a fuerza de costumbre, algo que nosotros les pedimos a diario a nuestros educandos. Todos acuden religiosos temprano y en los patios del colegio donde nos capacitamos no se habla de otra cosa que no sean fórmulas, claves, resoluciones ministeriales, leyes, declaraciones del director regional, posiciones del Sutep, o de los lugares en la región donde habría mayor oportunidad si es que pasamos a una segunda etapa. Créeme, Héctor, estamos convencidos que este examen podría ser uno de los más limpios si no fuera porque hace una semana empezó la misma cantaleta de las claves compradas de los cuadernillos con las preguntas, de los funcionarios echados y hasta de los “compañeros” metidos en este tema de beneficiarse con el examen de nombramiento. Y para nosotros todo ha vuelto a desanimarnos, porque del grupo de cinco profesores que éramos pétreos estudiosos, ahora dos de ellos han dicho que aceptarán la propuesta de comprar el examen y se han retirado a esperar que el dinero se imponga al mérito.

Porque ya nos han entregado una propuesta de lo que serán supuestamente las preguntas que coinciden con los porcentajes que ha publicado el ministerio para cada especialidad. Ahora la corrupción todo lo ha prostituido porque lo que era un ambiente de reflexión, debate y estudio por estos días todo mundo ha empezado a organizar la mejor estrategia de la pendejada. Son cien preguntas para todos y no te imaginas cómo éstas han sido inventadas en su manera de ser plagiadas o cómo se podría elaborar un “taquito” de tal manera que no haya el mayor problema para poder hacer trampa el día domingo. Héctor, no sabes las ideas extravagantes y desesperadas de los profesores, por ejemplo te cuento que un grupo de mujeres ha dicho que se pintarán las uñas de un color determinado con puntitos que señalen una alternativa por cada dedo. Es un lenguaje tan matemático como increíble, otros han elaborado una manera de persignarse que delata en realidad una forma de mostrar la A, B, C, D o E, que son las alternativas por cada pregunta, es un desmadre, aún así yo quiero creer que hay esperanzas que no sean otra cosa que bluffs de la corrupción generalizada en el sector.

¿Tú crees que otra vez nos jodamos los que intentamos estudiar? ¿Tú, que estas metido en esto del periodismo, crees que la cosa está tan jodida por todos lados? ¿será cierto que a una semana del examen ya esté circulando a vista y paciencia de todos sin que nadie haga nada? Porque, te cuento que yo he visto las preguntas, han traído el cuadernillo a los salones y con pana y elegancia los ofrecen a 1500 soles, los “colegas” se han organizado en grupos y ya hay varios que han hecho su “chanchita” y están dividiéndose las preguntas para resolverlas. A mi me han pedido 300 soles, pero me dicen que no pagaría ahora sino después del examen, es decir, luego que se compruebe que fueron las mismas preguntas. Eso me carcome el cerebro, no me deja concentrarme y estoy a punto de comprar esta ilusión. Tú te debes recordar, man. Esa gente que se nombró comprando preguntas, salieron en la televisión los premiaron delante de los colegas, pero ellos no se comieron el cuento por eso los abuchearon cuando se fueron a recoger sus resoluciones, ustedes nomás, los periodistas (¿debo decir sachas?) fueron los que no quisieron decir nada ¿te acuerdas?

¿Ahora has hecho el seguimiento de esos profesores?, sabes por ejemplo que uno de ellos está procesado por pegarle a un alumno en pleno colegio porque pretendió supuestamente a su mujer, que también se nombró con estos exámenes filtrados, no sabes cómo lo señalan sus colegas, todos saben, hablan a sus espaldas, los alumnos se ríen de ellos porque ni enseñar saben. Todos sabían, menos ustedes, los periodistas que no dijeron nada, ahhh y las autoridades, pero en ellos se entienden sólo quieren aparecer en las fotos, pero ustedes, en fin no te canso porque de repente ni siquiera vas a leer mi preocupación. No importa, voy a seguir estudiando, así no apruebe y no obtenga mi nombramiento y de repente tampoco el contrato. Ya sé, te resulto ingenuo ¿di? te debes estar riendo de mi preocupación, claro tendrán cosas más importantes que decir o escribir, entiendo, un profesor con su dilema de ingresar a la corrupción no es tu prioridad, es uno de los 20 mil que hay en la región y no salimos en la TV. Si es que no estamos tomando en aulas, saliendo con alumnos (as) o si les pegamos a ellos, un examen no existe cuñao, está bien, te entiendo. Jódanse”.

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La mujer observó que no podía tomar las fotos acostumbradas y empezó a buscar en su bolso de rojo y negro de “mariquita” con borlas de lana sobresalientes y con el cierre donde corresponden los pequeños dientes del animal en forma de mochila. Rebuscó y constató que no estaba. Entonces la cantante morena preguntó autosuficiente y con voz desgastada por haber cantado la noche anterior: “Búscala mujer, que no tengo todo el día” – le dijo para cortar la réplica que intentaba darle su asesora de imagen publicitaria que ya empezaba a desesperarse, no tanto por la máquina digital perdida y que quería utilizar para sacarle una foto a su jefa, sino por los gritos que empezaría a espetarle dentro de unos minutos. Puso la bolsa en el piso sucio del aeropuerto e intentó hacer una llamada con su celular antes que parta el avión que las llevaría de regreso a la capital. La morena se sentó altiva sin mirar a nadie, mientras una que otra mujer intentaba reconocerla pero dudando que se trataba de la artista que más le había cantado al desamor en las mujeres. Era como su diosa eventual para ese mayoritario porcentaje de despechadas que viven insultando al mal amor de los hombres por falsos, frívolos y hambrientos de purita carne que tanto había cantado en sus letras de criollada.

La muchacha marcó el número del hotel esperando que ahí encuentre una respuesta positiva. Le respondieron como se responde ante la inseguridad de no saber con precisión. “No sabemos”. Empezó a llover a manotazos, era las dos de la tarde, sin embargo en la mañana había estado caliente que, como si se tratase de un reloj y balanza, el cielo anunciaba que ponía las cosas en orden, ese orden también hacía retrasar los vuelos y en este caso no fue la excepción ni siquiera para la diosa de la criollada. La asistenta ahora sí empezó a temblar. Ella sabía que normalmente la morena no hablaba mucho porque había creído que hablar menos perduraba mejor su garganta, incluso alguna vez le comentó que no cantaría ni siquiera en el cumpleaños de su madre siempre y cuando no le pagasen. Eso lo podía confirmar porque en muy escasos programas de la televisión adonde le gustaba acudir la condición que imponía era no cantar a capela, no tanto porque algunas de sus colegas le habían dicho que no se merecía el rango que le habían insuflado, sino porque temía que los minutos en vivo podría restarle algo de dinero o voz.

Por eso cuando empezó a gritarle de su supuesta irresponsabilidad en la pérdida, ella empezó a verle en los ojos tan verdes como falsos, que estaba gritando de verdad. La asistenta no le quedó más remedio que acudir a la comisaría a poner la denuncia, ella también quiso ir para apurar con su prestancia internacional las gestiones de la Policía. Volvieron al aeropuerto esperando que los vuelos se normalizaran y en el trayecto y sin hablarse ambas mujeres pensaban en cómo podrían librarse del riesgo que sería ver las imágenes de la cámara fotográfica en Internet. Eran imágenes discretas, que no revelaban sino cuerpos regordetes paisajes de monte, comida tropical, gente cantando a coro y una que otra coquetería disforzada sumado a gestos obscenos. Pensó que llegaría las fotos a sus contrincantes de callejón o podrían ser vendidas al mejor postor de la basura televisión y su carrera supuestamente pulcra y diseñada en base a la identidad de todo un país, podría verse disminuida o de-repente destruida. En ese mismo norte y como coincidencia natural se encontraba pensando su asistenta que no pensó mejor idea que anticiparse a los acontecimientos y generar el escándalo del robo en banda.

Como muy buenas aprendices de la criollada – traducción- palomillada en serie y de callejón, creo la mejor artimaña asociando la fragilidad de algunos productores de una cadena nacional que no vieron mejor provecho que salir anunciado un desvalijamiento pomposo. Mientras tanto, el río serpenteaba en colores, en la ciudad los hoteles mostraban su mejor cara obediente a los buenos tiempos del turismo en la ciudad tropical y la gente seguía pensando que esta señora afro descendiente era uno de los mayores referentes de la cultura peruana. Y la gente de otros lugares así lo creyó también, por eso se armaron cadenas por Internet, lazos digitales anunciaban una vez más que los peligros habían cambiado el rostro angelical y verde que en un momento pintó la Amazonía. Las fulanas se rieron a carcajadas en los interiores de su habitación donde además duermen casi juntas pensando que habían puesto las cosas en su sitio. Llenaron de bebidas la habitación, chocolates y comida al paso para celebrar la victoria sobre los comunes, y, como en esas historias de antología policial que se convierten en la mejor cortina de humo que esconde escandalotes o levanta la imagen de alguien, en esta historia también resultó herido alguien. En realidad muchos, miles, cientos de miles, todo porque las damas así lo imaginaron en su afán de esconder esas fotos donde aparecen regordetes y flácidas.

Entonces no era tan morena, tampoco tan identificada con sus raíces, menos dama y menos buena artista, así lo demuestran sus antecedentes. No me molestaría ver algunas de esas fotos sueltas por ahí como una especie de venganza del Dios en el que no debe creer esta dama de la canción, menos mirar de frente cada domingo después de la misa.

NE. El periodista Héctor Tintaya, sub director del diario iquiteño Pro & Contra, y eventual colaborador de este blog se encuentra presente en la FIL Arequipa y fue testigo de excepción de la apoteósica presentación del libro “Cambio de Palabras” del también periodista César Hildebrandt, editada por la editorial loretana Tierra Nueva. En la presentación,  además,   Hildebrandt indicó que su próximo libro “La Cámara del Terror” será publicada en diciembre, por Tierra Nueva. Publicamos la crónica de Tintaya sobre este evento en su integridad, la misma que fue publicada el día de hoy en Pro & Contra por considerarla de interés cultural y amazónico.

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Un efectivo de la PNP rompió el cerco que habían armado ellos con el equipo de seguridad y los jóvenes voluntarios de las universidades en la FIL Arequipa 2009 y se acercó peligrosamente donde César Hildebrandt, que en ese entonces iba a subir al escenario del anfiteatro del parque “Libertad de Expresión”. Estaba abarrotada, literalmente. La Feria a las 7 de la noche del sábado se había paralizado para el beneplácito de los organizadores y la envidia de las grandes editoriales del país.

El efectivo llegó entre los apretones de cientos que pugnaban una foto o sólo verlo de cerca y, sino hubiera estado uniformado de repente no habría podido llegar hasta Hildebrandt, quien en un acto de impronta defensa lo miró fijamente. “Solo quiero tener el orgullo de estrecharle la mano, señor Hildebrandt”, le dijo el efectivo recibiendo una respuesta de agradecimiento del más importante, influyente y honesto de los periodistas del Perú: digámoslo bien. Del mejor de todos nosotros. Subió al escenario arequipeño de la noche del 26 de septiembre y fue aplaudido multitudinariamente. Lo flashes no terminaban y talvez fue la explicación que usó el presentador, periodista Eduardo Ugarte, para decirle que, fácilmente podía sentirse como una estrella de cine.

Horas antes en la Universidad Católica de Santa María, ante más de 500 estudiantes ya había dado una explicación a este fenómeno. César Hildebrandt, no sale en la TV, al menos no en una cadena nacional y sólo salía por un canal metropolitano de Lima al cual renunció sumando su retiro número 15 de la TV nacional, el periódico en donde escribe una columna de opinión (La Primera), no llega a muchas regiones, incluso Arequipa –eso le hizo recordar la gente– y sin embargo es aclamado por adolescentes y por personas de la tercera edad. Lo reconocen, lo saludan, lo respetan, lo admiran. Digámoslo claro y directo, otras “estrellas del periodismo” podrán tener fisgones, público ávido de ver si los reflejos de la TV brillan igual en directo, pero no irán a escuchar a aprender a asombrarse con alguien que marca la escena de la crítica nacional.

Me rebelo, luego existo

Todo pintó para bien. Desde el cielo azulado de Arequipa el sábado en la mañana que arribó César Hildebrandt al aeropuerto characato hasta la noche tibia final de su presentación. El mismo día, llegó junto a Rebeca Diz y su pequeña y los padres de su compañera a la que en todo momento le brillan los ojos cuando lo escucha y lo ve. A medio día se quiso encontrar con universitarios y lo hizo en el auditorio Miguel Grau de la universidad privada, esta vez tomada por los alumnos provenientes de todos lados y carreras profesionales de las distintas universidades. Efraín Rodríguez no cabía en su cuerpo al tener la responsabilidad de presentarlo, pero igual, sostuvo el papel mojado por su sudor y le dijo algo que Hildebrandt aplaudió de pie. La prensa ha caído en el Perú, por eso lo tenemos como el mejor de nuestros ejemplos, luego de hablar de su tareas napoleónicas de enfrentar al poder.

Todos los estudiantes estaban pasmados pero no fue motivo para que articulen preguntas muy profundas y muy bien planteadas, algo que posteriormente nos confesó Rebeca. De las mejores presentaciones donde yo he asistido, nos dijo, emocionada por tanto afecto. Pero no fueron preguntas tibias, no, fueron cuestionadoras, lo que enriqueció las respuestas con un machete insuperable, porque Hildebrandt que en nuestro país era una necesidad reinventar a Descartes, pues la situación política nos lleva a pensar “me rebelo, luego existo”, pero con una rebelión de ideas, de postura y de conciencia ciudadana. Al final se fue entre un cordón del auditorio escuchando cómo voces femeninas, a lo lejos, gritaban: “Te amamos, César”, y no eran de burla sino de pura verdad.

Estoy orgulloso de Tierra Nueva

A las seis de la tarde estaba frente a los flashes de los inquisidores de momento. Los periodistas preguntaban de todo, no se callaban y cuestionaban por ejemplo el hecho que La Primera podría estar siendo financiada por Hugo Chávez a lo que Hildebrandt respondió como siempre. Versiones desde esa derecha racista que piensa que sólo ellos pueden hacer las cosas y que nunca se ha demostrado algo fidedigno de esa acusación sino sólo un estribillo que muchos periodistas preguntan para darse aire de cuestionadores. Pero también hubo bromas y, claro, no faltó esa pregunta de admiración de uno de ellos. ¿Porqué publicar en una editorial de provincia y no en otras?, Usted que es provinciano me lo pregunta, le dijo. Estoy orgulloso de Tierra Nueva con quien vamos a presentar mi próximo libro “La Cámara del Terror” en diciembre que viene. Silenciando a todos en el Salón de Las Américas del mejor hotel de Arequipa y dando por concluida la conferencia.

Nunca he mentido

Ya en la noche y ante más de mil quinientas personas la cosa pareció desbordarse pero todo sucedió a flor de piel. Este servidor dijo que Tierra Nueva y Pro y Contra estaban orgullosos de tenerlos como uno de nuestros escritores y que la Amazonía estaba presente también en la 1ra FIL Arequipa. Habló el mejor de todos y el mejor legado que dejó a todos fue reconocer abiertamente que ha tenido seguramente cientos de errores, que él no es un hombre de derecha y que por eso habrá hecho algunas concesiones, pero que jamás ha mentido concientemente. Al final firmó más de 200 libros, se quedó hasta el último y tuvo que suspender la cena. El efectivo policial se quedó cuidando el parque y de seguro habrá contado de haberle estrechado la mano a César Hildebrandt – Pérez Treviño.

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En el auditorio de la Biblioteca Nacional en Lima se realizó un conversatorio por demás interesante, que reunió a tres de los artistas más representativos de la Loreto, Rember Yahuarcani, Christian Bendayán y Gino Ceccarelli, quienes presentaron sus posturas en relación a la percepción que tienen los peruanos – limeños en relación a los amazónicos. La cita cursaba entre debatir sobre las leyendas que se han forjado a punta de publicitados ejemplos como la “mujer ardiente” el habla “charapa”, la “haraganería del varón”, lo mágico artístico y estigmas con los que se identifica al que llega o al que vive en Iquitos.

Ceccarelli se esfumó por las bandas y dio una explicación tropical para intentar entender la idiosincrasia amazónica. Para él, el calor era funesto para el trabajo y el ocio fomentaba al extremo la imaginación que a su vez gestaba la “llullampería” inocente como un recurso casi genético en el amazónico. Bendayán fue más sectorial y se fue por la interpretación y sinopsis de lo que el arte a través de la pintura ha representado en Iquitos. Explicó que los urbanos en realidad son distintos a los rurales o ribereños y que, si bien es cierto que existe una definición de los “charapas” en Lima y en el Perú, esta se basa en la idea de un poblador migrante que ha construido sus bases y lenguaje social denostando del indígena.

Rember Yahuarcani fue menos explicitó pero a su vez más directo en torno a la discriminación como artista y poblador indígena. “Si a nosotros (los amazónicos) nos miran como nos miran, al poblador de las comunidades nos miran dos veces peor”, alcanzó a decir con la honestidad que caracteriza a todo arte que se basa en la representación del realismo – imaginario como se podría identificar su obra. Las explicaciones en realidad eran poco estructuradas y hasta sosas y, en el caso de Ceccarelli, incluso se podría decir que se basaba en una interpretación lejana y muy parcializada de lo que realmente ha constituido la referencia para que Lima y el Perú nos miren como nos miran.

Pero ¿Cómo nos miran? Tal vez las preguntas y posiciones del público pudo dar mayores luces a la interrogante pues abordaba los elementos más marqueteros en torno a la Amazonía, pues no sólo hablaban de la “despensa” que representa sino de las “mujeres calientes”, de la variedad del simbolismo sexual como el licor, el exotismo, la chamanería y hasta la pobreza o abuso infantil como los íconos de una cultura que aún en el siglo XXI no se conoce y menos se entiende. Incluso, por un momento uno de los panelistas volteó la pregunta para interrogar a los presentes y decir cómo miran los amazónicos a los peruanos y salieron las conclusiones que en realidad representan también una desvirtuación de lo que pasa en el Perú y la misma idea de fragmentación en la que vivimos y que parece ser nuestro principal problema.

Acaso el amazónico no mira al limeño como el mentiroso pendejo que quiere sacar provecho de todo a cualquier costa, el ladrón que engaña (no miente o llullampea) y que está decidido a todo con la intención de obtener un rédito. Acaso el amazónico no es racista – así como lo es el limeño con él – con el andino, no sucede que también han estigmatizado al “serrano” para identificar al que habla mal, al taciturno, poco aseado, introvertido peligroso y le han creado fortunas mal habidas por el simple hecho de conseguir algo de comodidad en tan poco tiempo.

Aunque no han sabido explicarse muy bien nuestros mejores representantes contemporáneos del arte acerca de esta construcción de ideas forjadas socialmente y al parecer de manera irremediable (porque no se habló de los medios de comunicación como la herramienta que ha trastocado todo y ha impulsado el estigma, en su afán de vender todo y a toda costa), lo que sí ha demostrado una vez más es la causa que ha provocado talvez esta desorbita en buscar unas respuestas más totalizadoras del asunto y esto puede responder a que en la Amazonía aún no han existido los interpretadores de su realidad, aquellos que sepan identificar más allá del juego del selvismo una vocación por entenderla y explicarla.