5 de junio en Wawás: un doble aniversario.

Publicado: 19 junio 2010 en Diario de IQT
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Por: Fermín Rodríguez Campoamor (*)

En el mismo día un doble aniversario: de muerte y de nacimiento

La muerte, después de un año, estaba todavía presente y viva en las lágrimas que desbordaron silenciosamente los ojos apretados de Violeta Piitug Wampush, viuda de 28 años y madre de cuatro hijos.

El nacimiento sonreía en los grandes e inocentes ojos abiertos de su hija en brazos que cumplía su primer año de vida.

En realidad –nos precisó Violeta con toda exactitud– la niña nació aquí en esta casa de Wawás el once de Junio del año pasado, seis días después de que mataran a su padre el día cinco en Bagua. Pero en la familia decidimos, para no aumentar los gastos, celebrar los dos aniversarios el mismo día. Entre mi madre y yo vamos a preparar la cena para toda la familia. Ustedes, si lo desean, están invitados a la fiesta de esta noche.

Así, cuando todavía no nos habíamos presentado, fuimos sorprendidos por una acogida tan espontánea, tan sincera y familiar. Niños y jóvenes entraban y salían de la casa para conocer a los visitantes. Allí se encontraban sus cuatro hijos y sus primos y primas. Todos son huérfanos de padre. Un hermano de Violeta murió joven hace tres años; la abuela se hizo cargo de sus hijos. Se han reunido hoy todos para la celebración del doble aniversario. Poco a poco se fueron retirando una vez satisfecha su primera curiosidad. Violeta para sorprendernos aún más, en un extremo de confianza y franqueza, añadió, con toda naturalidad, una más íntima precisión:

Les dije que tengo cuatro hijos pero no es así: una de las niñas es sólo hija de Felipe y no mía. La tuvo con una hermana mía. Sin embargo yo la atiendo, junto a sus tres hermanitos, como si fuese mía.

Nunca antes habíamos hablado con ella. Le bastó saber que veníamos a acompañarla en el aniversario de Felipe para, de pronto, brindarnos este excepcional recibimiento totalmente inesperado.

Sentados con ella en el mejor banco de la casa nos recordó que durante el año había recibido muchas visitas de periodistas de todo el mundo. Sólo citó tres países: Inglaterra, Canadá y Nicaragua.

Entonces sufría tanto que les pedía a los periodistas me ayudasen para dar de comer a mis hijos. Ellos me respondían que el Estado tenía que ayudarme y que ellos lo iban a reclamar pero ni ellos me ayudaron ni tampoco el Estado.

Luego -siguió contando- recibió una gran alegría cuando el Presidente de ORPIAN vino a anunciarle que había recibido del extranjero una ayuda para hacerle una casita de la que ya se habían levantado cuatro columnas de cemento delante de su casa. Allí en el suelo se amontonaban más sacos de cemento para terminar algún día la obra y pasar con sus hijos a vivir en ella donde pondría, además, una tiendita con la que ganar algo para vivir.

Por fin nos presentamos mi amigo, el profesor awajun Alejandro Tsajuput, y yo. Había hablado ella sola con calma y seguridad y en un buen castellano muy fluido pero acaso comprendió que nosotros también teníamos algo que decirle y se replegó en un silencio muy atento momento que aprovechó su hijita para reclamarle el pecho. Le conté que conservaba un reportaje de La República, publicado pocos días después del cinco de Junio, con una fotografía suya que me ayudó a reconocerla entre las otras jóvenes, sus sobrinas, al entrar en la casa. También le dije que por la mañana había celebrado dos eucaristías, una en Wachapea y otra en Chiriaco en las que recordamos el nombre de Felipe Sabio César su marido junto con los demás 34 fallecidos hoy hace un año. Y pedimos también por sus familiares y especialmente por sus viudas. Pensé, después, celebrar este aniversario más cerca de quienes más sufrieron en ese día. Por eso hemos venido a saludarte.

Alejandro le habló después en awajún. Fue entonces cuando comenzó a emocionarse y ya no pudo contener sus lágrimas que fluyeron suavemente humedeciéndole toda su cara que secaba con sus dedos.

Felipe fue uno de los cinco indígenas caídos el día 5 de Junio. Pero él no estuvo en la Curva del Diablo. No tenía ninguna arma ni siquiera una lanza. Fue alcanzado en Bagua el mismo día cinco por una bala certera que le quitó instantáneamente la vida cerca del Hospital. Allí se dirigía, como corresponsal de Radio Marañón, para recoger datos de los muchos heridos que iban llegando desde la carretera. Se dice que la bala vino desde un tejado y la disparó un AKM. A plena luz del día toda la gente aterrada lo vio de pronto inmóvil en plena calle sobre su propia sangre. Aquel día en Bagua las balas quitaron la vida a otros dos ciudadanos no nativos: Abel Ticlia Sánchez y Jorge Ángel Pozo Chipana. ¡Qué poco se habla y se sabe de ellos!.

Violeta, cuando lo supo, quiso ir a buscarle pero no le dejaron: estaba a punto de dar a luz. La familia llevó el cadáver a Wawás y Violeta lloró abrazada a él y cantó en awajún sus penas y lamentos como viuda y madre de cuatro huérfanos. La acompañaron todas las mujeres. También lloraron en silencio hombres y niños. Le enterraron en el cementerio al día siguiente. Ella siguió llorando sola en su casa hasta que las lágrimas del duelo se juntaron a las del parto seis días después. Sus ojos, empañados por unas y otras lágrimas, vieron nacer la vida nueva de su hija que la reclamaba totalmente a la esperanza.

Todos los viajeros que entran o salen de la selva conocen Wawás, a pocos kilómetros de Chiriaco, por la tranca que corta la carretera. La vigila el puesto de la Ronda Campesina Awajun desde donde se acerca siempre un rondero que libera el paso después de controlar el carro y agradecer amable la atención recibida. Wawás es, al pie de la letra, parada obligatoria para todos. Su Ronda prestó, hace pocos años, un servicio fundamental en la pacificación y la seguridad de esta carretera donde se multiplicaban alarmantemente los asaltos y el terror.

Pero vale la pena una visita no obligada a la comunidad. No se ve desde la carretera. Es preciso atravesar a pie, si no se encuentra una canoa, la quebrada, que baja paralela a la carretera y rodea la comunidad, para entrar a continuación en ella por dos puertas de madera levantadas con sus marcos sobre el campo sin paredes: son la entrada y salida del cerco escolar de alambre de la I.E.de Menores n° 16723. La primera nos da la bienvenida en nombre de la Institución Educativa y nos permite caminar ante la fachada blanca casi cegadora de la Escuela en aquella tarde tan soleada. Por la segunda entramos en la calle principal de Wawás La casa de Violeta, que fue también de Felipe Sabio, es una de las primeras a mano izquierda. Actualmente destaca por las cuatro columnas de cemento que señalan las cuatro esquinas de la futura casa de sus cuatro hijos.

Son las tres de la tarde. El sol castiga fuerte a la comunidad sin más protección que sus pocos árboles. Sólo seis enormes pavos pasean tranquilamente llenando todo el ancho de la calle. Nos dejan pasar no de muy buena gana. A la derecha buscamos la sombra de una espléndida pomarrosa. Unos niños han trepado alto dentro de ella y otros más pequeños los miran con envidia desde el suelo. Nos sorprende allí la “losa deportiva”: todo un campo de fútbol “reglamentario” con un césped verde que ya quisieran los nuevos estadios surafricanos del Mundial. Una joven mamá con su bebito en brazos atraviesa rápida el campo seguida por otro hijito llorando. Un “muunta” desde una casa se compadece de nosotros al sol y sale muy amable para invitarnos a compartir el masato de su nuera. Conversamos y al despedirnos, después de la segunda pininga, nos sugiere que podíamos ir a ver los videos del 5 de Junio que estaban pasando cuatro casas más allá.

Efectivamente, el local está lleno de niños sobre el suelo y personas mayores de pie o sentadas. Dos jóvenes se levantan para ofrecernos sus asientos. En la pantalla todos identifican al hombre herido que es cargado por dos o tres nativos huyendo de la balacera de la policía. Lleva en alto la mano agujereada por una bala: “¡es el Director del Túpac Amaru de Chiriaco!”. Luego sólo uno de los portadores, el de más anchas espaldas, carga al herido y hace un gesto para acomodárselo que provoca la risa de algunos niños. No pierden detalle de cuanto se oye y mueve en la pantalla donde se marca segundo a segundo la hora exacta de aquella huida de heridos por la carretera. Eran entonces las 6.45 a.m. hace justamente un año.

La vida sigue en Wawás y seguirá. La hija de Violeta crecerá y llegará a conocer las trágicas circunstancias de su nacimiento para ya jamás olvidarlas a lo largo de su vida señalada para siempre, año a año, con su doble aniversario de muerte y nacimiento. A sus quince años, cuando celebre en su nueva casa, ya terminada, su fiesta de quinceañera ¿todavía llorará su madre por su padre? ¿Los niños de Wawás seguirán viendo los mismos videos? ¿Para entonces ya todo estará realmente en calma? ¿Se conocerá, por fin, toda la verdad de lo sucedido y será aceptada por todos? ¿Sabrán, por ejemplo, quien disparó aquel AKM el 5 de Junio en Bagua? ¿Se habrá hecho toda la justicia necesaria para vivir en paz? ¿Y el Estado, por fin, también se habrá compadecido de Violeta y sus hijos asignándoles alguna generosa pensión?

Esperamos que, para entonces, lo sucedido quince años antes se recuerde como el nacimiento de algo nuevo que está llenando a todos de esperanza en un futuro en el que nadie piensa ya en solucionar los problemas entre peruanos con la violencia de las armas sino únicamente con el diálogo, el respeto y el entendimiento entre todos que buscan ya sinceramente el gozo posible de una paz al alcance de todos a lo largo y ancho del Perú, es decir, desde la frontera del Ecuador a la de Chile y desde la costa a la selva, todos incluidos.

Chiriaco, 5 Junio 2010

(*) Ex parroco de Santa María de Nieva, río Marañón.
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comentarios
  1. […] This post was mentioned on Twitter by pacobardales, pacobardales. pacobardales said: Diario de IQT : El conmovedor testimonio de la madre que dio a luz el hijo de un hombre que fue asesinado en #Bagua http://bit.ly/blyec9 […]

  2. lesli dice:

    me parese un lugar muy bonito
    y quisiera conocerla

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