Los chicos sólo quieren divertirse (leyendo)

Publicado: 4 diciembre 2009 en Paco Bardales
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Camino por la Plaza Washington, bastión emo limeño, y en vez de encontrarme con chicos sintiendo lástima de sí mismo, veo que un grupo compacto (colores intensos, pantalones ceñidos, dibujos deprimentes) se reúne en torno de alguien, que les va leyendo en voz alta algún pasaje de Amanecer, la nueva entrega literaria de la saga escrita por Stephenie Meyer. Los personajes protagonistas son licántropos y vampiros, casi todos jóvenes, casi todos atractivos, casi todos arquetípicos. La reunión de lectores no es pequeña y empieza a crecer. Parece que todos están como que concentrados y absortos en la voz interior de Edward Cullen, el protagonista que ama a Bella, pero también desea su sangre humana.  Me sorprende que adolescentes se reúnan en torno de un libro y lo lean.  Pero ellos parecen disfrutar ampliamente la lectura.

La escena se repite fugazmente en la Feria del Libro Ricardo Palma. En la librería Crisol del Óvalo Gutiérrez, varios chiquillos con patinetas y capuchas compran libros, no los que les obligan en los colegios, sino cosas de C.S. Lewis y Sergio Bambarén (El Delfín, por ejemplo, adaptación fílmica que se va para Hollywood).  En Trujillo, para Halloween, la librería SBS recibió un gran puñado interesados en preguntar cuánto costaba el nuevo de Dan Brown, El símbolo perdido. No eran pocos entre ellos quienes aún no habían cumplido la mayoría de edad.

Pero, más aún, en el Aeropuerto de Iquitos me encuentro con dos jovencitas  muy animadas que discuten cuál es el mejor libro de Roald Dahl. La más vivaz (con rizos como los de Judy Garland) dice, sin que le tiemble la voz, que Charlie y la fábrica de chocolate “es lo máximo”. Otra pre-universitaria lleva en su mano el anterior de Jaime Bayly, El canalla sentimental junto a Los cachorros de Vargas Llosa. Algunos chicos en un snack conocido ven en un Blackberry páginas de música y chatean, pero también revisan el muy popular blog de Renato Cisneros, Busco Novia.

Un par de enamorados que miran una farola de la Plaza Castilla comparten un ejemplar de Crepúsculo y mastican chicle de colores.

Sin embargo, la imagen de un niño de once o doce años, sentado en una banca de la Plaza de Armas, concentrado en el último libro de la saga de Harry Potter, me indica que quizás algo está pasando, algo de lo cual aún varios aún no estén plenamente conscientes.

Algo realmente importante. Los jóvenes están leyendo. Y no están leyendo poco. Digamos que están leyendo por encima del promedio nacional de consumo per capita, que como todos ustedes saben, asciende a la cantidad 0.5 libros por año.

Algunos pueden señalar que los libros que he mencionado hasta ahora en este artículo no tienen la calidad suficiente como para considerarse joyas de la literatura universal. Probablemente tengan razón. Personalmente, no he podido terminar algunos porque me parecen predecibles o poco construidos, pero no puedo negar también que varios de ellos han ejercido en mí una seducción muy intensa (como Brown, por ejemplo, que te puede contar cien veces la misma historia y sabes lo que va a pasar y su prosa no es como para Premio Nobel pero te engancha inmediatamente, conectando con las pulsiones primarias de sus lectores). Para decirlo en términos simples: no son Joyce, ni Hemingway ni Faulkner ni Jorge Luis Borges, pero entretienen, en algunos casos ayudan a combatir el tedio y la pereza mental y, en el caso de los adolescentes, les hacen mover la imaginación de diversos modos, en algunos casos con resultados francamente inesperados.

Hace unas semanas, el colegio San Agustín en alianza con el Grupo Santillana, realizó un concurso teatral de adaptación de libros del Plan Lector. Aparte de libros que son muy populares entre los escolares, como Tres días para Mateo o El caso del futbolista enmascarado, se realizó una presentación especial de Cien años de soledad, de  Gabriel García Márquez,  adaptada por Alonso Vásquez, de 15 años, un talentoso alumno de secundaria, prospecto de escritor, que lidera el Club de Periodismo del plantel. La constancia y el trabajo permanente van exigiendo de los lectores bisoños una dosis mayor de exigencia consigo mismos. Pero debe crearse el hábito y debe crearse la necesidad, sobre la base del empeño familiar, de la preocupación docente y la promoción social, los cuales deben reunirse en torno de la libertad y el derecho de elección.

Me atrevería a decir que los adolescentes y jóvenes de hoy leen más. Y en ese proceso están aprendiendo a leer mejor. Además, están generando dentro de sí mismos la inquietud por comunicarse, por compartir, por crear. Es como un proceso natural en que la propia exigencia se los pondrán ellos mismos. Lo mejor que he leído últimamente en narrativa loretana proviene de jóvenes que publican en blogs o a través de la internet. Uno de los mejores narradores jóvenes de esta ciudad se llama Martín Wong, de 28 años, quien es inédito en formato impreso, pero la calidad de su trabajo se pudo encontrar a través de su – infelizmente – extinto blog Iquitos en relatos. Un adolescente de 17 años, llamado Percy Meza le interesa confrontar todas las leyendas amazónicas en una gran saga narrativa, al estilo de El señor de los anillos (prevista a ser publicada como e-book) y alguien contemporáneo a Meza, llamado Daniel Braga intenta crear una saga de vampiros de selva, llamada Lluvia Roja, la cual vendrá acompañada de ilustraciones, al estilo de una novela gráfica, ubicable en breve a través de este blog.

Hace un tiempo tuve una experiencia gratificante en Iquitos leyendo textos en un taller de narrativa y tecnologías de la comunicación, que esperaría se repitiera, porque, aunque fugaz, sirvió para que conectáramos inmediatamente.  Quizás el hecho que la lectura sea un placer altamente gratificante, no obstante ser solitario, está motivando también a que se formen clubs, reuniones donde se leen cosas. Pero también a afirmar la necesidad de una guía que motive, que no imponga, que encause opciones de lectura y escritura, de paso integre las alternativas locales, de antes, de ahora y las que de seguro vendrán en el futuro.

En suma, leemos en silencio, pero a lo mejor nos interesa hacerlo en público y hablando alto.  Leemos lo que nos gusta y eso es lo que están haciendo los jóvenes actualmente y, desde todo punto de vista, nos están dando lecciones a los mayores. Porque han logrado captar que, haciendo lo que más les divierte, están revirtiendo esta insana tendencia por evitar, negar o renegar de la lectura. Y de paso están rearmando el plan de desarrollo de nuestras sociedades. Sin estridencias, sin compromisos ideológicos. A punta de historias que los entretienen, que los emocionan, que los hacen reflexionar, que les hacen soñar; fin primero y acaso más entrañable de un libro.

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comentarios
  1. Juan José dice:

    Creo que los textos de “moda” pueden servir para iniciar el hábito de la lectura. Alguien puede leerse los textos de Dan Brown, y quedarse enganchado. Pero al finalizar querra más. Será hora de orientarlo para leer Agatha Christie o Arthur Conan Doyle y tal vez, quien sabe puede terminar en el Pendulo de Foucault de Umberto Eco.

    Alguien puede empezar con Crepusculo, y luego podrá orientarsele para leer la excelente saga de vampiros de la escritora americana Anne Rice, y a lo mejor terminar con Bram Stoker o Todos los Hombres son Mortales de Simone de Beauvoir (totalmente recomendable para los que buscan explorar sobre el significado de la ansiada inmortalidad).

    Sin ir más lejos, alguien puede iniciarse con una novelita light de Corín Tellado, para continuar con la genial María, Romeo y Julieta, Werther, o tantos otros clásicos de amor de la literatura universal.

    En fin, lo importante es que no se pierda el gusto por los libros y la lectura.

    Saludos,

    Juan José

    • Totalmente de acuerdo con tu comentario, J.J.

      Creo que ese es el sentido del texto: motivar a la lectura. Los jóvenes empiezan a leer, y me parece que en mayores cantidades que antes, hay que mantener esa tendencia.

      La exigencia y el rigor vendrán por sí solos, con la guía adecuada y el deseo correcto

      Slds

  2. Daniel Braga dice:

    Totalmente de acuerdo con el primer comentario, es cierto, los textos de “moda” sirven para iniciar un hábito de lectura; pero hay que ser cuidadosos, por que ocurre las veces que solo les interesan estos textos por el “hábito” y dejan de lado las obras clásicas y extraordinarias que tenemos. Y Otro punto que estoy de acuerdo es iniciarse con Werther, ese libro, aun lo leo a pesar de haberlo terminado al menos unas diez veces; sigue cautivandome la historia,y encontrarán que el amor trágico no es de esta era. Excelente, se espera que se reavive el arte de la lectura, y que la cultura siga expandiéndose.

    P.D.: Un libro muy bueno que recomendaría seria Cuentos de Amor, Locura y Muerte de Horacio Quiroga.

  3. Colesterol dice:

    Hola
    Excelente libro¡

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