This is it: el regreso de Peter Pan

Publicado: 3 noviembre 2009 en Paco Bardales
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No fui con demasiadas expectativas a mirar “This is it”. En principio, porque no creo en Kenny Ortega, el conocidito productor devenido cineasta (¡como si fuera tan fácil!).  La verdad, Ortega me parece un mercenario, un vendedor de sebo de culebra y, si fuera posible, podría entregar a su misma madre a cambio de una jugosa ganancia. Además, el morbo desatado alrededor de la muerte más inesperada como sentida del showbuzz mundial – la del rey del pop Michael Jackson, sin duda – podría haber encontrado correlato en un vehículo de sensacionalismo, de regodeo a través de tomas inéditas de agonías o dolor a borbotones (o sangre mezclada con hipocresía). Y eso, sin duda, me asqueaba. Está bien ser pop o fan de MJ. Pero no vale  ser un sádico y un obseso. Eso va contra las reglas de la convivencia pacífica.

Repito, temía que las exequias reales de Neverland  se convirtieran en el  festín del rey de la saga High School Musical (si hay algo más deplorable que tener en tu haber la producción de este bodrio, avísenme).  Pero, vaya, una pequeña lección que debemos recordar en este negocio es que los prejuicios son malos si te nublan la mente. Una persona mala puede hacer un trabajo bueno. Mucho mejor si tu objeto de creación es el personaje más notable, vanguardista, zafado, freak y pionero que Jacko. Y al tal Kenny se le chorreara la angurria, pero le sobra – lo reconozco, chicos – talento y sentido de la oportunidad.

Le reconozco a Ortega no haber jugado con alimentar al respetable (monstruo) con carroña en alta definición. No hay alusiones a la muerte (en  principio, porque es claro que sabemos el desenlace). Tampoco espectaculares y convenientes y convenidos episodios inéditos de la vida privada de MJ. No hay fuegos de artificios y Ortega, astuto como inteligente, sabe que no está reanimando cardiacamente a la Newton John ni intenta vender muñequitos plásticos como los de Disney.  El realizador tiene en manos nada menos que todas las grabaciones de los ensayos hechos por la producción de “This is it” antes del gran concierto inaugural de la gira mundial, en Londres, el 2 de julio, una semana antes que sobreviniera la tragedia. Lo que queda de ello, en el trabajo documental es todo lo que quizás no vimos completamente de Jackson. Nos habíamos acostumbrado a hurgar en su interior, pero no habíamos sido capaces de verlo en serio. No lo habíamos visto como artista.

No creo que “This is it” sobreviva entre quienes compran sus discos por millares o quienes creen que un cantante es solo una colección sobre tu repisa. Este film es realismo acelerado al máximo, es la vida cotidiana de un músico y sus huestes por recuperar el tiempo perdido, por ganarle un peldaño superior a la inmortalidad. Y lo interesante es que cuando vemos en menos a Michael, es decir, cuando logramos que parezca uno más de nosotros (esto sucede a menudo y es honesto la mayoría de las veces, aunque algunos podrían creer que Ortega aplica el melodrama para convencer a la multitud), cuando eso pasa, digo, es cuando los contrapuntos dramáticos exudan un aire de incadescencia que dificilmente no se nos arruga el corazón, aunque sea por un instante.

“This is it” empieza bien: los bailarines seleccionados para la gira confiesa a la cámara su emoción por formar parte de la aventura. Algunos lloran. La mayoría lo considera increíble.  Aunque uno le tinque que probablemente  los grabaron despues del fallecimiento, la figura de MJ está presente en todo, como un santo y seña, como el momento epifánico que tanto andaban buscando.  Jackson emerge en medio de todo, frágil en lo físico, pero impresionante en lo musical, abarcándolo todo, desde la selección de bailarines hasta los fraseos, improvisaciones de sonido, las coreografías, el punto operético de la conexión con el gran público. En los ensayos la única multitud es no más de medio centenar de técnicos y asistentes, pero aún ellos son incapaces de no deslumbrarse ante las lecciones del rey, ante su dimensión mágico, ante su presencia zen que predica amor, que da consejos, que asume íntegramente la forma y el fondo del escenario y del espectáculo. Nunca como antes uno siente que Michael, a pesar de él mismo, es tan humano como impactante.  Aunque Ortega quiera por momentos ceder a la tentación de darle un cariz como que pauteado de emociones (cosa que pudiera funcionar con adolescentes despistados), lo importante es que el artista se impone al guión. ¿Por qué? Porque el artista no se adapta a la historia. El artista es la historia.

Pero “This is it”, a la par que es Jackson, también es la música de Jackson. Y los detalles del concierto son simplemente impresionantes. La idea de lo que hubiera podido ser la gira te golpea en la cara por su destreza visual, por sus efectos, por su audacia. Jackson, una vez más, se transforma y pone la valla altísima.  Todos los adelantos de la tecnología se complementan con el fin de entregar un producto notable, donde la voz de MJ jugará papel preponderante, pero también su capacidad para seguir sorprendiendo, para que todos quedásemos marcando ocupado ante sus ideas delirantes, vitales y entretenidas.  Este documental es valioso porque muestra, porque entiende, porque refleja completamente. Es como cerciorarnos que el País del Nunca Jamás sigue vigente y Michael Jackson no solo es extraordinario, post-humano, sino también eterno.

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