El precio justo

Publicado: 2 septiembre 2009 en Gino Ceccareli
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tremebunda

Cincuentón y bohemio, Fulvio se ganaba la vida como cantante en peñas criollas y animador en reuniones públicas y privadas. Aparte de cantar un limitado repertorio musical, matizaba sus presentaciones con chistes y anécdotas graciosas para animar a los espectadores de turno. Algunas veces contaba historias jocosas sobre su esposa, a la que él mismo describía como una mujer fea. Más allá de ser ciertas o no las burlonas anécdotas que contaba sobre ella, los que llegamos a conocerla nos dimos con la sorpresa de comprobar que, efectivamente,  no era precisamente una mujer beneficiada con los atributos de la belleza. También sabíamos que a pesar de sus chistes y burlas que provocaba la risotada de los jaraneros sobre las carencias estéticas de su pareja, él la amaba y se dedicaba a ella como un buen marido. Habían cumplido veintisiete años de casados y a pesar de sus bromas de mal gusto, él era un marido fiel y dedicado.

Fulvio se detuvo y miró su reloj. Marcaba las siete y media de la noche. Suspiró y caminó despacio buscando una banca libre en la Plaza 28 de Julio. Encontró y se sentó con desgano. Como todas las noches, desde hacía unos meses, había ido a esperar a su mujer que estudiaba corte y confección en una academia que quedaba justo enfrente de la plaza para acompañarla a casa cuando salía. Esa noche había llegado con media hora de anticipación y sentado sobre una incómoda banca de cemento observó a su alrededor, como buscando algo en que distraerse mientras esperaba que pasen los minutos.

Una muchacha con una brevísima minifalda y un escote rojo se le acercó coquetamente, se paró frente a él y con una sonrisa maliciosa le dijo:

-Joven, ¿quiere compañía?

Fulvio la observó  con curiosidad, hizo una mueca complaciente y con el fin de entretenerse y hacer hora hasta que su mujer salga de sus clases le contestó:

-¿Cuánto cobras?

-Cincuenta soles, joven.

-¿¡Qué!? ¿Estás loca? Es mucho.

-Cuarenta pues, te voy a hacer cosas riiiicas.

-Cuarenta sigue siendo mucho, no me va a alcanzar lo que tengo.

-Treinta y cinco pues, es lo mínimo.

-Noooooo, muy carera eres, tienes que bajarte más pues.

-Porque eres guapo te voy a cobrar treinta, ¿ya?

-Sigue siendo caro.

La negociación continuó por un buen rato más. Cuando la transacción llegó a los a siete soles, Fulvio se percató que eran ya las ocho de la noche y con el fin de deshacerse de la lolita y no hacer esperar a su esposa que seguramente ya estaba saliendo de la academia, le dijo con tono severo y definitivo:

-¡Muy caro, muy caro! Sigue tu camino hijita, voy a buscar otra.

-Pero joven, ¿¡ni siquiera por siete soles!?- le increpó desconcertada la paciente y desprendida muchacha

Fulvio se levantó  sin mirarla y apresurando el pasó cruzó la calle. Su  mujer lo esperaba en la vereda de enfrente. Se saludaron cariñosamente y cruzaron la pista agarrados de la mano. Caminaron despacio y cuando estuvieron cerca del monumento central de la plaza, la joven meretriz reconoció al hombre que hacía unos minutos había despreciado sus favores hasta humillarla a pesar de que ella había aceptado complacerlo por una ridícula suma de dinero, y que se atrevió de a decirle que era “muy cara”. Indignada y herida en su orgullo, la lolita se dirigió con paso decidido hacia ese hombre despreciable (que ahora estaba acompañado). Los alcanzó y poniéndose delante de ellos con una mirada desafiante los obligó a detenerse y observó detenidamente el rostro y el cuerpo de la mujer que cogía la mano de Fulvio, luego clavó su mirada en él y con un evidente gesto de alivio le dijo:

-¡Bien hecho! ¡Eso te pasa por tacaño!

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comentarios
  1. FRANZ MAX dice:

    jajajajajajajajajajajajaja!

    notable, lo mejor (a mi gusto, muy muy subjetivo) de Gino.
    saludos

  2. Walter Zumarán Dávila dice:

    Esto me quitó muchas risas… y sigo

    jajaja

  3. emovi dice:

    xvr la historia me dio risa su final 😛

  4. DJXsF dice:

    jajajajajaja cheere

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