Intro lunar

Publicado: 25 agosto 2009 en Llini G
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lunar

Títulos hemos leído en todas partes: ‘El viejo y el mar’, ‘El mundo es ancho’. Todas estas cosas nos remiten a una historia de soledad, crear un mundo donde solamente una persona puede existir. Fijarse en aquellos detalles que le pueden dar la fuerza significativa de seguir viviendo.

Mi universo particular está lleno de esas cosas. Busco una vez al año estar envuelta en algo diferente. Pienso mientras camino. Escribo de lo que pienso y  finalmente lo comparto con cualquier persona que lo lea como si fuese su propio espejo, su libro de desasosiegos. Quizás hasta diga: “ella siente como yo”.

La fortuna que me ha tocado vivir y quizás ver el mundo de manera algo diferente comenzó a los 3 años. En un intento mezquino y egoísta, mi padre nos dejo a mí, mi madre y mi hermanita solos en una casa vacía, pero llena de recuerdos, sin sabores. Ahora busco oportunidad en esta vida, tratando de encontrar el cajón donde pudiera caber todo mi mundo pequeño que ya había perdido su balance. Aunque nadie lo crea, odiaba los juguetes. Me parecía como si alguien me dijera lo que debía hacer. Mi mundo prefabricado era una caja de muñecas de plástico que poco o nada me atraía. Prefería una bici, unas cajitas de caldo Maggy vacías, un montón de culantro, una caja de pasta de dientes vacía. Raro o no, eso era diversión para mí. Leía libros y recitaba poemas en dos idiomas a los cinco años. Estaba más que preparada. Como dijera mi madre: “Todo niño viene al mundo con un pan bajo el brazo, tú viniste con una enciclopedia, con una imaginación imparable y demasiadas ganas de vivir. Para ti la vida no solo es comer, beber y dormir para el día siguiente hacer lo mismo, sino vivir, soñar, alejarse de todo y pensar…”

Mamá era todo para mi mundo pequeño, era el soporte frágil de lo que aún quedaba. Era quizás la última viga luego de un voraz incendio. Pero sabemos que nada dura para siempre. Un día caluroso de 1998, ella se fue. Dejó a sus dos pequeños retoños en medio de las cenizas, dejándonos aquí para construir un nuevo mundo. ¿Ocho años me eran suficientes, quizás para hacerlo? Con el tiempo he comprendido que sí.

Ahora me remito a lo de todos los días: Hay un anciano misterioso que toca la flauta por las calles. Mi abuela me dice que, cuando era niño, mi tío se quedaba a mirarlo tocar y le daba una moneda. Más que un óbolo, aquello era un símbolo de amor y cariño. Mi tío, treintón ahora, lleno de barba y muchos kilos encima, a diferencia del niñito que lo miraba, lo mira aún, e inclusive lleva a su pequeña hija a mirarlo. Hay un asunto: El anciano es ciego. No hay edad, ni impedimento físico que te digan que no puedes salir adelante. Mientras tengas los pies en el suelo y quizás un poco de la mente en el aire puedes hacerlo.

En el aire o en la luna.

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comentarios
  1. Bienvenida a Diario de IQT, tu nueva familia Llini G =)

    ya de por sí, interesante tu presentación con la imagen de la Luna que inspira varias melodías….

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