La gata y el Premio Nobel

Publicado: 25 junio 2009 en Franz Max
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El motocarro le pasó por encima, se arrastraba débil por medio de la pista, sin nadie que le preste ayuda.  Mi madre, se acerca despacio, recoge a la gatita, y le pone en una caja con retazos de tela, al día siguiente apenas podía caminar, mi madre, con mucho entusiasmo, le pone leche en un envase, la gata estira el cuello y bebe su leche. Al día siguiente ya está más recuperada, acostumbrándose a su nueva casa,  corre por todos lados, rasga las telas que ve,  se mete en los zapatos y juega con una pelotita de goma. Se le bautiza con el nombre de “MALDA” en honor a la gata perdida  de mi madre, “Maldita” (de cariño) es la más mimada en mi casa. Yo me levanto, temprano, dispuesto  a ir a la universidad, después de asearme, mi madre me dice (antes que yo le pregunte) que me prepare solo el desayuno, que tengo manos ¿acaso las mujeres hacemos los quehaceres del hogar con otra cosa?, apenas termina de decir esas palabras va a la cocina y fríe un pedazo de pollo con aderezo y todo, y se lo da en un plato a la “Maldita”. Qué cariño. Malda ya se siente dueña de la casa.

En mi cuarto tengo una biblioteca, muy bien surtida, de una variedad de libros, pasando de economía hasta literatura regional,  estaba en pleno  re-ordenamiento de la misma, hasta que me dio la noche, y tenía que salir, cuando regreso, entro a mi cuarto, cansado, me siento en mi cama y huelo un olor extraño, huelo a “mierda de gato”, ptm, pensé, seguro este gato de mierda ya se cago en mi cuarto, y es así, que en un minuciosa investigación olorifica, llegue con el paradero del pedazo  de escoria  , el gato se había cagado, en un libro de Imre Kertész. La maldita gata se cagó encima de un Premio Nobel de Literatura , la sangre me hirvió hasta la cabeza, agarré de puntitas el libro y con mucho cuidado lo lavé. Pasados unos días, y después de un baño de jabón y perfume, “Yo, otro”(I.K), era el libro más limpio y oloroso de mi cuarto, tanto así que me dieron ganas de re-leerlo,  me lo puse a leerlo otra vez, hasta que me quedé dormido, con las interrogantes y el sarcasmo de Kertész.  Al día siguiente tenía que ir muy temprano a clases, al regresar de noche, me  echo en mi cama, cuando de pronto, una hilera de olor putrefacto mezclado con perfume me advierte que esta gata se volvió a cagar, reviso todo y no encuentro nada, hasta que reviso bajo mi cama y mi ira fue tanta al descubrir que, nuevamente se habían cagado en mi libro, esta vez hasta se orinó, dejando manchas amarillas por todo el ejemplar. Busqué con furia al gato, lo encontré y lo mande de un solo aventón tan lejos como pude, creo que llegó hasta dos casas más allá. Kertész no pudo ser salvado, lo mire con tristeza y lo puse en mi huerta, para que muera lentamente, tal vez con las lluvias,  no podía meterlo en el tacho de basura, solo dejarlo ahí, hediondo, cochino, inmundo. Me lavé las manos y me metí a dormir.

Al día siguiente, algo me jalaba los pies, me daba mordiscos, me jalaba con sus garritas, abro los ojos y era la Malda, jugando con mi pie derecho. La miro, ella me mira moviendo la cola, como diciéndome  “otra vez, otra vez”.

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