Necrópolis

Publicado: 17 junio 2009 en Emovi
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presbitero maestro

Hace tiempo recibí un folletito en la calle Capón, no recuerdo muy bien de que se trataba pero decía “bajo el firmamento todos somos iguales”. Creo que la frase que realmente se cumpliría seria “bajo el suelo todos somos iguales”.

Si de algo estoy muy seguro es que tarde o temprano moriré. No recuerdo la primera vez que estuve en ese lugar donde la vida y la muerte se unen. No hablo de un hospital. Hablo del cementerio, la ciudad de los muertos, porque claro, es una ciudad al igual que donde vivimos.

Nunca he visto al cementerio como un lugar deprimente o lleno de tristeza (tal vez porque no todavía tengo la suerte y dicha de estar con las personas que amo), siempre que necesitaba inspiración, siempre que quería desahogarme recurría a esos lugares. La soledad, la tranquilidad, la paz, un lugar donde no existía la maldad ni el odio, al menos eso sentía, todavía puedo sentir ese aroma a flores, a concreto, a tranquilidad, a muerte, atravesando por los pasillos de los nichos, mientras yo camino, sin rumbo fijo, por el cementerio general de Iquitos, vago lentamente, mis pies ni se sienten, atravieso un espacio dedicado a niños y me pongo a pensar ¿porque una vida se acaba, si apenas acaba de empezar? Llego hasta un extremo del cementerio, siento la brisa golpear mi rostro, escucho un quejido, al parecer de una hija llorando por su padre, doy la vuelta y me regreso, camino entre lapidas y recuerdos, entre migueles y fulanos, entre personas inolvidables y almas abandonadas, entre mártires de guerra y soldados desconocidos, a veces es bueno sentir la muerte para apreciar la vida.

Recuerdo también que planeamos meternos al cementerio por la noche, cosas de chibolos en pleno desarrollo, nunca lo hice ni lo volveré a hacer, es un poco complicado, más que por el miedo, es por la poca luz, los huecos en el piso y unos 2 o 3 perros que se pasean por ahí.

Hasta el momento nunca he podido ver un fantasma más que en fotos o videos por internet. “Solo es legaña en los ojos” me decía siempre mi abuelo, pero pienso que es más que eso.

En Lima los cementerios abundan, pero no es lo mismo,  al único que fui fue al Baquijano, por si no lo ubican es donde está Sarita Colonia. Fui varias veces, más que todo por “visitar” a mi abuela, el mausoleo de “La Sarita”, no es muy grande que digamos, la primera impresión que me dio fue la gran cantidad de devotos que tiene, todo su mausoleo está forrado por placas en agradecimiento al milagro concedido, al costado de su féretro se encuentra una anciana, dicen que es su hermana, la menor, vende velas, cuadros y todo relacionado a su hermana. Nunca fui al Presbítero y la única vez que lo vi fue desde el cerro San Cristóbal, me quedé admirado de las esculturas, vistas en foto, claro está, y me atrajo la propuesta de las visitas guiadas por la noche, para algunos les parece tétrico la idea, pero no está de más visitar un lugar donde tarde o temprano llegarás a posar tu último exhalo.

Fascinantes ciudades de muertos.

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