Ellas bailan solas

Publicado: 16 mayo 2009 en Gianncarlo Scavino
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Estaba casi transformado en el prospecto de provinciano aceptado por la compleja sociedad estudiantil limeña.

Una noche de vírgenes y encantos suena el celular, agazapado entre los papeles de la universidad. Mis dos primeros ciclos eran un hecho consumado y progresivo; pero no existía motivo alguno para olvidarme de mi tierra, sus mujeres y sus encantos; La voz que respondía del celular me incitaba a pensar que la aceptación, al abstracto mundo de los estudiantes limeños, era una verdad clasificada.

Ella era Laura, no era mi amiga, era mi compañera de clases en la Facultad de Derecho de la Universidad de Lima, era la primera vez que me llamaba, (en clases casi ni me miraba). Era una gran sorpresa y la intriga consecuente, casi asesina, era lo que pasaba por mi agigantado corazón; pues Laura si no era bella, sería porque el sol no da luz. Y como el sol siempre nos alumbra todas las mañanas, entonces Laura era simplemente bella.

Laura me preguntó con la delicadeza con que mueve los labios y formula alguna pregunta al profesor de turno, con esa facilidad que tienen la mujeres más femeninas del mundo para derrotar todo tipo de control hormonal, ¿qué harás esta noche? La frase se disparó como torpedo por los rincones más inimaginables de mi cuerpo. Nada, le dije, atisbando entre el día, la hora y el momento económico.

–          Te invito a salir ¿puedes? ¿o tienes enamorada?  y tú pareces ser de los que creen que el amor de dos es eterno y seguro…..

–          Claro que puedo, no tengo enamorada…pero….es que no entiendo.

Tartamudeé con exasperación, nervios controlados y excitación descontrolada. Y así tuviese enamorada; dejar de salir con Laura, solo estaría dando pie a una homosexualidad escondida. No había nada que entender, estaba claro; la chica mas linda de mi clase quería salir conmigo. Privilegio de pocos, pensé.

La casaca de cuero, los jeans y el zapato marrón atrapan mi cuerpo con rapidez y lujuria, salto del segundo piso de la casa-pensión y me trepo a un taxi amarillo en la esquina de Republica de Panamá y 28 de Julio, en Miraflores. Laura me esperaba afuera del edificio donde vivía, sola. Yo no pensaba nada más que en la situación,  en lo trivial de la invitación, y tratando de descifrar el momento. Pensaba en el taxi amarillo. Lima era fría aquella noche de jueves, perfecta para lo que pasara. Llegué al pie de su edificio; ella salió iluminada, su rostro un poco triste, pero bella y su pantalón negro ceñido a esas piernas de atleta dedicada, su blusa y chaqueta entonaban en la perfección de su rostro. Subió, me dio un beso en la mejilla, le explicó algo al taxista quien nos condujo hacia un lugar muy concurrido en Miraflores. Calle Las Esperanzas, una zona muy comercial del centro del distrito más aburguesado en la Lima sesentera. Ahora, a puertas del siglo veintiuno, se convierte en la altisonancia juerguera de los limeños de clase media. Ciertamente en esa calle, entre la cuadra uno y dos, habían tres discotecas; dos de ellas vecinas y famosas por sus noches de ambiente gay y la otra muy de moda en esa época; Laura le hace detener al taxista con énfasis en un estacionamiento de la calle,  cerca de las discotecas de ambiente.

–          Vamos, acá es – me dice con naturalidad

–          ¡Qué! Pero si esto es un local de ambiente, estas loca Yo no entro ahí. Además, debe ser caro. No no no.

–          Vamos, Gianncarlo, qué miedo le tienes a una simple discoteca, la gente que viene acá es bien chévere; además nos vamos a divertir…. anda, vamos, subamos…

Desde su gracia hasta mi convencimiento no eran un derrotero, era simplemente una manipulación de extrema conveniencia de mi parte, mi noche se estaba haciendo. Pero mi mente no auspiciaba más ideas del por qué entrar a un local de ambiente. Las escaleras eran de fierro, frío y de aspecto industrial, la música estridente retumbaba hasta afuera. Llegamos a un cuarto piso, bien puesto, justo al frente de la discoteca de moda, había bastante gente, Laura estaba calmada y me tomaba de la mano, acción que me arrancaba de una realidad, me gustaba que me tomara de la mano, pues la iniciativa en esa noche tenía la marca de su piel, Yo era un pelele que la acompañaba a una noche de juerga. Me consolé pensando eso. Un gorilón blanco, sin pelos, nos detiene en la puerta, nos pide pases. Ella le entrega un billete de 50 soles, dobladito, como si fuese una servilleta de papel. Nos revisan y entramos. Había mucha gente, hombres y mujeres contorneándose al buen estilo de música “trans”.  Traté de dominarla con las manos, la jale hacia un rincón, ella hizo fuerza y me llevo a la barra, me acerco hacia ella y me besó, un beso rápido, seco, pero con delicadeza, sin lengua, sin pasión, me sorprendió, me gustó, yo no pensaba en otra cosa que hacerle el amor; pensaba en su departamento; en el pan tostado con huevos y un buen jugo a la mañana siguiente. Me cogió del cuello y salimos a bailar, me entrego cien soles y me dijo “compra tragos, quiero un whisky doble”. La situación se ponía a pedir de boca. Tomamos y bailamos casi una hora; la lujuria dominaba mi ser, solo esperaba despertar entre las sabanas de mi aventura y el cuerpo de Laura desnudo junto al mío. No me importaban las razones de la elección del local, ni la forma desenfadada de su mente abierta con iniciativa incluida, yo sólo quería ir a la cama con una de las mujeres más bellas de la Facultad

De pronto mis pensamientos quedaron en un limbo de visiones; Laura me pidió que me fijara en una de las chicas de un grupo que bailaban al  otro extremo de la pista; la rubia de jeans apretados, que bailaba con el tipo de camisa oscura, un tipo rubio, amanerado y alto. Dile, por favor, que la espero abajo ahora mismo. Su voz se torno seria e imperante; su aliento a alcohol quemaban los rezagos de malos pensamientos, mi mente no apuraba, solo escuchaba. Me acerqué a la rubia de espaldas bonitas y jeans apretados, le toqué el hombro y se volteó, me miró sin vergüenza de pies a cabeza; el rubio amanerado fijó su mirada entre mis sienes; el ruido no dejaba escuchar mi voz.  Me acerqué a sus orejas y muy al oído le dije que Laura quería hablar con ella y nos esperaba afuera. Los rabillos gay de los ojos de sus amigos habrían cumplido su misión mirando mis nalgas y mi espalda; me exploraron con astucia y con un aire de placer difuminado. Yo los miré con rabillo heterosexual de excitación. Ella me dijo que la esperará un minuto, y así lo hice.

Me cogió del brazo, estábamos visiblemente “ebrios”, en la etapa de embriaguez más soberana, la etapa plácida en busca de placer. Aquella embriaguez no me permitió anticipar nada fuera de lugar hasta ese momento. Cuando llegamos donde estaba Laura, el incidente colaboró a deducir mi papel.

Resulta que fungía participativamente en el papel de reverendo alcahuete, al más bajo estilo contemporáneo de la celestina versión chola.

La discusión era impertinente, sus rostros manifestaban un exceso de desconfianza mutua; como si fuesen una pareja de novios que discuten por un ataque de celos; la situación me resultaba un claro proceso de homosexualismo femenino. Fui prudente y medio caleta al proponerles ir a otro lado a seguir celebrando, por esta noche de amigos; ellas se miraron y como si hablasen sus mentes; accedieron a subir a un taxi, más amarillo que el anterior. Laura se adelanta con seguridad y le dijo al taxista la dirección de su departamento. La noche envejecía y los propósitos nocturnos maduraban en la perspectiva de mi mente morbosa y caliente, llegamos al edifico Las Almendras esquina de Alcanfores con la calle Juan Gonzales. Subimos al piso trece y la sala del departamento era una imagen comercial de decoración a alto nivel, olorosa y muy acogedora; allí vivía Laura con su luminosa humanidad y los deseos desenfrenados de una mujer estudiante, que parecía esconder una verdad tan impactante como sensual. Sírvanse lo que quieran… Gianncarlo sirve más Wiskhy…que hace falta…yo pondré música….El bar era un pequeño palacio alcohólico, así que emprendí el cometido…Ellas conversaban, mientras tanto yo servía el trago algo apresurado; más apuradas estaban ellas, porque cuando terminé de servir dos vasos de Something Special en las rocas para ellas, volteo, me acerqué y vi el hermoso rostro de la rubia con su cuerpo maravilloso sobre los labios confusos de una Laura fuera de contexto. Para ellas yo no existía.

Dejé los vasos en la mesa central. Y como si fuera un ladrón, me alejé de la escena, se besaban como si el mundo se fuese acabar en minutos. La rubia le tomaba los brazos acariciando de arriba a bajo, pasando la mano por los senos casi al descubierto de Laura. Laura le cogía la cintura con una suavidad angelical. Empezaron a contornearse y zafarse de las prendas. Los senos de estas mujeres eran un deleite visual para cualquier mortal, limpios, dóciles y compactos; redondos y perfectos, ambas se tocaban con el ímpetu que deja un augurioso placer carnal. El amor no se hizo esperar, se notaba mucha entrega y ganas, los deseos se convirtieron en realidad. Se desvistieron con una agilidad felina, se besaron y se tocaron hasta los alientos. Yo me quedé sentado en la banqueta giratoria del un palacete alcohólico; un barcito con intención de insumos capaz de emborrachar a cualquier visitante. Ellas ni saborearon el Something que les serví, y yo ya me había chupado tres vasos del mismo trago. Mi excitación era un encargo malévolo de algún ángel negro. Si participo me botan dije, mejor miro, observo y no me sublevo.

Cuando terminaron la faena; gesticulé el mejor ademán de un hombre resignado con postura de seriedad sexual, miré al vacío y suspiré con el último sorbo de mi vaso. La rubia se levantó, cogió sus cosas y se refugió en el cuarto de baño. Laura me miró y me pregunto con una frialdad incalculable.

–        ¿Te gustó?

–        Sí – le respondí, tragando la saliva, ostentosa acción de la ansiedad abrumada

–        – Salud-  me dijo – …quédate conmigo hoy

–        A propósito…¿cómo se llama….?

–        ¿Mi pareja? ¿Eso quieres decir?…Claudia, se llama Claudia y no somos pareja, simplemente queremos experimentar,  ella tiene enamorado y yo te busqué a ti.

–        No entiendo.

–        Mi fantasía sexual siempre fue hacerlo con una mujer…en realidad es la primera vez que lo hacemos delante de un hombre, y ella es la única mujer con la que hice el amor

–        Disculpa, pero a mi eso no me importa

–        ¿Pero por qué estas molesto?

–        No lo estoy…dime ¿por qué?

–        Te debe importar…claro que si, porque ahora quiero hacer el amor contigo.

Su voz parecía aclarar la situación, pero en realidad la confundía más, una voz más pegada al falso cielo de ángel sexual, una voz que invita a pecar y emprender el viaje de su destino y no del mío; aquella voz que superaba con creces a la de su invitación por teléfono.

Mi cuerpo había perdido la audacia de recomponerse a esa situación, escuchaba a Laura y contemplaba a una pobre chica con espíritu sexual latente y de disfrutar una fiesta constante.

– Cuando tenemos la mente abierta también debemos saber dominarla – le dije.

La puerta del baño sonó con un impacto que retumbó el piso. Claudia salió despavorida, exhausta y muy molesta, no se despidió y se fue. Laura trato de retenerla, hizo un esfuerzo físico por frustrar su partida, pero era imposible bajar por el ascensor desnuda; creo que estaba dispuesta, pero tenía más frío que otra cosa. Al evitar en vano la partida de la rubia Claudia, se aplastó en un meloso sollozo. Su experiencia viva ha sido un éxito, pero su comparación sexual se frustraría por la sencilla razón que el amor sellaba de una sola forma; no hay pasión.  Era obvio. Quería hacer el amor conmigo, pero el olor que dejó Claudia, no le permitía ese momento, sus lágrimas así lo demostraban, cuando regresó desnuda a su departamento, me dispuse a despedirme. Prefiero venir otro día y hacerte el amor como siempre he soñado, hoy no, le dije, con el valor que solo puede ofrecerte uno mismo, en el rincón más entusiasta del orgullo. Ella me cogió la bragueta, apretó fuerte y rozando sus labios en mi oreja me dijo:

– Es preferible ya no hacerlo….porque esto… sólo sirve para procrear.

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comentarios
  1. FRANZ MAX dice:

    peor que cosas no? jajjaja, aun no me pasa eso!
    pero te hubieras quedado pues!
    jajajaja
    saludos

  2. HawthDown dice:

    Te envidio, jaja. Buen post.

    Saludos.

  3. Ainoa dice:

    Una historia muy bien contada. Felicitaciones.

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