El parto a pie

Publicado: 15 mayo 2009 en Percy Vílchez
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la mujer ya existia

El primer alumbramiento, de acuerdo a la versión bíblica, fue un fracaso. Caín no debió nacer ni en broma. Así se hubiera evitado el primer crímen. Como es más que obvio, los partos amazónicos no tienen historia escrita. Lo oral ha inventado partos de toda índole. Los más notorios podrían ser los nacimientos de las estrellas más cercanas a los bosques, los ríos que nunca se acaban, los mitos a la vuelta de los arroyos frescos. En conjunto, los primeros nacimientos siempre fueron de seres gemelos, un varón y una hembra, como dos semillas del campo fundadores de las naciones ancestrales. No hubo, no podía haber, alumbramientos de seres con varios sexos, de híbridos sin `partes consideradas pudendas, de peloteros con el pelo amarrado y aretes de señorita. Entonces se desconocía los alumbramientos promiscuos, los hijos de adulterios ebrios, los vástagos que surgieron de las reiteradas  sacadas de vuelta. Porque de golpe se hubiera pervertido la santidad de la sucesión hereditaria. Ese respeto a la generación de la vida comenzaba en la ardiente etapa del enamoramiento. Ese encuentro de tanteos y declaraciones, de caricias castas, duraba tres largos años, tiempo suficiente para que los padres ilusionados o no, los familiares oportunistas o no, conozcan si la relación iba a ser perdurable. El hombre y la mujer de la nación de los Iquito nunca se miraban a los ojos en el tiempo en que negociaban todo lo referente a la vida compartida.

El divorcio era absolutamente desconocido, mientras que ahora se aprovecha las fiestas de fin de año para deshacerse de las madres que perturban, de los hijos que incomodan. Aunque parezca mentira, los partos no eran bromas de mal gusto ni escapes de abortos provocados. Se podría decir que ellos y ellas, los antiguos amazónicos, ignoraban la sobreprotección abusiva a la gestante y al futuro ser. Sobre el particular, una reportera peruana de la agencia Reuters ha dicho que está científicamente demostrado que los partos horizontales y excesivamente cómodos pueden sacar cretinos con cara de cualquiera de los simplones norteamericanos u de otra nacionalidad.

Los siempre vistos Simpsons son ricos con pésimos alumbramientos, desde luego. En el antiquismo Perú del mar y del pisco,  de los colores rojo y blanco en los ceramios Vicus, de la pelota pequeña en manos selváticas, el nacimiento era sagrado. Después de siglos hay serios intentos de reducir la triste mortalidad maternal. Para ello se ha creado albergues de alumbramientos, ubicados cercanos a las clínicas y hospitales, que combinan la sabiduría moderna con la sabiduría ancestral. Entonces aparece la legendaria figura de la partera, mujer que comandaba y comanda los alumbramientos.

Entre las naciones amazónicas el nacimiento de otro ser no era un relajo o una estación para reunirse y celebrar con abundante comida y licor barato. Era una especie de prueba donde la vida tenía que derrotar, simbólicamente, a la muerte. La gestante demostraba no sólo la reciedumbre de su vientre, sus innatas condiciones para el parto, sino debía tener aptitudes para la crianza que podía prolongarse hasta la boda vegetal. Las bromas de cervecería abundosas, donde se denigra a la chola de la aldea por parir en el monte, debajo del agua, son vistos ahora con otros ojos.  Las canciones de cuna permitían a los dioses y diosas de las preñeces, de las fertilidades, imaginar mundos alumbrados por cantos. Hoy, 2009, está más que demostrado que los partos verticales, con la gestante de pie, con la mujer parada, son más gratificantes que los alumbramientos horizontales. Por dos razones,  Primero, porque permite que los huesos y músculos implicados en la preñez trabajen coordinadamente. En segundo lugar, porque permite a la futura y gozosa madre, contemplar con todo su amor, con toda su ternura, al ser que viene llorando. Es decir, un mal nacimiento puede condenar a un individuo, a una varona, a una vida árida y sin destino.

En la búsqueda de que la existencia no sea un calvario sin salida, los expertos en tantas materias que tienen que ver con el alumbramiento no descansan. Algún día será posible que los humanos nazcan como los peces  y tantos animales. Es decir, de frente a nadar o comer. O, seguramente, se podría inventar un híbrido que nunca aprenda a comer, como ese insecto que descubrió el poeta Ernesto Cardenal y que vive suficientemente  24 horas. En la vida moderna nueve meses de gestación son casi una eternidad, pero ese tiempo permite al nuevo ser familiarizarse,  en el vientre, con el increíble y asombroso proceso de la creación del mundo. La prisa de los cambistas del mercado oscuro, de los hooliganes aliancistas, rimenses o albos,  de los incultos cretinos de la banca y el comercio, suprime  muchas cosas. La legendaria  figura de la partera ya no existe en las cunas de oro y oropel, pero sí en el mundo popular amazónico.

En la elevada ciudad de Lamas,  hay ahora un monumento genial. Es una mujer que no participó en ninguna guerra atroz, no estuvo haciendo de sicaria de los narcotraficantes. Es la figura de una mujer señera y desbordante de vida, excesiva de nacimientos. Es una mujer que viste de gala y adornos rurales. La limpieza de sus gestos y sus actos destaca inmediatamente ante el espectador de ese portento formindable. Es la partera de todo Lamas, es la mujer que ayudó a nacer a generaciones, la mujer de a pie o zapatos que trajo al mundo a miles de seres. En sus robustas manos la vida sigue perenne. En la esquina de dos calles desconocidas se levanta como un aullido hermoso del alumbramiento que no puede cesar pese a las labores de los doctores del sepulcro, de los inútiles seres de la muerte.  En su cuerpo imponente se puede ver el feliz instante de la primera sonrisa, del primer gesto hacia lo vital del ser, del primer sueño con rumbo hacia la eternidad posible.

Imagen: La mujer ya existía antes que Dios nazca, de Gino Ceccarelli

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comentarios
  1. FRANZ MAX dice:

    existe pues en todos los animales, un primer momento de contacto de hijo a madre, que no esalgo usual en estosdias con las personas
    muy buena teoria.

    saludos

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