Posts etiquetados ‘Lunar’

La Tierra me llama

Publicado: 8 octubre 2009 en Llini G
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rotary

El celular de mi abuelita suena. Mis escasos diecinueve años y la pereza inexplicable no me instan a levantarme a horas tan tempranas en un día típico de vacaciones. La única condición para abrir mis ojos y pronunciar mis primeras palabras es: “Llini G, tu profesora te llama”.

Una de ellas, mi máxima inspiración, estaba al teléfono. Mi respuesta estaba pronta en el tiempo más preciso, en la que la luna me quería tomar presa para siempre. Las pasiones juveniles y las locuras tempranas tienden a tocarnos en lo más profundo del ser, aunque a muchos que se dicen adultos les parezca la más insana de las locuras. Existen los sentimientos a edades tan tempranas, aunque como dijera un sabio que en una generación sin corazón como esta son el máximo tesoro.

La esperada respuesta fue algo indescriptible: personas que no entendían el lenguaje local, que no habían pisado un suelo de greda ni habían probado ninguna vez en su vida el delicioso sabor del aguaje en las mañanas, me necesitaban y a la vez a otros chicos más para extender su corazón a otras personas más desafortunadas que yo.

En el primer día pude ver todos los rostros de la vida: las sonrisas más irónicas que nadie podía imaginar me hacían sentir con ambos pies en el barro y la greda pegados intensamente. Los “por qué” revoloteaban en mi cabeza, mientras mis manos y mi corazón hacían un dúo perfectamente sincronizado. Mis manos actuaban lo más rápido posible, mi boca también. Tenía que ser el ave políglota y volar a diferentes partes de la sala para que ellos, los poco afortunados, tengan un poco de luz en su existencia, vitaminas en su sistema y una sonrisa al final del día.

Repartí abrazos, besos y quizás muchas pocas cosas más que tenía en mi mochila. Mi corazón latía a mil por hora por el hecho que el altruismo estaba reviviéndolo, era una pequeña dosis de electroshock a mi exageración en el espacio lunar.

Querer así a otros y dar mis manos, mi conocimiento y mis abrazos me hizo volver a la tierra que tanto me estaba esperando. Desesperadamente me llamaba para que no me pierda en una luna que con sus hechizos ya estaba tomándome presa y yo, adentro mío, me olvidaba de mi misma y ponía mis penas por delante…

(Dedicado a la labor maravillosa y altruista del Rotary Club – Amazonas)

El baúl

Publicado: 1 octubre 2009 en Llini G
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baul+rustico

En la década de los treinta, mi abuelo lo llevaba de pueblo en pueblo conteniendo su vestimenta, recuerdos y más. Con lágrimas en los ojos y su baúl de palo de rosa, muy oloroso y brillante, despedía a su padre cuando era la hora de partir.
Ya adulto, su baúl permaneció escondido durante veinte largos años, conteniendo sus memorias juveniles y a la vez la de mi abuelo.

El baúl era todo un bastión familiar. Veinte años después de la última vez que el baúl pudo ser testigo de un rayo de sol iquiteño, a mi abuelo se le ocurrió abrirlo, aunque el cerrojo ya descompuesto se lo impedía, prefería luchar contra él. Por coincidencia era el turno de que mis quince abriles vengan encima mío, él perfectamente me regalo el hermoso baúl de palo rosa, con un olor indudable, aunque pase el tiempo sigue igual. Me regaló también la colección única de monedas antiguas que tenía dentro; algo realmente valioso ante mis ojos ansiosos por un pedazo de tradición.

Desde aquel entonces puse en mi baúl, también, toda clase de recuerdos preciados de mi vida adolescente (por partes dolorosa…) Dentro contenía miles de miles de páginas de desahogo en mis diarios: amores perdidos, padres que me dejaron, golpes de la vida entre otros más. Allí me convertí en otra lunera que guarda sus recuerdos en una caja preciada, para que nadie más vea la parte más oscura o gris de su alma.

Cuatro largos años desde la última vez en la que dejé mis recuerdos absortos en aquel baúl, se me ocurrió revisar que tenía ahí dentro. Ineludiblemente las lágrimas corrieron por mi rostro, al ver que algunas de mis otrora alegrías se volvieron tristezas, que algunas de mis penas me condenaron y que alguna cosilla, ahora en el presente me hace pensar ¿Quién soy ahora?

No soy aquella niña de aquel entonces. La vida se ha vuelto complicada mucho más aún cada día cuando voy, como dicen algunos, madurando. Pero no quiero volverme más dura. No quiero que mi pequeña dosis de sensibilidad se vea opacada por estrés, mucho trabajo o alguna situación inadecuada. No quiero dejar cerrado ese baúl para siempre, no quiero llevarlo conmigo y que me dé igual si dejo a alguien o no. Quiero sentir aquellos sentimientos tan humanos que muchos olvidan, poner el corazón delante y acordarme quien soy.

Mi abuelo me enseñó algo al regalarme ese baúl, y al haberlo cerrado mucho tiempo cuando era suyo y abrirlo veinte años después. No debo de hacerlo. Las cosas más grandes de la vida se pierden cuando nos encerramos, cuando nos quedamos irónicamente en un lugar del cual no podemos movernos. Tenemos que seguir, sin olvidar lo que realmente vale. Aunque la luna se sienta bien en los instantes más precisos.

Perder para ganar

Publicado: 22 septiembre 2009 en Llini G
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Ocaso en el roque nublo

Un día como todos, la luna me acecha con sus ojos. Atribuye mi falta de sueño a mis tonterías juveniles e inasistencias permanentes pero así es capaz de poner el peso del mundo sobre mis hombros.

Nadie sabe lo que dirá luego, nadie sabe lo que dijo ni lo que dirá después. Un enigma es su pasado, aunque su futuro es algo predecible y su presente es simplemente una estación monótona e innovadora al mismo tiempo. Suena raro pero es real. Sus ojos me inspiran ternura y a la vez una fiera queriendo que mi juventud y el elixir de mis veinte se reemplacen en intentos rápidos para que yo madure y sea capaz de caminar las calles mojadas y vacías y sea capaz de luchar contra tigres, anacondas y todo tipo de peligros que la vida, me interpone y me interpondrá.

Todo es demasiado cruel.

La fuerza de cada uno de sus verbos me atormenta. Me dice que deje de ser una soñadora y que debo salir de mi cuartito de vez en cuando y sufrir, como humanamente tengo derecho. Me pone una coraza inadecuada, para que así pueda sentirme fuerte con una más grande que yo. Se siente pesado al inicio, pero los hombros ceden después.

Por situaciones de la vida tengo que seguir sacrificando mis hombros, mi elixir juvenil, aguantar palabras tan pesadas para vivir luego. Ese es el precio de la vida. Si sufro primero, aprendo el trayecto y vivo después; aunque después sea algo tarde. La vida es una ironía total, durante todo un proceso anteriormente descrito, finalmente el sufrimiento y el arduo sacrificio permitirá que deje de lado a la jovenzuela soñadora y lunera y le diga un estentóreo “hola” a la madurez. Sé que depende de cada contexto y situaciones a quien atribuimos pronombre personal con tan fuertes atribuciones e intentos para llevarnos al camino de los valientes, rápido porque queda muy, muy poco tiempo.

Permiso para no aterrizar

Publicado: 8 septiembre 2009 en Llini G
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boyanddogonplanet

(Dibujo de Moby)

A veces me pongo observo la soledad de los seres humanos. ¿Por qué alguien que ha tenido mucho al final queda solo y abandonado? ¿Será cuestión de suerte o tiene que ver con el propio destino?

Hemos escogido la luna como nuestro hábitat permanente solamente para girar y depender de algo, o simplemente existir. Nadie sabe por qué ella está allí, por qué simplemente sigue a la tierra, como si fuera su pequeña hija (pero una hija mucho más fría que no está llena de vida). No tiene verde, azul ni amarillo. Todo es seco, todo es gris. Todo lo que miras a tu alrededor es negro.

Entonces ¿Hay alguna razón para vivir ahí?”

Mi tía, ya muy anciana, sale de su casa una sola vez al año. La única persona que tiene en una ciudad de cien mil habitantes y muchos metros cuadrados es mi abuelo. A ella le ha tocado vivir en la luna debido a un destino que ella misma no escogió. Toda su familia murió en tiempos distintos, dejándola más sola cada vez. No están los hijos para hacerla renegar, no está el sonido matutino de la tetera hirviendo el agua para el café. Las rosas del jardín delantero están reducidas a simples matas olvidadas que apenas se pueden distinguir en el suelo. El cuartito donde estaban los grandes hilares para tejer y las colchitas hechas a mano son ahora viejas sillas de maderas y un teléfono descompuesto. Su memoria ha quedado estancada en el tiempo en el cual todos ellos vivían y todo lo que la rodeaba era la más pura esencia de la vida de sus hortensias y girasoles. Admiro oírla tan solo para saber cómo era y a la vez le pregunto para qué ella también se sienta algo cerca de la Tierra en la que vivía y en la Luna en la cual le ha tocado vivir.

Yo, por ratos, decido acercarme a la Luna, sentir el aire frío y gris que puede desprenderse de ella para así dejar la Tierra un ratito y encontrar un lugar en donde experimentar la soledad en la manera que yo quiera. Eso para mí es la Luna. Eso para mí es vivir en ella. Creo que me he acercado, la he sentido un poco, tratando de encontrar los sonidos adecuados para poder cerrarme luego de tantas cosas experimentadas. Es, como otrora hicieran las amazonas, mi confidente de alegrías y tristezas.

Cerrarse en uno mismo no es suficiente, necesitas alguien más o algo más. Mi tía lo hace todos los días involuntariamente. La ha encontrado esa forma de vivir sola de por ratos y le ha tomado prisionera. Su mente, su corazón y su pequeña casa están presas ahí. Anoche vino caminando y la abracé muy fuerte  para que sienta que aún está aquí luego de tanto tiempo. Aunque su mente ya no me distinga y sus labios pronuncien otro nombre al verme, yo sé que en algún momento los seres humanos llegamos ahí: siendo jóvenes al alejarnos y ancianos cuando todo se aleja de nosotros….

Arriba el telón

Publicado: 2 septiembre 2009 en Llini G
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amelie2_fond

(Homenaje a Amelie Poulin y su mundo extraordinario…)

8 p.m. en Lima-Perú, 10 de Noviembre de 1989. A esa misma hora, una dama que bajó de allá arriba vende periódicos en la esquina y decide comerse un buen trozo de pastel de fresa y un vaso de emoliente. Una combi arrolla a un niño pequeño de nueve años. Mas de veinte mil personas en todo el país hacen cola para comprar una sola lata de leche con el respectivo kilo de azúcar “casado”. A esa misma hora Dios sabe donde andaban Tongo, la Tigresa del Oriente y Mario Vargas Llosa. A esa misma hora Fujimori ya tenía un buen plan…

A esa misma hora, una señora gordita (obvio), blanca, alta, de cabellos algo ensortijados, muy graciosa confunde la indigestión con otro dolor que era más evidente: Ya era hora de ser madre… por primera vez.

Sus escasos diecinueve años y su falta de experiencia en la vida le hacen que tema todo dolor por venir o cualquier reto a enfrentar en las próximas 72 horas de vida. De padre demasiado supersticioso, de abuela regularmente estricta – aunque benévola y poseedora del mejor abuelo del mundo – vino a éste… Llini G.

Desde pequeña, ella era una niña diferente a los demás. Entró al colegio hablando francés hasta por los codos. Odiaba el botón amarillo. La adelantaron al rojo para así deshacerse de ella y enviarla a los 5 años a la escuela primaria. Sufrió uno de los dolores más terribles de su vida: sus padres se separaron. Papá se iba hacia el norte y mamá no iba a tardar mucho en irse hacia el sur. Poco a poco, dentro de ese cerebro poco casual, extraño y excéntrico, se fueron formando raras concepciones del mundo,  inusuales sonidos, peculiaridades.

La llevaron al ballet, pero, ¿será de su gusto?  Ahora toca el piano, pero ¿dejará de marearse tanto con las notas musicales? Poco a poco, dejando de lado todo lo que, se refugiaba en la soledad del cuartito del tercer piso de su casa, donde su imaginación fluye  a través de cajas de cartón o papeles. ¡Cómo le gustaban los papeles! – creaba su mundo por sí misma. Odiaba aquellos juguetes comprados buenamente por el abuelo. Adoraba miles de veces más una caja de jabones y un carril vacio, creaba casitas de cartón cosido. El mundo era lo que ella decía. Con sus manos y su imaginación fabricaba los pequeños pedazos de alegría en un mundo frio, frágil y lejano. La luna era su mejor amigo, la alejaba de todo lo pasado y por pasar. Cubría con chocolate aquellas horas amargas y solas en un cuartito, arriba de todos. Aprendió que en la vida el más débil y cauto no existe. Que el encierro casual y la resignación tampoco son soluciones. Que existen formas de estar en la Tierra y en la Luna a la vez.

A Llini G le gusta: Buscar todo tipo de música que la haga sentir diferente mientras camina, mirar aquellos detalles y rincones de su pequeña gran ciudad muy ignorados, ayudar a cuanta persona pueda, hacer muchos amigos y ayudarlos cuando se puede, tocar el piano (sí, resultó) , tararear alguna canción con su amiga cuando están en moto y el semáforo esta rojo, aprenderse cuanta lengua o jerga pueda, sentarse en el tejado de su casa y preguntarse cuanta gente estará soñando en ese instante, pintar cuando siente que debe hacerlo, tratar de manejar una bicicleta aunque acabe cayéndose, levantarse cuando se cae.

A Llini G no le gusta: Que olviden el día de su cumpleaños, no tener una cábala para año nuevo, que miren a alguna prenda roja y digan ¿te gusta este color? , levantarse demasiado temprano cuando no necesita hacerlo, que cuando este comiendo pollo mastique algún huesito, no poder viajar o viajar sin dinero, olvidarse alguna cosa para sus amados abuelitos.

Caminar en la luna no es algo habitual, es un daño irreversible benévolo que en su vida ha aprendido a hacer. Elige todos los días el ser o no ser, para así alejarse del dolor tan humano que muchas veces la persigue. La idea del comienzo de una lunera viviente fue así. En los años que a ella le quedan, hará lo que puede, pero seguirá allí…

Haciendo poco y haciendo nada.

¿Quién sabe cómo terminará esto?…