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He tenido, para variar, problemas para idearme el tema de ésta columna. Para hacerle honor a la verdad, los escritores, como el resto de las personas, se basan en sus propias experiencias para narrar de forma más armoniosa aspectos que quieren expresar, he decidido escribir sobre un tema que nos satura, aburra, abruma y, sin embargo, no podemos evitar: el amor y las relaciones.

Tengo la suerte de tener una pareja estable hace mucho tiempo ya. Y digo estable, no en el sentido de que sea serio (aunque espero que lo sea) sinó de que estoy con una persona realmente estable. Esto ha llevado a replantearme muchos mitos que tenía sobre “estar en pareja”.

Dado que todos nosotros venimos de la unión de un hombre y una mujer, es imposible negar que estamos afectados por la relación que tuvieron y tienen nuestros progenitores. De ahí tantos comentarios como “no creo en el matrimonio” o “en la naturaleza del hombre no esta ser monógamo”. Quisiera evitar estos temas por ahora, primero porque no tengo las respuestas y segundo, porque sinceramente hablar de eso ¿para qué sirve?   Digo, si no crees, tus razones tendrás pero, aceptémoslo, no es como creer en Dios. El matrimonio está ahí, creas o no en el. Y por el lado de la monogamia ¿quién dice que sólo el hombre tiene  el perdón de la naturaleza para sus deslices?

Lo me concierne y el punto de esta columna es que ayer en la noche tuve una inspiración. Esas que uno dice ¡Eureka, esto tienen que saberlo todos! Descubrí, que si bien amo a mi pareja, podría estar sola el resto de mi vida sin el y, de hecho, hacerlo de maneras realmente divertidas.

Tranquilos, este no es el descubrimiento (no soy tan egocéntrica como para pensar que mi superación personal cambiará al mundo). Lo que pasa es que no sé cómo (ya vieron que cuando uno tiene sueño y no puede dormir llega a estar en un estado parecido a la alucinación) dí con el resultado de una exhaustiva introspección: no nos enamoramos nunca.

Déjenme explicarlo. Nacemos ¿cierto? En alguna parte nos cuentan la historia de Adán y Eva, en todas partes vemos gente que tiene hijitos como nosotros, si nuestros padres (juntos o separados) tienen algún tipo de relación nos ilusionamos con que somos “hijos del amor”. Bueno, aquí comienza la historia de nunca acabar. Vamos creciendo y vemos películas de Disney en donde la princesa termina siempre con el príncipe. Ya en la adolescencia, nuestro cuerpo es sitio propicio para las nuevas calenturas y maripositas estomacales características de la atracción por alguien del sexo opuesto. Pero, no termina ahí, ya tenemos en la mente el esquema de Adán y Eva, de nuestros padres, de La Bella y la Bestia, de Jack y Rose, de Romeo y Julieta. Por lo tanto, sentimos que, dado que somos protagonistas de nuestra propia vida, tenemos el derecho y la necesidad de participar en una historia de amor, sea como fuere ésta.

Bueno, ahí comenzaron los problemas. Porque, en realidad según mi humilde punto de vista, no es necesario.  No es necesario estar en pareja, no es necesario sacrificar cosas por amor. Muchos van a tildarme de mujer de piedra, pero piénsenlo ustedes mismos y dense cuenta: NO ES NECESARIO. Los hombres y mujeres que cambiaron el mundo estaban básicamente solos o con una relación en muy mal estado. Se podían haber evitado estas últimas si no se hubiesen dejado tontolear por la cultura de la sociedad en la que vivimos. Cuántos hombres y mujeres (en especial mujeres) dejaron de lado sus aspiraciones personales por un matrimonio y familia estables. Claro, se dice, nada es más importante que criar un hijo porque es nuestro legado al mundo dejar personas que puedan ser diferentes y mejores y que cambien a la sociedad paupérrima en la que vivimos. Pero ello no es más que mentira; tus hijos van a terminar haciendo lo mismo que tú. Van a sacrificar sus sueños por la familia “estable” y por los “hijos héroes” que desean tener. Y asi sucesivamente.

Esto está, para los que viven según este modo de pensar no hay quienes no piensen que les falta un tornillo. Comentarios como “soltero maduro, maricón seguro” o “apúrate hijita que se te va el tren” consolidan este esquema mental que tenemos del ser humano destinado a una pareja. Muchos, con el afán de no contradecir estas suposiciones, se casan y permanecen casados a pesar de ya no ser felices, de saber que su matrimonio más que una alegría es un obstáculo en su vida para hacer cientos de cosas que podrían hacer, pero no pueden. Otros, aun peor, no se dan cuenta de esto. Viven en automático como si esto tuviese que ser asi y no hubiera otra opción. Los peores son los que se mueren de miedo de no lograr sus metas y se esconden detrás de una relación mediocre. Claro, es más fácil tomar el camino transitado ¿no?

Ojo; no estoy en contra de enamorarse y de estar en pareja (de hecho, yo misma estoy con alguien). Simplemente digo que hay que ponerle fin a esta exótica neurosis que invade a todos los seres humanos a partir de la adolescencia. Se puede ser muy feliz estando solo, se puede estar muy feliz saliendo con varias personas a la vez (no me malinterpreten, siempre sean honestos con sus eventuales aventuras). No hemos venido a este mundo a enamorarnos, al menos creo que no es mi misión en la vida y supongo que para muchos de ustedes tampoco.

En vez de andar atrás de una chica o chico que no les da bola, en vez de estar soportando una relación que les toma más energía de la necesaria, en vez de pensar con determinismo que quedarse solo es lo peor que le puede pasar a una persona, piensen en lo que pueden hacer ustedes por el mundo, por el planeta. Es decir, enamórense de SU vida y luego, si les provoca, conjúguenla con la vida de otro.

Respiramos, comemos y dormimos, estas tres son las únicas actividades básicas para sobrevivir. Luego están las que nos inventamos: estudiar, aprender, enamorarse, viajar, etc. Podemos decidir entre estas opciones, podemos tenerlas todas, podemos tener algunas, podemos no tener ninguna, podemos inventarnos más. Lo importante es que sea NUESTRA decisión y no la de una cultura idiotizada por el paradigma de Romeo y Julieta.

P.D.: Si les choca la realidad, eviten leerme u_u

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Aunque sabemos que algunos amigos se pongan patas arriba, lo importante es que, felizmente, hemos aprendido a no tomarnos tan en serio.

No nos encerramos demasiado en nostros mismos (si fuera así ¿para qué abrir un blog que tenga tantos y tan buenos colaboradores y contribuyentes)

A veces es bueno intentar tener un millón de amigos (quizás no tantos, pero en todo caso que sean muy buenos y leales y se la jueguen por nosotros o lo que hacemos.

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Aunque sabemos que los concursos de popularidad no son necesariamente generadores de luminarias o de justicia poética, son divertidos y dan la sana ilusión de que la competencia se basa en algo más que en la calidad (tan vital). Que la competencia se basa en el grado de cariño de confianza que le tengas  a algo o alguien.

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Diseño: Percy Meza

lupe-nocturna

En la puerta de uno de los tantos bares que existen en la ciudad, los dos frente a frente, un “lo siento pero me tengo que ir ” de su parte, un “si te quieres ir vete de una vez” de la mía, un beso en la mejilla de mala gana, un chau y un “habla con el aire si quieres que me regreso al bar”, así fue la escena final de la historia más reciente que tuve con cierto chico. Y digo la escena final, porque después de eso algo dentro de mi me decía/me dice que la historia se acabó. Y aunque hubieron amagos de un posible encuentro, su poco interés y mi desbordante desanimo no son precisamente nuestros mejores aliados para concertar un encuentro.

Recuerdo que después del nada agradable acto final en el bar (con actores secundarios incluidos, llámese cuidador de moto, vendedor de chicle y cigarrillos y niño curioso), eliminé su número, sus mensajes, sus llamadas (incluida las perdidas y marcadas) y toda información que sea de él con el fin de expectorarlo y en serio,  y cuando se enteró días después que hice esto me dijo que era muy mala, y después, simplemente desapareció, ¿y yo?, nada, simplemente jugando ludo o ajedrez con mi hermanito en las noches que no tengo clase en la universidad para matar el aburrimiento y olvidarme del asunto.

Si pues, a veces soy así de radical. ¿Es un problema? no lo sé, lo único que sé es que no soy la única mujer del mundo que en ciertas ocasiones hace borrón y cuenta nueva cuando no le va bien con alguien.  La mayoría de mujeres esperamos que luego de una pelea con el chico con quien salimos, sea él quien llame primero y no sea solo una vez sino varias, pida las disculpas correspondientes y nuevamente volvamos a subir en los caballitos de la ilusión y cabalguemos por los prados de la alegría comiendo algodón de azúcar. Sin embargo eso casi nunca me pasa. Lo más probable es que desaparezca tan pronto yo dé la espalda.

Recuerdo hace no mucho estaba con un amigo en la Plaza de armas un poquito más tarde de la medianoche (si, parecíamos yo la putita y el caficho, menos mal nadie le preguntó nada extraño), hablando de esas cosas de la vida cuando me hizo una pregunta que me dejó entumida: ¿Por qué todos los chicos con quien sales o tienes algo te dejan? Me esputó sin anestesia alguna, “porque no lo sé” creo que fue lo que respondí después de soltar una risa.

Ahora, haciendo un auto análisis mientras prendo un incienso y evoco los sabios espíritus de Sigmund Freud, pienso que muchas veces (inclusive en donde soy yo la que la riega) espero tendida en mis laureles que sea él quien toque la puerta, y no porque el resentimiento me gane o porque el manual de la “buena señorita” así lo dicta, sino porque a veces simplemente hago mal uso del  “todo pasa y pasa por algo” y a quien en realidad dejo pasar son a buenos chicos.

Pero, ojo, no siempre he sido yo la de las colgadas de teléfono, la de los portazos, y “cállate que quien grita último soy yo”, para nada. También he sabido llamar, buscar, propiciar salidas y pedir disculpas. Yo creo que no importa si somos hombres o mujeres, si tú tienes más culpa que yo o si tú la regaste antes que yo para pedir disculpas (claro hay excepciones muy, muy fuertes y en esas no me meto). Y nada de eso de que: pero antes ¡¡¡venganza!!!. No viene al caso (además mata el alma y la envenena).

Ahh por cierto, recuerdo también que aquella noche de la Plaza, mi amigo, convertido en una especie de Nostradamus con chaman del norte me presagió lo siguiente: “Tú  estarás con la persona que quieres a los 23, te dejará al mes y volverás a estar con otra persona a los 24, él te dejará a los 6 meses para recién estar con quien te vas a quedar cuando ya estés por cumplir los 30”, tengo 21 y la verdad la profecía no es nada alentadora y como mi espíritu agnóstico me dice que su sobrino se casará antes que él y, como calcomanía de brujo, mejor se queda como artista, simplemente lo ignoro y espero aquí quietecita al valiente caballero montado en el unicornio que me llevará a dar unas vueltas por el sendero de la ilusión.

PD: Al chico del inicio de la historia le dije que escribía en este blog. Como es más probable que yo encuentre petróleo en mi patio que volver a verlo, y con la esperanza que lo vea algún día, añadiré  solo tres cosas:

1.- Sory por lo de tu número (pensé que a ti te importaba menos que a mí).

2.- Sory por decir que tus amigos son una sarta de niños que no saben decir nada inteligente (me vuelvo a disculpar, pero fueron las bromas más tontas que escuché en una misma noche)

3.- Sory por lo de “aquí no va a pasar nada pero nos quedamos justos a ver el sol” (eso sí tiene explicación, pero como solo es para ti, amen de la historia).