No más flores

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Lupe Muñoz

Tengo 21 años, futura comunicadora  a pesar que mi papá quería verme como guía turística y mi mamá como arquitecta. Desde niña uso la mitad de mis cuadernos para mis clases y la otra para escribir cualquier cosa. Trato siempre de estar alegre aunque puedo cambiar repentinamente de ánimo. Hasta los 13 pensé que era tímida pero después no sé que pasó. Me gusta el fútbol gracias a Owen y sus piernas. La lluvia a veces me deprime.  Y por último, siempre creí que los hombres como los artefactos deben venir con manual de uso.

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Me enferma verte enfermo

 

enfermo

 

Mientras almorzábamos mi papá no dejaba de quejarse del dolor de pierna provocado por una ampolla. Él decía que se la aplicaron mal y por eso estaba así. Mientras me siento en la computadora lo veo dirigirse a la puerta cojeando. Sé que le puede doler pero también  está exagerando y busca más atención del que merecen sus pequeñas penurias.

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Cuidado con el plato de segunda mesa…se puede

romper

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Hace no mucho estaba con tres amigas sentadas en un bar “x”,  hablando de mil y un cosas y, claro, también de los últimos episodios sentimentales que habíamos vivido. En medio de la amena charla le comentamos a una de las presentes que un amigo en común –y con el cual mi amiga había protagonizado una mini historia afectiva- preguntó por ella y quería saber si en verdad salía con una nueva persona. Mi amiga, algo molesta, comentó: “¿pero a él que le importa? ¿No que está feliz con su chica? ¡claro, tampoco quiere descuidar  al plato de segunda mesa!”.

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¿Culpable soy yo?

 

Cuando cursaba el último año de secundaria  y tenía escasos y dulces 15 años, conocí a Nené. Le decían así por una historia que no viene al caso.  Era primo de una de mis mejores amigas y quería que ella hiciera el papel de Celestina para que fuéramos noviecitos. Por más que ella influenció y él se portó más que bien, la señorita Muñoz, lejos de encantarse, interesarse o, en su defecto, compadecerse de Nené, se portó un poquito más que mal. Conversaciones indiferentes con una mezcla de desaires eran nuestros habituales encuentros. Un buen día –a pesar de los nada gratos momentos- Nené ya no “aguantó su angustioso amor” y le entregó a su prima una carta llena de corazones, bonitas frases y perfumada a más no poder para que ella, como si fuera empleada de agencia sentimental, me lo hiciera llegar. Ya tenía 16 y estaba en la academia pre universitaria, era la hora de receso cuando me entregaron la carta, luego de leerla ella me preguntó “¿Y qué vas a hacer?”. “¿Quieres ver?” le dije invitándole a que no pierda de vista lo que iba a hacer. Me puse de pie y empecé a romper el papel en mil pedazos, luego dejé que el viento se llevara hasta el último segmento de su declaración. Lo reconozco, era una niña mimada y él un chico terco.

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3 comentarios dejar un →
  1. 2009 Abril 21

    mua muaaaaaaaa

  2. 2009 Abril 21

    yo te vi en algún lugar, con los ojos tristes y el corazón con llanto y dije: sea lo q sea, ya pasará y pedí q asi sea. está bien enamorarse de alguien q no conoces???

  3. 2009 Mayo 7

    Quiero conocerte!!! me encanta como escribes!!!

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