Monedas por clavos

Publicado: 22 septiembre 2009 en Ronald Paredes
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Clavos

Estaba decidido, se haría así.

Ya la noche arreciaba inexorablemente con apagar todo atisbo de aquel día confuso, con las idas y venidas de aquel mar de gente correteando cual tropel desbocado por las celebraciones paganas. Le parecía una maroma increíble todas aquellas personas pintadas de rostros amigables, y si embargo tan vacios por dentro.

-Nadie comprende esta basura, yo simplemente me he cansado.

Necesitaba la excusa perfecta. El mamotreto exacto. La pantomima creíble para irse de vacaciones permanentes de aquel desvencijado lugar, de aquel aire rancio, de aquel mar de gente que lo tenía podrido hasta la médula con lastimeros pedidos y quejidos.

¿Acaso lo creían algún tipo de Papa Noel regalón?

-¡Yo soy el mal! lo que tengo que hacer por tomar posesión nuevamente…

Escudriñando entre aquellos que llamabanse amigos suyos, revisando acuciosamente cada pupila, encontró la perfecta excusa en una simple mueca. El desgano era evidente en su mirada y el constante tamborileo en la vieja mesa, llena del par de manjares, lo hacían aún más notorio ante su suspicaz mirada escrutadora.

-Este es mi cuerpo…esta es mi sangre… alguien me traicionara antes que cante el gallo. Tres veces tres.

Las horas pasan lentamente y la negrura de la noche se hace sentir, con el estómago lleno y las ansias a mil por hora, mientras el segundero en forma de relojarena cabalga hacia el abismo. Todo se resume a que él desee hacerle el favor. Lo demás es simple cuestión burocrática, algo dolorosa pero en todo caso necesaria. ¿Clavos? ¿Latigazos? con tal de largarse de aquella pocilga en forma de mundo aceptaría de buen agrado tomar el riesgo, sin pensarlo dos veces.

-Pero no temas, es algo simple, la haces, finges como sabes hacerlo, cual tamborileo de los dedos, exiges lo que quieres y te lo darán, si eso no te satisface pues, mueres y serás mi senescal.

Miro confundido los ojos penetrantes de quien le hablaba y no daba crédito a lo que sus oídos antiguos escuchaban. Estaba tirando por la borda toda creencia que había acuñado desde que lo conoció. Al final el tan mentado diablo de quien tanto se mofaba era él. Vio cómo transmutaban aquellos ojos en multicolores formas, a manera de confirmación de aquella proposición rauda y poco sacrosanta.

El gallo cantó tres veces mientras le tiraban por la cara las monedas oro que había pedido por el intercambio de bienes. Era la enclenque existencia de quien quería deshacerse a toda costa de aquella responsabilidad adquirida en forma de pago obligado, en realidad era más lo que pidió pero el golpe sorpresivo fue tan brutal que su pobre cerebro no terminaba de procesar aquel extrañísimo pedido. Se sintió como el puto salvador de quien esperaba lo salvase y era tan contradictorio hacerle un favor a quien pregonaba tenerlo todo y nada, de quien decía ser salvador pero simplemente quería dejar rápidamente la lastimera manera de vivir de los simples y estúpidos humanos.

A lo mejor se escuchaba la turba enardecida gratificada por aquel simple regalo caído de la nada, todos danzaban como posesos en su esencia y él, pese a las espinas y los latigazos acuñaba una sonrisa macabra en todo su ser, su pupilo había cumplido con su palabra y debía morirse de una vez para recompensarlo en toda su magnitud. Porque la palabra empeñada se cumple.

-Tengo que hacerlo, no podré vivir con la consigna de haber mandado a asesinar a quien tenía por alta estima ¿por qué? ¿Acaso no era su favorito?

Repentinamente, un haz de luz iluminó su demacrada cara. Voces de ultratumba e imágenes recorriendo a velocidades indefinibles repasaban su apocada anatomía, a la par que sentía la energía de un muchacho púber recorriendo nuevamente sus cansinas carnes. Se sentía poderoso, se sentía vivo, sin pena ni culpa. Era el pecador más hermoso que pisase la tierra y estaba feliz de eso. Cantando y danzando fue enrollando firmemente la soga en torno al sicomoro y de la parte más alta que pudo terminó el nudo que le daría su final paga.

Apretó los dientes y con los ojos cerrados vio todo un mar calmado en pleno octubre que se abría ante él. Su paga estaba a un solo paso al vacío y soltando una carcajada grotesca se lanzó al aire, mientras sentía en su piel como cada chicotazo propinado a su maestro lo liberada de forma rápida y burlesca.

Las carnes desgarradas volaban mientras el castigado profería lágrimas de alegría. Había sido completamente liberado de su esencia, la paga estaba consumada y los de arriba nada podían hacer ya, un sutil miedo se apoderó del triunvirato que ofuscados revoloteaban sobre soluciones posibles a lo que estaba consumado, mientras los clavos eran profundizados con cada martillazo. El simplemente lanzaba lágrimas de emoción ante su inminente partida.

Lentamente abrió los ojos y vio difusamente primero, claramente luego, aquel pedazo de tierra azulino que se iba perdiendo a sus pies. Se sentía suave como una pluma y tan libre como un atisbo de aire recorriendo el infinito, se sintió cómodo, se sintió proscrito, se sintió libre al fin, la sonrisa macabra retumbaba en su cabeza y eso era la llave para su reino. Eran él y su mentor esparciéndose por el infinito.

Porque la palabra empeñada se cumple. Se paga.

comentarios
  1. eduard dice:

    Estupendo relato y un texto muy cuidado, felicidades. Me di una vuelta por el Blog y me gustó mucho, espero continuéis con el proyecto, pues acabo de descubriros y sé que hay mucho talento por leer.
    Así que ánimos y para adelante.
    Edu

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